miércoles, 13 de enero de 2010

Algo sobre el DUI

Ética y política
Algo sobre el DUI
José M. Tojeira








Otra vez el DUI y otra vez las complicaciones, las colas, las quejas. Después de prórrogas irresponsables, nuevas grandes soluciones que de nuevo complican la vida ciudadana. Lo que se logró con el pasaporte, hoy de confección mucho más ágil que en aquellas épocas en las que había que hacer colas de doce y más horas para lograrlo, no parece que se consiga con el DUI. Quienes entregamos una partida de nacimiento hace unos cuantos años tenemos que levarla de nuevo sin que se nos explique por qué no fue válida la partida anterior. Da la impresión de que la razón es que a un burócrata se le antojó que había que traer una nueva partida para asegurar que el DUI sea más fiable y punto.


Un DUI que ni siquiera tiene la virtualidad de los documentos equivalentes en países desarrollados que es la de servir simultáneamente como carnet o número de registro tributario. Por que efecto, entre nosotros el famoso NIT a lo más que se puede parecerse, por lo visto, es a la licencia de conducir vehículos. Realidad esta bastante inútil en un país donde la mayoría no tiene licencia de manejar. Esperemos que cuando al fin llegue la cultura de la eficacia y no del papeleo burocrático, podamos sacar el nuevo DUI, esta vez con número de NIT incorporado, sin necesidad de presentar una vez más la partida de nacimiento.


Y no es que no se pueda lograr la expedición fácil y rápida de un documento. Cuando Migración ya hace años decidió al fin poner a una persona eficaz al frente de la dirección de extranjería, la tramitación del pasaporte se convirtió en una tarea normalmente fácil y por la que nadie protesta. Todo es cuestión de saber poner buenos profesionales y las cosas corren adecuadamente. Pero con el DUI no parece ser ésta la situación. O bien por los condicionamientos del Estado, o bien por la ineficacia de la empresa que expide el DUI, las quejas se han multiplicado. No hay claridad en la documentación que se debe presentar y hay una profunda desconfianza contra el ciudadano.


Esto último es tal vez lo más grave en todo el proceso. El Estado, no sólo en teoría, sino constitucionalmente, está al servicio del ciudadano y en ningún momento es su dueño. En este proceso de dotación de documento parece que el ciudadano es un ser con tendencia mentir y el estado el vigilante de que no mienta. Por eso cada vez que se hace un cambio en el DUI hay que demostrar una vez más que uno ha nacido. Y la partida además debe ser reciente. Algo así como que el nacimiento tuviera una fecha extra de vencimiento, además de la biológica que a todos nos llega con la muerte. A todo ello se añade la necesidad, que algunas veces se disculpa, de llevar el recibo de la luz para demostrar que realmente se vive en la casa en la que se dice vivir. Requisito a todos luces absurdo, puesto que en la misma casa pueden vivir, y viven con frecuencia, adultos con apellidos diferentes a los titulares del recibo de electricidad.


Mezclar consideraciones electorales no tiene mayor sentido. Hay gente que se cambia de vivienda y no cambia el DUI, incluso por razones económicas, hasta que le corresponde el cambio de documento. Si en ese ínterin va a votar lejos de su casa es problema de él, y no del Estado. Y si lo que se tiene es miedo de que antes de las elecciones se produzcan cambios masivos de DUI para votar favoreciendo al candidato X de algún partido, se pueden tomar otras medidas incluso en el código electoral, sin atosigar a toda la ciudadanía con la desconfianza. Con las medidas que se toman se nos muestra una actitud del Estado que sólo puede corresponder a dos posibilidades: O se piensa que la mayoría de los ciudadanos queremos mentir, votar donde no nos corresponde, etc. O simplemente se decide autoritariamente que todos y todas las ciudadanas del país, cuya mayoría es honradas, paguen costos de burocracia lenta e ineficiente porque el estado es incapaz de detectar a los malos ciudadanos sin castigar de algún modo a todos.


Nadie discute la importancia de tener un buen documento de identidad. Pero sí de que el trámite para lograrlo sea sencillo y el documento cubra todas las obligaciones y necesidades del ciudadano. En El Salvador el DUI cumple ya con la función no sólo identitaria, sino también con la electoral. Le queda convertirse también en documento tributario. Hacia ahí hay que caminar, y no hacia esta compleja burocracia de partidas de nacimiento, documentos de electricidad, etc., etc. Las cosas se pueden hacer más sencillas para bien del ciudadano y no hay por qué complicarlas. Ojalá se simplifique y agilice el procedimiento actual y ojalá también se simplifique el proceso, no tiene por qué ser complicado, de convertir, cuanto antes mejor, el Dui en instrumento también tributario.

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