lunes, 21 de mayo de 2012

Venezuela: entrevista a Modesto Emilio Guerrero




¿Para dónde va la Revolución Bolivariana?






Meriem Choukroun






El azar y la necesidad parecen el síntoma frenético del momento político venezolano, dada la enfermedad del presidente Hugo Chávez, “jefe nacional, árbitro de casi todo lo que ocurre en la vida política” y la especulación, tanto chavista como de la derecha, sobre su salud. Y claro está, las próximas elecciones presidenciales para el período 2013-2019 que se llevarán a cabo en octubre. Desde el dominio de su trabajo como escritor, analista internacional, periodista y un largo compromiso de militante político-sindical, el venezolano Modesto Emilio Guerrero nos ofrece un panorama de la actualidad de su país. Con más de una decena de libros publicados donde se destaca “Quién inventó a Chávez”, de gran suceso editorial, “Mercosur, Origen, Evolución, Perspectiva, Medios y Poder en Venezuela”, o “12 Dilemas de la Revolución Bolivariana”, premiado en 2011, Guerrero nos promete una charla inquietante en esta entrevista.






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Pregunta: ¿Cómo está la situación política de Venezuela?






Modesto Guerrero: Podríamos definirla de manera tentativa bajo dos palabras que se contradicen: estabilidad e incertidumbre. Llevadas a su máxima expresión, se anularían. Sin embargo, esa es la tendencia más general de lo que solemos llamar “situación política”. Veamos lo económico. El gobierno cuenta con una "caja" petrolera enorme que le permite financiar planes de infraestructura como vivienda, ferrocarriles, hidroeléctricas y otras fuentes de energía. Fíjate tú que la construcción creció al 29%, algo sorprendente. El 17 de mayo se entregó la casa número 200 mil, con un detalle, cada casa está equipada con muebles y "línea blanca". Luego está el plan de siembra conocido como Misión Agro Venezuela que ha distribuido más de 2.000 millones de dólares para desarrollar proyectos agroalimentarios rurales y urbanos, aunque el resultado sigue siendo pobre en este rubro. El PBI salió del subsuelo estadístico en 2010, pisó la superficie en 2011 y como es el estilo de los PBI en países petroleros, saltó de menos cero a 5,6% en menos de dos años. La gente está consumiendo como pocas veces. De algo así solo recordamos los años de 1973 a 1978. Los salarios aumentaron 9 veces en 10 años, el último aumento al sector privado, el 1º de mayo pasado, fue de 32%. La demanda de carros supera en vez y media la oferta sumada de carros ensamblados internos e importados. Esos signos son de estabilidad, no de crisis. Como otras veces, la economía nacional marcha a contra corriente de Latinoamérica. Estabilidad económica y estabilidad social.






Pregunta: ¿Pasa lo mismo en el terreno político?






Modesto Guerrero: Ahí es donde aparecen las complejidades, pero hay que verlo con cautela. No hay que confundir la necesidad y los deseos de la burguesía opositora, con la realidad. Entre una cosa y otra, media la relación de fuerzas, y ella está del lado del chavismo y la izquierda. No solo en lo social y económico, también en lo electoral a pesar del deterioro serio del voto chavista desde 2007. De las 9 encuestadoras 8 dan ganador a Chávez con un margen de 19 a 29 puntos. El chavismo es un movimiento muy grande y arraigado. Por mucho que pierda, no es suficiente para ser derrotado en este momento. Un dato interesante es que el régimen surgido del triunfo revolucionario del 13 de abril de 2002 entró en crisis en 2010 y logra sobrevivir, en buena medida por la enorme caja petrolera y el carisma sobre determinante del Líder bolivariano. A finales de 2010 la molestia popular fue tan grande que no daban suficientes votos para continuar en el poder. Por suerte las elecciones fueron legislativas, no presidenciales. Por supuesto que hay planes conspirativos, pero estos no son lo más probable. Lamento no coincidir con la mayoría de los analistas latinoamericanos de izquierda y con cuadros políticos muy respetados del chavismo, que ven invasiones, golpes y asonadas violentísimas en Venezuela. Ganas no les faltan a los enemigos, pero no es lo más probable en las actuales condiciones. Creo que analizan con una visión externa a las entrañas de la vida social, a los estados de conciencia, se basan en métodos conspirativistas, impresionistas. Si la OEA o el Congreso yanqui votan algo contra Venezuela convierten eso en una conspiración irremisible. No veo a los capitalistas apostando a un derrocamiento violento del chavismo, con tasas de ganancias tan altas, créditos bancarios tan jugosos, créditos estatales tan amplios y baratos. Mira tú, el crecimiento de la inversión externa fue del 339% en el último año. Las derrotas en el norte de África no son suficientes. La Cumbre de Cartagena mostró a un Washington más cauteloso por su pérdida de espacio en el continente. ¿Cuáles son las condiciones nacionales e internacionales para una perspectiva como esa? Yo no la veo. El centro de la burguesía venezolana (Polar, Cisneros y otros) apuestan a otra cosa. Igual que los yanquis y la burguesía latinoamericana. Aunque conspiren, lo que predomina es la apuesta a desplazar a Chávez por elecciones y otras vías institucionales. Esa es su apuesta actual, lo que no niega la posibilidad de algunos tiritos. Este tablero saltaría en pedazos si el camarada Chávez feneciera o quedara inhabilitado físicamente. O si aparece un accidente, como atentados de algún grupo suelto de la derecha. Allí se abriría otro escenario completamente opuesto, imprevisible, abierto en todo.






