viernes, 19 de febrero de 2010

Sobre tacuacines

Sobre tacuacines



Los gritos, vivas a la patria y las bendiciones divinas que caracterizaron al régimen de facto del 28 de junio al 27 de enero estaban muy bien compensadas con la formidable práctica de rapiña delincuencial operada por las manos de seda de las camisitas blancas.



Y no podía ser de otra manera. Quienes encabezaron y presidieron el régimen de facto en esos siete fatídicos meses, se han curtido como políticos y ricos mamando en las tetas del Estado de Honduras a lo largo de cerca de tres décadas, y se graduaron como expertos en traficar con la necesidad de la población, en nombre de la patria y bajo la propia legalidad hondureña.



Estos políticos que encabezaron el régimen de facto en siete meses de represión y de cerco mediático sustentado en la mentira presentada como verdad oficial, simbolizan en plenitud esa cultura política que se basa en que el Estado y sus bienes son propiedad de unos cuantos políticos y funcionarios públicos, quienes se los reparten entre ellos o los comparten con sus allegados y correligionarios a cambio de tener segura sus lealtades y obediencias.



Uno de los argumentos para justificar el golpe de Estado fue el despilfarro de la administración de Zelaya Rosales, y para remediar ese mal, las elites empresariales y políticas, pusieron a un puñado de políticos que desde el Estado hicieron realidad aquel adagio de que el ladrón juzga por su condición. Y en siete meses, aquellos que acusaban de ladrones a los zelayistas arrasaron las arcas del Estado, y en algunas oficinas públicas hasta cargaron con los muebles, cuadros y pinturas.



Tras acusar de tacuacines a quienes amenazaban las gallinas, los tacuacines de pellejo más duro se apropiaron del corral entero, y arrasaron no sólo con las gallinas, sino con los pollitos, los huevos y hasta se hartaron el propio corral. Y todo en nombre de la patria, la Constitución de la República y con angelicales bendiciones eclesiásticas.

No hay comentarios: