Enviado por Marybel Reyes, tomado del blog Surasway
De los Cobos te salve, Selecta Amada,
en tus juegos hemos nacido y amado;
eres el sudor que respiramos,
la técnica que nos sustenta,
los goles que amamos,
la pérdida que nos ofende,
la socazón que nos consuela.
Tú tienes nuestros jugadores queridos,
fértiles volantes,
goles majestuosos,
soberbios pases,
apacibles codazos,
salarios de púrpura y no de oro.
En tus campos ondulan azules banderas,
en tus entrenos vibran los motores,
chisporrotean los tacos,
surgen las bellezas del pase.
Selecta, en tus juegos armoniosos
pedimos a la Concacaf que te ampare,
que abra vuestra alma al resplandor del pito,
grabe en ella dulce afecto al Vietnam y a la Platea,
y nos infunda tu vasto valor.
Selecta, tu historia, blasón de héroes y magia,
me enseña virtudes y anhelos;
tus partidos son el alma
que enaltece el orgullo nacional
y marcas los goles floridos
que nos llevan al Mundial.
¡Bandera de la Patria,
símbolo pintado en las caras
de los aficionados de El Salvador ,
te saludan reverentes las nuevas aficiones!
A ti el gol vivificante de nuestras victorias,
los himnos del Pájaro picón,
las celebraciones en el Boulevard de los Héroes.
Para ti, el respeto de los oponentes
y la clasificación al Mundial
que hoy pedimos tus seguidores fieles.
Un espacio de intercambio de opiniones, de debate, donde podamos compartir y expresarnos libremente. ¿Me acompaña a discutir?
viernes, 25 de septiembre de 2009
Los delirios de Micheletti
Editorial Ysuca
Los delirios de Micheletti
Jose M. Tojeira
“Por los delirios de sus príncipes lloran los aqueos”. Esta frase del poeta romano Horacio, recordando el sufrimiento de los griegos en la guerra de Troya, podría aplicarse hoy al modo de gobernar del gobierno golpista de Honduras dirigido por el Sr. Micheletti. Este hombre entrenado en la negociación y la trampa de los partidos tradicionales hondureños, empresario de autobuses adicto a la zancadilla, llegó a ser Presidente del Congreso hondureño por vías legales. Y posteriormente presidente de facto, tras el golpe en que sectores de poder económico y militares se unieron contra el presidente constitucional.
Sin embargo la habilidad y la picardía tradicionales del negocio busero no dan para gobernar. El retorno del presidente Zelaya a Honduras ha mostrado a las claras la incapacidad del gobernante de facto. Sus declaraciones y acciones en el manejo de la crisis no son más que una antología del disparate y del abuso de poder. Cuando se corrió la voz de que Zelaya había vuelto, Micheletti aseguró enfáticamente que eso era falso y que el presidente constitucional estaba en ese momento en una suite de un hotel de Managua. Cuando varios países reconocieron públicamente que Zelaya estaba en Honduras, acusó a la prensa de una especie de complot mediático contra él.
Después vinieron las medidas de facto. Primero afirma ante la prensa que Zelaya puede quedarse en la Embajada de Brasil cinco o diez años si quiere. Luego reprime a la gente que rodeaba la embajada de Brasileña, declara toque de queda nacional, corta el agua y la electricidad de la Embajada, pone ruidos estridentes frente a la misma y prohíbe la entrada y salida del edificio tratando, como en la edad media, de rendir a Zelaya por hambre. Cuando sus asesores le informan que esas medidas violan la legislación internacional, da marcha atrás. Y más que a sus asesores, respeta a los gringos, que dicen que llevarán alimentos a Zelaya si los soldados micheletistas no dejan pasar a los miembros de las Naciones Unidas portadores de alimentación. Pero si cede temeroso ante a los norteamericanos, amplía el toque de queda contra su propio pueblo.
Y de nuevo tiene que dar marcha atrás, asediado por esa realidad de un pueblo pobre que no tiene capacidad de guardar reservas alimenticias en sus casas y que tiene que hacer la compra día a día. De un pueblo al que somete por más de 48 horas al hambre y la desesperación, mientras dice que los zelayistas son unos pocos nada más.
Zelaya ha sido un insensato al pedir a los soldados que vuelvan sus fusiles contra los enemigos del pueblo. No debe hablar así. Pero se muestra valiente y racional volviendo al país y exigiendo diálogo sobre sus derechos y los derechos de la democracia. Micheletti muestra en cambio una serie de vacilaciones, contraórdenes y espíritu represivo permanente, que le califican como un jefe de estado no sólo ilegal sino inepto. Ya Pepe Lobo, candidato a la presidencia por el partido nacional que avaló el golpe, y posible triunfador de unas elecciones en los diversos escenarios en que éstas pudieran darse, se empieza a separar de él y ha solicitado dialogar con Zelaya.
Micheletti, que estaba casi solo internacionalmente, empieza a perder aliados ahora dentro de su propio país. Fuera de Honduras solamente le quedan como aliados unos pocos diputados de ARENA que con su torpeza característica quieren utilizar en El Salvador el caso hondureño para fomentar un espíritu antidemocrático en la Fuerza Armada y amenazar al actual gobierno democrático. Un flaco favor que estos diputados le hacen a su propio partido, demasiado golpeado por una derrota electoral, y cada vez más desprestigiado en la medida en que insistan algunos de sus miembros en unirse al desprestigio de Micheletti. Pero los delirios de los príncipes parece que son contagiosos entre quienes tienen vocación autoritaria y antidemocrática.
Los delirios de Micheletti
Jose M. Tojeira
“Por los delirios de sus príncipes lloran los aqueos”. Esta frase del poeta romano Horacio, recordando el sufrimiento de los griegos en la guerra de Troya, podría aplicarse hoy al modo de gobernar del gobierno golpista de Honduras dirigido por el Sr. Micheletti. Este hombre entrenado en la negociación y la trampa de los partidos tradicionales hondureños, empresario de autobuses adicto a la zancadilla, llegó a ser Presidente del Congreso hondureño por vías legales. Y posteriormente presidente de facto, tras el golpe en que sectores de poder económico y militares se unieron contra el presidente constitucional.
