lunes, 7 de septiembre de 2009

¿Qué onda con la Juventud?

¿Qué onda con la Juventud?


La palabra juventud es un término muy recurrente en intervenciones y discursos políticos, económicos, sociales y religiosos de nuestro país. Muchos lo utilizan para sustentar sus propuestas, motivaciones, esperanzas o simplemente por demagogia. Hace unos días se conmemoró el Día Internacional de la Juventud y en nuestro país esa fecha transcurrió sin pena ni gloria, por parte de la sociedad nicaragüense y la juventud misma, entonces: ¿Qué onda con la Juventud?
Esta nueva generación, comprendida básicamente, pero no exclusivamente, por muchachos y muchachas entre 18 y 35 años, representa una fuerza social, económica y política decisiva para el desarrollo y progreso de nuestra nación. Desafortunadamente, nos aquejan complejos problemas como el desempleo, las drogas, violencia sexual, falta de recreación y en general la carencia de oportunidades que obligan a emigrar a muchos jóvenes.

El tema de la juventud es necesario verlo desde dos ópticas, la primera: qué está haciendo la sociedad, el gobierno, las ONG, las familias para asegurar un futuro más prospero para la juventud nicaragüense y así un futuro prometedor para nuestro país; sin duda alguna la conclusión sería que no están haciendo lo suficiente. La otra óptica es: que está haciendo la juventud para asumir el compromiso histórico de hacer un cambio genuino en nuestra sociedad. Por desgracia, los que han sucumbido en las drogas, la ignorancia y la migración no creo que puedan contribuir en mucho. Sin embargo, los jóvenes más afortunados que hemos logrado educarnos, trabajar, rehuir de las drogas y evitar la migración, estamos obligados a construir mejores opciones para nuestro país y para los demás jóvenes; debemos estar claros de que la juventud tiene derechos que exigir, pero también obligaciones que cumplir.

Es muy común pensar en ocasiones que se es muy joven para jugar un papel decisivo en la construcción de un presente más prometedor; sin embargo, ningún esfuerzo es pequeño y ningún aporte es subestimable, por lo que es necesario un sobre esfuerzo conjunto para aportar, si es que aun caso no se puede dirigir, la reorientación de nuestro desesperanzador rumbo.

Ante tantas atrocidades jurídicas y vergonzosas actuaciones políticas que generan un retroceso para quienes pensaban en salir de la pobreza, no cabe mejor autocuestionamiento que preguntarme ¿Qué onda con la juventud­? ¿Qué actitud vamos a tomar ante los fracasos y desaciertos de la generación dirigente actualmente en los puestos de decisión? Claramente, la respuesta debe ser encontrada en el ideario colectivo y no individual, lo que sí es seguro es que para poder avanzar en esas respuestas, debemos concienzar a los demás jóvenes para que, en primer lugar, se tome conciencia de quiénes somos y qué significamos para Nicaragua, pues por desgracia somos ciegos ante el enorme poder electoral y potencial político y social que en conjunto significamos, pues si los jóvenes nos uniéramos y nos lo propusiéramos pudiéramos elegir sin mayor problema un presidente joven.

Es crucial y prioritario darnos cuenta del momento histórico en que nos encontramos, es urgente actuar, participar y proponer; y quiénes mejor que los jóvenes para aportar ideas creativas, interesantes y modernas. Nuestro papel propositivo y activo en la cruda realidad de Nicaragua es impostergable, nuestro país lo necesita y nuestras familias lo merecen, el no hacer nada no es opción.

A mis 23 años de edad, creo que estoy aportando un pequeño grano de arena en esta causa, pues estoy convencido de que estoy haciendo lo correcto, pues he decidido participar en una nueva y mejor política, trabajando en equipo, generando ideas y propuestas, escuchando a los demás, enseñando con el ejemplo, usando los discursos políticos para promover valores, empoderando a la juventud, fomentando el espíritu de servicio, motivando un cambio de actitud y sobre todo a tener fe y no perder la esperanza en un futuro mejor que está en nuestras manos construirlo.

Ciertamente el reto no es nada fácil, pero considero que solamente hay una opción, asumirlo con fe, responsabilidad, firmeza y rectitud; para ello debemos aprender a ser más solidarios con los demás jóvenes, compartiendo nuestros conocimientos, promoviéndonos y apoyándonos mutuamente, puesto que todos somos valiosos y absolutamente todas y todos podemos aportar una parte de la solución.

La toma de conciencia colectiva debe superar los muros de la indiferencia, individualismos y ambiciones que nos dividen, pues la constante que debe unir a la juventud es la idea de que somos la fuerza social llamada a asumir con liderazgo, el enorme reto de construir un nuevo y mejor camino donde todos avancemos.

Por David Castro, desde Nicaragua

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