Sin embargo la habilidad y la picardía tradicionales del negocio busero no dan para gobernar. El retorno del presidente Zelaya a Honduras ha mostrado a las claras la incapacidad del gobernante de facto. Sus declaraciones y acciones en el manejo de la crisis no son más que una antología del disparate y del abuso de poder. Cuando se corrió la voz de que Zelaya había vuelto, Micheletti aseguró enfáticamente que eso era falso y que el presidente constitucional estaba en ese momento en una suite de un hotel de Managua. Cuando varios países reconocieron públicamente que Zelaya estaba en Honduras, acusó a la prensa de una especie de complot mediático contra él.
Después vinieron las medidas de facto. Primero afirma ante la prensa que Zelaya puede quedarse en la Embajada de Brasil cinco o diez años si quiere. Luego reprime a la gente que rodeaba la embajada de Brasileña, declara toque de queda nacional, corta el agua y la electricidad de la Embajada, pone ruidos estridentes frente a la misma y prohíbe la entrada y salida del edificio tratando, como en la edad media, de rendir a Zelaya por hambre. Cuando sus asesores le informan que esas medidas violan la legislación internacional, da marcha atrás. Y más que a sus asesores, respeta a los gringos, que dicen que llevarán alimentos a Zelaya si los soldados micheletistas no dejan pasar a los miembros de las Naciones Unidas portadores de alimentación. Pero si cede temeroso ante a los norteamericanos, amplía el toque de queda contra su propio pueblo.
Y de nuevo tiene que dar marcha atrás, asediado por esa realidad de un pueblo pobre que no tiene capacidad de guardar reservas alimenticias en sus casas y que tiene que hacer la compra día a día. De un pueblo al que somete por más de 48 horas al hambre y la desesperación, mientras dice que los zelayistas son unos pocos nada más.
Zelaya ha sido un insensato al pedir a los soldados que vuelvan sus fusiles contra los enemigos del pueblo. No debe hablar así. Pero se muestra valiente y racional volviendo al país y exigiendo diálogo sobre sus derechos y los derechos de la democracia. Micheletti muestra en cambio una serie de vacilaciones, contraórdenes y espíritu represivo permanente, que le califican como un jefe de estado no sólo ilegal sino inepto. Ya Pepe Lobo, candidato a la presidencia por el partido nacional que avaló el golpe, y posible triunfador de unas elecciones en los diversos escenarios en que éstas pudieran darse, se empieza a separar de él y ha solicitado dialogar con Zelaya.
Micheletti, que estaba casi solo internacionalmente, empieza a perder aliados ahora dentro de su propio país. Fuera de Honduras solamente le quedan como aliados unos pocos diputados de ARENA que con su torpeza característica quieren utilizar en El Salvador el caso hondureño para fomentar un espíritu antidemocrático en la Fuerza Armada y amenazar al actual gobierno democrático. Un flaco favor que estos diputados le hacen a su propio partido, demasiado golpeado por una derrota electoral, y cada vez más desprestigiado en la medida en que insistan algunos de sus miembros en unirse al desprestigio de Micheletti. Pero los delirios de los príncipes parece que son contagiosos entre quienes tienen vocación autoritaria y antidemocrática.
Por el derecho al agua
Desde la Campaña Ciudadana "El Agua es Nuestra" y en coordinación con otras organizaciones, realizaremos un foro y una movilización.
Fecha: 1 de octubre
Horario: 8:30 a.m. a 12:00 m.
Tema del Foro: Los posibles impactos del Acuerdo de Asociación, ADA (TLC con la Unión Europea)
Lugar del Foro: Cineteatro de la UES
Objetivo de la Marcha: Posicionar el riesgo de privatización del agua con la aprobacion del ADA, y entregar 2 piezas de correspondencia en la Asamblea Legislativa para pedir la aprobación de los Anteproyectos de Ley General de Aguas y Ley del Sub-sector de Agua Potable y Saneamiento.
Punto de Salida de la Marcha: monumento por el derecho humano al agua (frente a la entrada principal de la UES)
Punto de Llegada: Palo de Hule de la Asamblea Legislativa
LAS ESPERAMOS!!!!!!!!!!!!!!!
Fecha: 1 de octubre
Horario: 8:30 a.m. a 12:00 m.
Tema del Foro: Los posibles impactos del Acuerdo de Asociación, ADA (TLC con la Unión Europea)
Lugar del Foro: Cineteatro de la UES
Objetivo de la Marcha: Posicionar el riesgo de privatización del agua con la aprobacion del ADA, y entregar 2 piezas de correspondencia en la Asamblea Legislativa para pedir la aprobación de los Anteproyectos de Ley General de Aguas y Ley del Sub-sector de Agua Potable y Saneamiento.
Punto de Salida de la Marcha: monumento por el derecho humano al agua (frente a la entrada principal de la UES)
Punto de Llegada: Palo de Hule de la Asamblea Legislativa
LAS ESPERAMOS!!!!!!!!!!!!!!!
martes, 22 de septiembre de 2009
“Patria, restitución o muerte”, proclama Zelaya
“Patria, restitución o muerte”, proclama Zelaya
TEGUCIGALPA, 21 de septiembre.— "Patria, restitución o muerte", proclamó el presidente hondureño Manuel Zelaya ante miles de manifestantes el lunes en la noche, en medio de una fuerte tensión en Tegucigalpa.
El mandatario regresó a Honduras, burlando los controles del gobierno de facto de Roberto Micheletti.
"Creyeron que me iban a parar en la frontera, pero aquí estoy vivito y coleando porque venía cubierto con energía a este pueblo", sentenció Zelaya. "Ni se dieron cuenta que tenemos más estrategias, capacidad y organización",agregó.
"Los que creyeron en este servidor, no se equivocaron, porque tengo el espíritu rebelde de los cinchoneros de Olancho", subrayó en alusión a un campesino revolucionario de su departamento, Serapio Romero, cuyo nombre fue tomado en los 80 para bautizar a un grupo guerrillero.
"La marcha avanza incontenible y no se detiene hasta alcanzar la victoria", añadió.
Cuando entraba la noche, la energía eléctrica fue cortada por las autoridades en la zona de la embajada de Brasil, en la colonia Palmira, centro-noreste de Tegucigalpa, y merodeaban ambulancias de la Cruz Roja. El gobierno de facto de Honduras no es reconocido por ningún país, según AFP.
Poco antes, el Consejo Permanente de la OEA, en una reunión extraordinaria, acababa de aprobar una declaración en la que pedía al gobierno golpista hondureño que respetara la vida de Zelaya, y que todas las partes evitaran la violencia. Al término de la reunión, el secretario general de ese organismo, el chileno José Miguel Insulza, manifestó su intención de viajar mañana mismo a Tegucigalpa y confió en "que no haya obstáculos" a su gestión, aunque fueron cerrados los aeropuertos.
En el Consejo Permanente, el embajador nicaragüense, Denis Ronaldo Moncada, transmitió un mensaje de Zelaya en el que el legítimo presidente hondureño rechaza el plan mediador del mandatario de Costa Rica, Oscar Arias.
http://www.granma.cubaweb.cu/2009/09/22/interna/artic07.html
TEGUCIGALPA, 21 de septiembre.— "Patria, restitución o muerte", proclamó el presidente hondureño Manuel Zelaya ante miles de manifestantes el lunes en la noche, en medio de una fuerte tensión en Tegucigalpa.
El mandatario regresó a Honduras, burlando los controles del gobierno de facto de Roberto Micheletti.
"Creyeron que me iban a parar en la frontera, pero aquí estoy vivito y coleando porque venía cubierto con energía a este pueblo", sentenció Zelaya. "Ni se dieron cuenta que tenemos más estrategias, capacidad y organización",agregó.
"Los que creyeron en este servidor, no se equivocaron, porque tengo el espíritu rebelde de los cinchoneros de Olancho", subrayó en alusión a un campesino revolucionario de su departamento, Serapio Romero, cuyo nombre fue tomado en los 80 para bautizar a un grupo guerrillero.
"La marcha avanza incontenible y no se detiene hasta alcanzar la victoria", añadió.
Cuando entraba la noche, la energía eléctrica fue cortada por las autoridades en la zona de la embajada de Brasil, en la colonia Palmira, centro-noreste de Tegucigalpa, y merodeaban ambulancias de la Cruz Roja. El gobierno de facto de Honduras no es reconocido por ningún país, según AFP.
Poco antes, el Consejo Permanente de la OEA, en una reunión extraordinaria, acababa de aprobar una declaración en la que pedía al gobierno golpista hondureño que respetara la vida de Zelaya, y que todas las partes evitaran la violencia. Al término de la reunión, el secretario general de ese organismo, el chileno José Miguel Insulza, manifestó su intención de viajar mañana mismo a Tegucigalpa y confió en "que no haya obstáculos" a su gestión, aunque fueron cerrados los aeropuertos.
En el Consejo Permanente, el embajador nicaragüense, Denis Ronaldo Moncada, transmitió un mensaje de Zelaya en el que el legítimo presidente hondureño rechaza el plan mediador del mandatario de Costa Rica, Oscar Arias.
http://www.granma.cubaweb.cu/2009/09/22/interna/artic07.html
Derechos económicos, sociales y culturales
Ética y Política
Derechos económicos, sociales y culturales
José M. Tojeira
La semana pasada la Procuraduría de Derechos Humanos solicitaba al Ministro de Asuntos Exteriores que el país se incorporara plenamente al Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales firmando el Protocolo Facultativo del mismo, recientemente aprobado por las Naciones Unidas. Es de esas noticias que aparecen medio escondidas y a la que solamente el COLATINO le ha dado la debida atención. Y sin embargo es un paso que no solamente se debe dar, sino que es básico para el desarrollo social de nuestra sociedad.
En efecto, mientras el Pacto está aprobado desde 1976, su protocolo es reciente y permite el reclamo de todos aquellos derechos de segunda generación que sean denegados de alguna manera en el interior del país. Por supuesto hay toda un serie de procedimientos y solamente serán admisibles aquellos reclamos que hayan agotado los recursos internos del país. Pero el Protocolo ofrece unas enormes posibilidades de intervención de esta instancia internacional en circunstancias adversas a la población. Por poner un sólo un par de ejemplos, una comunidad que fuera privada del derecho al agua porque una empresa minera dañara sus fuentes podría recurrir a esta instancia si el Estado no tomara cartas en el asunto. O en el caso de un grupo que no tuviera la alimentación requerida a causa de una mala cosecha, o por las razones que fuera, podría llegar a presentar en este organismo su derecho a la alimentación si el Estado no respondiera al mismo.
En El Salvador, como en la inmensa mayoría de los países, están mucho mejor legislados los deberes negativos (no matar, no robar, etc.) que los deberes positivos de solidaridad (acceso al agua, a la alimentación, a la vivienda digna...). El protocolo de este pacto ayudará sin duda a que estos deberes positivos de la solidaridad se respeten mejor. Ciertamente su firma sería una muestra de coherencia entre los principios solidarios que el actual Gobierno proclama y lo que es la necesidad de nuestra gente. Y una muestra de coherencia también con nuestra propia Constitución, que tiene contemplados los derechos positivos de la población. Derechos sin embargo que no se concretan en la legislación secundaria tanto por la injusta repartición de la riqueza, como por la lentitud, ineficiencia e irresponsabilidad de quienes han jurado obedecer la Constitución pero no advierten que se deben legislar adecuada y universalmente los derechos positivos consagrados en la misma.
Este compromiso internacional ayudaría a todos a entender los anhelos e incluso reivindicaciones de las mayorías en El Salvador, y nos ayudaría sin duda a mantener un diálogo sobre políticas públicas más objetivo en el Consejo Económico y Social, si es que dicho diálogo comienza, pues 18 días después de instalado no ha dado señales de nada.
Y los pasos hay que darlos. Por supuesto con gradualidad, pero en una dirección clara. Nunca nos cansaremos de repetir que no sólo es una vergüenza, sino que es profundamente injusto que haya dos servicios públicos de salud con calidad y atención muy diversa para los usuarios. E incluso que la discriminación entre los usuarios de uno u otro servicio sea predominantemente económica. Como también es injusto el sistema de jubilaciones actual que excluye de hecho totalmente de ese derecho a la mayoría de la población.
En este contexto bueno sería también extender nuestra política de firmas de pactos al del Tribunal Penal Internacional. Los casos del pasado no entrarían en el tratado, de modo que podrán dormir tranquilos quienes tienen miedo de Fiscales independientes en El Salvador. Y ciertamente un tratado como ese nos aseguraría en plenitud que la barbarie de 11 años que vivimos en los ochentas no se podrá repetir.
Derechos económicos, sociales y culturales
José M. Tojeira
La semana pasada la Procuraduría de Derechos Humanos solicitaba al Ministro de Asuntos Exteriores que el país se incorporara plenamente al Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales firmando el Protocolo Facultativo del mismo, recientemente aprobado por las Naciones Unidas. Es de esas noticias que aparecen medio escondidas y a la que solamente el COLATINO le ha dado la debida atención. Y sin embargo es un paso que no solamente se debe dar, sino que es básico para el desarrollo social de nuestra sociedad.
En efecto, mientras el Pacto está aprobado desde 1976, su protocolo es reciente y permite el reclamo de todos aquellos derechos de segunda generación que sean denegados de alguna manera en el interior del país. Por supuesto hay toda un serie de procedimientos y solamente serán admisibles aquellos reclamos que hayan agotado los recursos internos del país. Pero el Protocolo ofrece unas enormes posibilidades de intervención de esta instancia internacional en circunstancias adversas a la población. Por poner un sólo un par de ejemplos, una comunidad que fuera privada del derecho al agua porque una empresa minera dañara sus fuentes podría recurrir a esta instancia si el Estado no tomara cartas en el asunto. O en el caso de un grupo que no tuviera la alimentación requerida a causa de una mala cosecha, o por las razones que fuera, podría llegar a presentar en este organismo su derecho a la alimentación si el Estado no respondiera al mismo.
En El Salvador, como en la inmensa mayoría de los países, están mucho mejor legislados los deberes negativos (no matar, no robar, etc.) que los deberes positivos de solidaridad (acceso al agua, a la alimentación, a la vivienda digna...). El protocolo de este pacto ayudará sin duda a que estos deberes positivos de la solidaridad se respeten mejor. Ciertamente su firma sería una muestra de coherencia entre los principios solidarios que el actual Gobierno proclama y lo que es la necesidad de nuestra gente. Y una muestra de coherencia también con nuestra propia Constitución, que tiene contemplados los derechos positivos de la población. Derechos sin embargo que no se concretan en la legislación secundaria tanto por la injusta repartición de la riqueza, como por la lentitud, ineficiencia e irresponsabilidad de quienes han jurado obedecer la Constitución pero no advierten que se deben legislar adecuada y universalmente los derechos positivos consagrados en la misma.
Este compromiso internacional ayudaría a todos a entender los anhelos e incluso reivindicaciones de las mayorías en El Salvador, y nos ayudaría sin duda a mantener un diálogo sobre políticas públicas más objetivo en el Consejo Económico y Social, si es que dicho diálogo comienza, pues 18 días después de instalado no ha dado señales de nada.
Y los pasos hay que darlos. Por supuesto con gradualidad, pero en una dirección clara. Nunca nos cansaremos de repetir que no sólo es una vergüenza, sino que es profundamente injusto que haya dos servicios públicos de salud con calidad y atención muy diversa para los usuarios. E incluso que la discriminación entre los usuarios de uno u otro servicio sea predominantemente económica. Como también es injusto el sistema de jubilaciones actual que excluye de hecho totalmente de ese derecho a la mayoría de la población.
En este contexto bueno sería también extender nuestra política de firmas de pactos al del Tribunal Penal Internacional. Los casos del pasado no entrarían en el tratado, de modo que podrán dormir tranquilos quienes tienen miedo de Fiscales independientes en El Salvador. Y ciertamente un tratado como ese nos aseguraría en plenitud que la barbarie de 11 años que vivimos en los ochentas no se podrá repetir.
Los retos del nuevo fiscal
Editorial Ysuca
Los retos del nuevo fiscal
Por Jose M. Tojeira
Tenemos nuevo Fiscal. El licenciado Romeo Barahona ha sido fiscal general adjunto en dos administraciones de la Fiscalía e incluso ha sido Fiscal General en funciones. Conoce por dentro la Fiscalía. No va a perder tiempo en conocerla, puede pasar inmediatamente a la acción, y eso es una ventaja. Pero también puede tener las inercias de quien ha padecido en silencio los defectos de una institución que no se ha caracterizado por su efectividad. Por la misma razón es necesario que la sociedad civil esté atenta, exigente y dispuesta tanto a la colaboración como a la crítica. Y en ese contexto queremos aportar desde esta casa de Radio algunas ideas sobre los retos que le esperan.
El primer reto es la eficacia. Y parece que el nuevo fiscal lo tiene claro. En sus primeras declaraciones ha insistido en que hay que fortalecer la investigación en la Fiscalía. Por supuesto la ciudadanía debe apoyar su propuesta, porque precisamente la investigación ha sido muy débil en una Fiscalía que no consigue superar significativamente los altos porcentajes de impunidad que se dan en nuestra sociedad. Y que ha venido también marcada por débiles resultados en los casos judicializados. En esta tarea de fortalecer la investigación bueno será que el Fiscal dialogue con la propia sociedad civil y con aquellas instituciones que desde la misma han luchado contra la impunidad y que con frecuencia han encontrado dificultades en la propia fiscalía.
En segundo lugar la Fiscalía tiene que adecuarse a la racionalidad y transparencia que pide una sociedad avanzada. Las declaraciones del Lcdo Ástor Escalante siguen marcando un desafío para la dirección de la Fiscalía. El alquiler del nuevo edificio en el que la Fiscalía se ubica es un escándalo nacional. Y dado que el Fiscal General tiene la facultad de romper contratos en determinadas condiciones y momentos, bueno será que el actual Fiscal rompa ese contrato al menos a partir del año próximo. Incluso no estaría demás que la propia Fiscalía iniciara una investigación interna sobre las condiciones contractuales, los dueños del edificio y las posibles conexiones de un contrato desproporcionado con corrupciones y amiguismos.
En tercer lugar la Fiscalía tiene que enfrentar con mayor claridad el seguimiento de los casos internacionales. Hay sentencias de la Corte Interamericana de Derechos Humanos que no han sido debidamente ejecutadas. La Fiscalía no puede ser un órgano que entorpece la justicia. Y en los casos internacionales hasta el presente ha hecho el ridículo y se ha presentado generalmente ante la opinión legal seria como enemiga de la justicia.
La sociedad salvadoreña quiere enfrentar la violencia y el crimen. La Fiscalía debe buscar en la ciudadanía su mejor apoyo. Y la ciudadanía debe apoyarla. Pero para recibir el apoyo ciudadano la Fiscalía debe corregir una serie de defectos, que son de larga data, y que han dificultado ese diálogo amistoso necesario en el mediano plazo para superar los exageradamente altos índices de delincuencia en nuestro país.
Los retos del nuevo fiscal
Por Jose M. Tojeira
Tenemos nuevo Fiscal. El licenciado Romeo Barahona ha sido fiscal general adjunto en dos administraciones de la Fiscalía e incluso ha sido Fiscal General en funciones. Conoce por dentro la Fiscalía. No va a perder tiempo en conocerla, puede pasar inmediatamente a la acción, y eso es una ventaja. Pero también puede tener las inercias de quien ha padecido en silencio los defectos de una institución que no se ha caracterizado por su efectividad. Por la misma razón es necesario que la sociedad civil esté atenta, exigente y dispuesta tanto a la colaboración como a la crítica. Y en ese contexto queremos aportar desde esta casa de Radio algunas ideas sobre los retos que le esperan.
El primer reto es la eficacia. Y parece que el nuevo fiscal lo tiene claro. En sus primeras declaraciones ha insistido en que hay que fortalecer la investigación en la Fiscalía. Por supuesto la ciudadanía debe apoyar su propuesta, porque precisamente la investigación ha sido muy débil en una Fiscalía que no consigue superar significativamente los altos porcentajes de impunidad que se dan en nuestra sociedad. Y que ha venido también marcada por débiles resultados en los casos judicializados. En esta tarea de fortalecer la investigación bueno será que el Fiscal dialogue con la propia sociedad civil y con aquellas instituciones que desde la misma han luchado contra la impunidad y que con frecuencia han encontrado dificultades en la propia fiscalía.
En segundo lugar la Fiscalía tiene que adecuarse a la racionalidad y transparencia que pide una sociedad avanzada. Las declaraciones del Lcdo Ástor Escalante siguen marcando un desafío para la dirección de la Fiscalía. El alquiler del nuevo edificio en el que la Fiscalía se ubica es un escándalo nacional. Y dado que el Fiscal General tiene la facultad de romper contratos en determinadas condiciones y momentos, bueno será que el actual Fiscal rompa ese contrato al menos a partir del año próximo. Incluso no estaría demás que la propia Fiscalía iniciara una investigación interna sobre las condiciones contractuales, los dueños del edificio y las posibles conexiones de un contrato desproporcionado con corrupciones y amiguismos.
En tercer lugar la Fiscalía tiene que enfrentar con mayor claridad el seguimiento de los casos internacionales. Hay sentencias de la Corte Interamericana de Derechos Humanos que no han sido debidamente ejecutadas. La Fiscalía no puede ser un órgano que entorpece la justicia. Y en los casos internacionales hasta el presente ha hecho el ridículo y se ha presentado generalmente ante la opinión legal seria como enemiga de la justicia.
La sociedad salvadoreña quiere enfrentar la violencia y el crimen. La Fiscalía debe buscar en la ciudadanía su mejor apoyo. Y la ciudadanía debe apoyarla. Pero para recibir el apoyo ciudadano la Fiscalía debe corregir una serie de defectos, que son de larga data, y que han dificultado ese diálogo amistoso necesario en el mediano plazo para superar los exageradamente altos índices de delincuencia en nuestro país.
Máscaras esquizofrenia y parálisis en el FMLN
Máscaras esquizofrenia y parálisis en el FMLN
Por: Ventura Giménez
Por lo que cuentan las crónicas más antiguas, el uso de máscaras se remonta a los primeros albores de la humanidad. Melanesios, mayas, egipcios, griegos… Culturas tan diversas elevaron su uso a categorías ceremoniales, religiosas y hasta lúdicas, y –como ya advirtió el poeta Neruda- hicieron de ello un arte. De sus distintos usos, no obstante, se desprenden dos funciones comunes a todas las culturas y todos los periodos. Por un lado, representar. Por otro lado, ocultar. Es decir, la máscara es ese objeto humano -ese primer fetiche- que inaugura, en la historia, la diferenciación entre lo aparente y lo real; entre lo que es y lo que parece ser. Entonces, ¿qué oculta una máscara? ¿Quién hay detrás de ella? Primero fue el chamán. Poco después, el actor. Luego, se sumaron luchadores, penitentes, forajidos. Hoy, en El Salvador, su forma ha mutado, y se ha extendido a la política. Ya no cubre ningún rostro con madera o piel. Ahora son máscaras de carne y hueso, máscaras discursivas. O siglas, o banderas. Ahora se despliegan en otro teatro. Eso sí, las máscaras contemporáneas conservan intactas sus funciones primigenias: representan y –sobre todo- ocultan.
Las derechas de este país aprendieron rápido las virtudes de su uso. Tras protagonizar un siglo XX cargado de genocidios y masacres, no dudaron en hacerse con una bella máscara democrática. Ya no era necesario comandar escuadrones de la muerte. ¿Para qué? Ahora podían seguir aferrados a sus privilegios de clase ocultándose tras un Estado de Derecho avalado internacionalmente. Bien es cierto –se me reprochará- que tuvieron que sentarse y firmar unos acuerdos de paz. Pero bastó con escamotear gran parte de los compromisos firmados para continuar con el saqueo. En verdad, ése fue el primer cosmético que adornó su careta. Luego vendrían muchos más. A tal punto llegaron, que hoy reaparece en la escena el corifeo mayor de esa derecha, Alfredo Cristiani, desempolvando sus viejos eslóganes: Presidente de la Paz, faro y guía de la libertad, garante de la gobernabilidad democrática. Al fin y al cabo, ¿qué otra cosa es, si no, la “oposición constructiva” que ha prometido? ¿Acaso va a devolver lo que se llevó? ¿Acaso va a entregar sus latifundios al pueblo? Que nadie se escandalice; es sólo una máscara.
En los últimos años, sin embargo, ocurrió un hecho insólito. Hubo una fractura real dentro de la oligarquía nacional. Los príncipes comenzaron a airear sus diferencias, y surgieron facciones. Los ganadores auparon a uno de los suyos, Tony Saca, y bien se mantuvieron impunes tras su oronda sombra. En contraposición, los perdedores tuvieron que renunciar a su parte del botín. Al menos, momentáneamente.
Coincidiendo con aquel periodo, el periodista Mauricio Funes iba ganando enteros como comunicador independiente, “moderado” e insobornable en sus críticas al Gobierno. En 2005, además, fue expulsado de una cadena televisiva controlada por capitales extranjeros, añadiendo así el carácter de víctima del sistema a una imagen ya de por sí inmaculada. Tras este episodio, el producto Funes estaba ya listo para saltar a la arena política. Faltaba sólo una plataforma que lo catapultara.
Poco después, fallecía Schafik Handal. El viejo y entrañable Comandante Simón desapareció de forma inesperada, dejando cierta sensación de orfandad en muchas de las personas que habían combatido bajo las siglas del FMLN. Tras unos meses de desconcierto, el partido atisbó una salida, y decidió lanzarse de lleno a bailar el baile de máscaras. ¿Por qué no? Al fin y al cabo, esa estrategia había proporcionado grandes réditos al enemigo. Sabedores de que su techo electoral les impedía alcanzar, por sí solos, la Presidencia de la República, los dirigentes farabundistas optaron por buscar aquel capital simbólico, aquella imagen, que les permitiera trascender este techo. Y la encontraron. Veintiún meses después de la muerte de Schafik, Mauricio Funes era proclamado, oficialmente, el candidato a la Presidencia por el FMLN. Y resulta que la estrategia funcionó. Pese a que la derecha volvió a basar toda su campaña electoral en agitar el miedo contra el comunismo, no logró asustar a todas esas masas “despartidizadas” que le habían proporcionado las mayorías de antaño. Funes ganó, y el partido de gobierno cayó tras veinte años en el poder. Al fin, el cambio estaba en marcha. O eso parecía.
Algo no terminaba de cuadrar en todo esto. Para empezar, la izquierda entraba a jugar en cancha ajena. A fin de cuentas, este baile era más propio de la derecha. De hecho, ya antes de las elecciones, habían aparecido esos príncipes derrotados en la pugna desatada en las filas de la oligarquía hacía años. Los Salume, Cáceres, Mungía Payés… Estos “amigos”, educados en los mejores salones de baile de la política y la economía, habían entendido rápidamente la jugada y, previendo las posibilidades de triunfo del candidato Funes, se habían apresurado a adular su figura. Aparecía, así, un primer problema: dos rostros para una sola máscara. Al principio, esto no pareció inquietar mucho a nadie. Es más, tanta ambigüedad resultó favorable a la estrategia electoral. Bajo el lema “cambio seguro”, Mauricio aparecía, indistintamente, enfatizando uno u otro término. A los unos se les daba el nombre (cambio), mientras que a los otros se les concedía el adjetivo (seguro). En realidad, para aquellos que quisieron entender, el mensaje se traducía por algo así como “vamos a transformar las cosas. Pero, ¡ey, tranquilos! Tampoco tanto”. Contentos unos y otros, juntos acudieron a votar un día de marzo.
Llegó entonces la hora de gobernar. Y la primera señal apuntó al gabinete económico. Conspicuos tecnócratas tomaron las riendas de las finanzas públicas, y poco tardaron en acudir a esos mismos organismos internacionales que habían apadrinado la larga noche neoliberal. La oligarquía podía ahora respirar tranquila. No se iba a hacer nada sin el permiso de la ortodoxia más conservadora. Nada de poner en duda la dolarización, o el TLC, o las privatizaciones de bienes públicos. Nada de intervenir –siquiera moderadamente- en los mercados. En definitiva, nada de cambios. Luego llegó el golpe militar en el vecino país de Honduras. Tras unas semanas de desconcierto, de dimes y diretes, de condenar sin actuar, el nuevo gobierno salvadoreño optó por apuntarse al llamado Plan Arias. Ese plan que concedía el mismo grado de interlocución a los usurpadores y a los legítimos representantes de la soberanía hondureña. El mismo que avalaba la ruptura del orden constitucional, al reconocer que el mando de las fuerzas armadas ya no correspondía al presidente derrocado. Sólo la torpeza prepotente de los golpistas les impidió aplaudir ese plan, y con ello, se evitó el bochorno aún mayor que hubiera supuesto su implementación para la comunidad internacional, y para el Gobierno Funes en particular. Posteriormente, reapareció en la agenda política el controvertido asunto de la presa de El Chaparral. La lucha contra esta construcción faraónica (y las que están aún por venir) se había convertido en una de las banderas de lucha de los movimientos sociales y, con ellos, del propio FMLN. Símbolo del despotismo arenero, estandarte del desprecio a los moradores de los territorios afectados y al medio ambiente, éste era el ejemplo perfecto de todas esas prácticas a las que había que poner un contundente freno. El Gobierno, sin embargo, volvió a decepcionar. Pero esta vez, con un agravante: rompió, expresamente, una de las promesas electorales. Avergonzados hasta de sí mismos, los nuevos gobernantes apelaron al posibilismo más pueril para justificar lo injustificable, y se embarcaron en una estrategia de distracción, prometiendo diálogo. Eso sí, antes de sentarse a dialogar, lo dejaron todo bien claro: “la presa se va a construir”. Qué prometedora manera de comenzar un diálogo.
Mientras el nuevo Gobierno tomaba estos derroteros, muchos se preguntaban por el partido que ganó las elecciones. O, mejor dicho, por sus dirigentes. ¿No iban a ser ellos los garantes de un verdadero cambio progresista? Al fin y al cabo, ¿no era Funes su máscara? A tan sólo cien días de la toma de posesión, parece que la máscara cobró vida propia, o que –más bien- ahora sólo sirve a esos príncipes que pujaron por su uso. Es más, se podría decir que, enredado en el maldito juego de lo que es y de lo que parece ser, el FMLN ha terminado por aparecer como el cazador cazado, como el patético bufón de una pantomima. Ahora es el Frente la máscara de Funes. La máscara de la máscara… que cubre los rostro de siempre. De otro modo, no se explican las contradicciones –cuando no el clamoroso silencio- de sus ideólogos. Éstos ya no saben si participan en un gobierno de unidad nacional, o de un gobierno de izquierdas. Ya no saben si mandan, o son mandados. Desconocen, en fin, para qué –o para quién- hacen lo que hacen, o dejan de hacer. Porque pareciera que se mueven por pura inercia de poder, que no existen órganos de dirección que propongan planes, ni estrategias. Ni salidas. Ni argumentos. Nada. En definitiva, pareciera que ya no saben quiénes son, o que lo saben, pero no lo quieren reconocer. Es decir, que sufren de una galopante esquizofrenia, y que –a resultas de ello- están políticamente paralizados. Ante este panorama, muchos de los dirigentes buscan desesperadamente una coartada que les aleje del manicomio. Algunos han llegado a manifestar, en círculos privados, que “esto es sólo un gobierno de transición. Luego vendrá el socialismo”. Como si no fueran conscientes de que nadie, en la historia, ha salido jamás indemne tras plegarse a la realpolitik. Una vez que pisas los terrenos de la complacencia, pasas tú mismo a ser un cómplice; no hay vuelta atrás. Has pasado a ser vehículo de la reacción; no hay forma de llamar a la revolución. Ya nadie te cree. Ni siquiera tú mismo.
Por: Ventura Giménez
Por lo que cuentan las crónicas más antiguas, el uso de máscaras se remonta a los primeros albores de la humanidad. Melanesios, mayas, egipcios, griegos… Culturas tan diversas elevaron su uso a categorías ceremoniales, religiosas y hasta lúdicas, y –como ya advirtió el poeta Neruda- hicieron de ello un arte. De sus distintos usos, no obstante, se desprenden dos funciones comunes a todas las culturas y todos los periodos. Por un lado, representar. Por otro lado, ocultar. Es decir, la máscara es ese objeto humano -ese primer fetiche- que inaugura, en la historia, la diferenciación entre lo aparente y lo real; entre lo que es y lo que parece ser. Entonces, ¿qué oculta una máscara? ¿Quién hay detrás de ella? Primero fue el chamán. Poco después, el actor. Luego, se sumaron luchadores, penitentes, forajidos. Hoy, en El Salvador, su forma ha mutado, y se ha extendido a la política. Ya no cubre ningún rostro con madera o piel. Ahora son máscaras de carne y hueso, máscaras discursivas. O siglas, o banderas. Ahora se despliegan en otro teatro. Eso sí, las máscaras contemporáneas conservan intactas sus funciones primigenias: representan y –sobre todo- ocultan.
Las derechas de este país aprendieron rápido las virtudes de su uso. Tras protagonizar un siglo XX cargado de genocidios y masacres, no dudaron en hacerse con una bella máscara democrática. Ya no era necesario comandar escuadrones de la muerte. ¿Para qué? Ahora podían seguir aferrados a sus privilegios de clase ocultándose tras un Estado de Derecho avalado internacionalmente. Bien es cierto –se me reprochará- que tuvieron que sentarse y firmar unos acuerdos de paz. Pero bastó con escamotear gran parte de los compromisos firmados para continuar con el saqueo. En verdad, ése fue el primer cosmético que adornó su careta. Luego vendrían muchos más. A tal punto llegaron, que hoy reaparece en la escena el corifeo mayor de esa derecha, Alfredo Cristiani, desempolvando sus viejos eslóganes: Presidente de la Paz, faro y guía de la libertad, garante de la gobernabilidad democrática. Al fin y al cabo, ¿qué otra cosa es, si no, la “oposición constructiva” que ha prometido? ¿Acaso va a devolver lo que se llevó? ¿Acaso va a entregar sus latifundios al pueblo? Que nadie se escandalice; es sólo una máscara.
En los últimos años, sin embargo, ocurrió un hecho insólito. Hubo una fractura real dentro de la oligarquía nacional. Los príncipes comenzaron a airear sus diferencias, y surgieron facciones. Los ganadores auparon a uno de los suyos, Tony Saca, y bien se mantuvieron impunes tras su oronda sombra. En contraposición, los perdedores tuvieron que renunciar a su parte del botín. Al menos, momentáneamente.
Coincidiendo con aquel periodo, el periodista Mauricio Funes iba ganando enteros como comunicador independiente, “moderado” e insobornable en sus críticas al Gobierno. En 2005, además, fue expulsado de una cadena televisiva controlada por capitales extranjeros, añadiendo así el carácter de víctima del sistema a una imagen ya de por sí inmaculada. Tras este episodio, el producto Funes estaba ya listo para saltar a la arena política. Faltaba sólo una plataforma que lo catapultara.
Poco después, fallecía Schafik Handal. El viejo y entrañable Comandante Simón desapareció de forma inesperada, dejando cierta sensación de orfandad en muchas de las personas que habían combatido bajo las siglas del FMLN. Tras unos meses de desconcierto, el partido atisbó una salida, y decidió lanzarse de lleno a bailar el baile de máscaras. ¿Por qué no? Al fin y al cabo, esa estrategia había proporcionado grandes réditos al enemigo. Sabedores de que su techo electoral les impedía alcanzar, por sí solos, la Presidencia de la República, los dirigentes farabundistas optaron por buscar aquel capital simbólico, aquella imagen, que les permitiera trascender este techo. Y la encontraron. Veintiún meses después de la muerte de Schafik, Mauricio Funes era proclamado, oficialmente, el candidato a la Presidencia por el FMLN. Y resulta que la estrategia funcionó. Pese a que la derecha volvió a basar toda su campaña electoral en agitar el miedo contra el comunismo, no logró asustar a todas esas masas “despartidizadas” que le habían proporcionado las mayorías de antaño. Funes ganó, y el partido de gobierno cayó tras veinte años en el poder. Al fin, el cambio estaba en marcha. O eso parecía.
Algo no terminaba de cuadrar en todo esto. Para empezar, la izquierda entraba a jugar en cancha ajena. A fin de cuentas, este baile era más propio de la derecha. De hecho, ya antes de las elecciones, habían aparecido esos príncipes derrotados en la pugna desatada en las filas de la oligarquía hacía años. Los Salume, Cáceres, Mungía Payés… Estos “amigos”, educados en los mejores salones de baile de la política y la economía, habían entendido rápidamente la jugada y, previendo las posibilidades de triunfo del candidato Funes, se habían apresurado a adular su figura. Aparecía, así, un primer problema: dos rostros para una sola máscara. Al principio, esto no pareció inquietar mucho a nadie. Es más, tanta ambigüedad resultó favorable a la estrategia electoral. Bajo el lema “cambio seguro”, Mauricio aparecía, indistintamente, enfatizando uno u otro término. A los unos se les daba el nombre (cambio), mientras que a los otros se les concedía el adjetivo (seguro). En realidad, para aquellos que quisieron entender, el mensaje se traducía por algo así como “vamos a transformar las cosas. Pero, ¡ey, tranquilos! Tampoco tanto”. Contentos unos y otros, juntos acudieron a votar un día de marzo.
Llegó entonces la hora de gobernar. Y la primera señal apuntó al gabinete económico. Conspicuos tecnócratas tomaron las riendas de las finanzas públicas, y poco tardaron en acudir a esos mismos organismos internacionales que habían apadrinado la larga noche neoliberal. La oligarquía podía ahora respirar tranquila. No se iba a hacer nada sin el permiso de la ortodoxia más conservadora. Nada de poner en duda la dolarización, o el TLC, o las privatizaciones de bienes públicos. Nada de intervenir –siquiera moderadamente- en los mercados. En definitiva, nada de cambios. Luego llegó el golpe militar en el vecino país de Honduras. Tras unas semanas de desconcierto, de dimes y diretes, de condenar sin actuar, el nuevo gobierno salvadoreño optó por apuntarse al llamado Plan Arias. Ese plan que concedía el mismo grado de interlocución a los usurpadores y a los legítimos representantes de la soberanía hondureña. El mismo que avalaba la ruptura del orden constitucional, al reconocer que el mando de las fuerzas armadas ya no correspondía al presidente derrocado. Sólo la torpeza prepotente de los golpistas les impidió aplaudir ese plan, y con ello, se evitó el bochorno aún mayor que hubiera supuesto su implementación para la comunidad internacional, y para el Gobierno Funes en particular. Posteriormente, reapareció en la agenda política el controvertido asunto de la presa de El Chaparral. La lucha contra esta construcción faraónica (y las que están aún por venir) se había convertido en una de las banderas de lucha de los movimientos sociales y, con ellos, del propio FMLN. Símbolo del despotismo arenero, estandarte del desprecio a los moradores de los territorios afectados y al medio ambiente, éste era el ejemplo perfecto de todas esas prácticas a las que había que poner un contundente freno. El Gobierno, sin embargo, volvió a decepcionar. Pero esta vez, con un agravante: rompió, expresamente, una de las promesas electorales. Avergonzados hasta de sí mismos, los nuevos gobernantes apelaron al posibilismo más pueril para justificar lo injustificable, y se embarcaron en una estrategia de distracción, prometiendo diálogo. Eso sí, antes de sentarse a dialogar, lo dejaron todo bien claro: “la presa se va a construir”. Qué prometedora manera de comenzar un diálogo.
Mientras el nuevo Gobierno tomaba estos derroteros, muchos se preguntaban por el partido que ganó las elecciones. O, mejor dicho, por sus dirigentes. ¿No iban a ser ellos los garantes de un verdadero cambio progresista? Al fin y al cabo, ¿no era Funes su máscara? A tan sólo cien días de la toma de posesión, parece que la máscara cobró vida propia, o que –más bien- ahora sólo sirve a esos príncipes que pujaron por su uso. Es más, se podría decir que, enredado en el maldito juego de lo que es y de lo que parece ser, el FMLN ha terminado por aparecer como el cazador cazado, como el patético bufón de una pantomima. Ahora es el Frente la máscara de Funes. La máscara de la máscara… que cubre los rostro de siempre. De otro modo, no se explican las contradicciones –cuando no el clamoroso silencio- de sus ideólogos. Éstos ya no saben si participan en un gobierno de unidad nacional, o de un gobierno de izquierdas. Ya no saben si mandan, o son mandados. Desconocen, en fin, para qué –o para quién- hacen lo que hacen, o dejan de hacer. Porque pareciera que se mueven por pura inercia de poder, que no existen órganos de dirección que propongan planes, ni estrategias. Ni salidas. Ni argumentos. Nada. En definitiva, pareciera que ya no saben quiénes son, o que lo saben, pero no lo quieren reconocer. Es decir, que sufren de una galopante esquizofrenia, y que –a resultas de ello- están políticamente paralizados. Ante este panorama, muchos de los dirigentes buscan desesperadamente una coartada que les aleje del manicomio. Algunos han llegado a manifestar, en círculos privados, que “esto es sólo un gobierno de transición. Luego vendrá el socialismo”. Como si no fueran conscientes de que nadie, en la historia, ha salido jamás indemne tras plegarse a la realpolitik. Una vez que pisas los terrenos de la complacencia, pasas tú mismo a ser un cómplice; no hay vuelta atrás. Has pasado a ser vehículo de la reacción; no hay forma de llamar a la revolución. Ya nadie te cree. Ni siquiera tú mismo.
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