Pregunta: Hablando de elecciones, el personalismo gubernamental lleva a una angustia a la hora de votar ¿verdad? ¿Hay alternativas populares?






Modesto Guerrero: El personalismo presidencial es en sí mismo un estado estructural de angustia colectiva. Chávez emergió como una proyección mediúmnica de una gigantesca angustia social en 1992. Parafraseando una expresión inteligente de Freud, la excesiva centralidad de Chávez es “un síntoma de la enfermedad” social, de la debilidad nacional. El individualismo burgués, el caudillismo o el “hiper liderazgo”, como dijo Juan Carlos Monedero, es una manifestación de la jerarquización social del capital. Chávez es su expresión, no su creador. El gobierno venezolano no es burgués, pero el Estado que administra si lo es, por eso el primero termina sometido a los códigos y leyes del segundo, representándolo. Allí nace su dualidad de conducta política. Es un fenómeno del siglo XX inadvertido por el marxismo. Chávez fue y es muy útil a las masas como el instrumento histórico para salir del marasmo de 1992, pero él no se superó a sí mismo, ni fue superado por un régimen político más colectivo, más democrático, regulado por los movimientos. El estatismo avanza sobre el poder popular, no al revés. Allí comenzó a ser una mediación de carácter dual, muy contradictoria. Avanza y retrocede con más pragmatismo que programa histórico. Esa es la dificultad del socialismo que propagandiza. Siendo sincero en su discurso, no es suficiente para construir una sociedad socialista. Entonces las transición va hacia adelante en algunas cosas y hacia atrás en muchas otras.


Pregunta: ¿Para dónde irá el proceso actual?






Modesto Guerrero: Para una respuesta rigurosa a esta pregunta primero hay que despejar la duda sobre la enfermedad presidencial, o sobre el rol presidencial. La otra duda está en el riego cierto de que el gobierno pierda la mayoría de las gobernaciones y alcaldías. Son dos vórtices de la relación de fuerzas en la coyuntura. La mayor parte de la gestión es malísima. Sorprende ver gobiernos locales ricos incapaces de recoger la basura domiciliaria. El fenómeno es que esa molestia social es bastante independiente de la prueba presidencial de octubre. A nadie en su sano juicio le cabe duda que gana Chávez. Ya la derecha lo tiene asumido, aunque no lo pueda decir. Eleazar Díaz Rangel cita este domingo 20 de mayo, un informe del Bank of America Merryl Linch, que reconoce en forma indirecta el inevitable triunfo de Chávez en octubre. Es un dato clave. Ellos se preparan, en lo inmediato, para negociar con el gobierno, no para darle un golpe. Claro, la realidad es más compleja, multideterminada, que las estadísticas electorales, pero si buscamos respuesta a la coyuntura, octubre es una señal muy fuerte. No estoy tan seguro que el amplio y público malestar en la base chavista por la mala gestión local, la corrupción o el burocratismo, la inseguridad y la alta inflación, sea suficiente para que la masa tire 13 años de avances por la borda. La gente vota con racionalidad comparativa, casi “oportunista”. Y creo que hace bien. Otra cosa es si eso sirve para sostener el proyecto bolivariano a largo plazo. Creo que no. Me parece que se está conformando un “voto conservador de izquierda”, algo así como “mejor malo conocido que Capriles por conocer”. Es conservador, pero conserva algo mejor que la oferta de Capriles Radonski, que sería un retroceso insoportable. Es una hipótesis sobre un tipo de voto muy contradictorio, progresivo para conservar lo conquistado, pero regresivo porque se conformará con lo que existe, sabiendo que no ha luchado y sacrificado tanto en 13 años, para conformarse con un régimen controlado por “boliburgueses” y arribistas, donde los movimientos sociales les sirven como decorado de izquierda.






Pregunta: ¿Qué pasaría con la revolución si no estuviese Chávez, teniendo en cuenta su centralismo?






Modesto Guerrero: Todo el sistema institucional venezolano se construyó desde hace 13 años alrededor de un solo jefe nacional, árbitro de casi todo lo que ocurre en la vida política. Esto le sirvió para muchas cosas, pero terminó volteándose en su contra. Si él no está en el centro, el sistema entra en total crisis. Los efectos serían superiores a los del 11 de abril de 2002. Esa es la discusión actual. La derecha expresa su deseo de ver a Hugo Chávez bajo tierra lo más pronto. Una suma de ingenuidad histórica y desesperación de clase. Ellos no soportan un día más en el centro del poder, a un personaje que no es suyo, y que hace cosas "horribles" como nacionalizar, regular precios, subir salarios, decretar una Ley laboral muy avanzada en lo social, aunque estatista, y sobre todo, rechazan las expropiaciones, (aunque hayan pagado muy buenas e indebidas, indemnizaciones), el control obrero, el poder campesino, las milicias. El chavismo y sus alrededores también deliberan y se prepara para la misma eventualidad que la derecha, por supuesto con otra actitud moral y con objetivos distintos. Entre una y otra postura, median las masas trabajadoras. El pueblo trabajador no está determinando nada en estos momentos, no es protagonista en este debate nacional, se limita a lo sentimental y anímico. Sobre toda la sociedad venezolana sombrea el riesgo de que Chávez desaparezca involuntariamente del centro del poder. De la resolución de ese intríngulis dependerá el camino del proceso actual.






Pregunta: ¿Cómo se reacomoda entonces el chavismo?






Modesto Guerrero: Frente a esa probabilidad, se reacomoda por lo menos de tres maneras. Está la opción bonapartista-militar, que opta por Diosdado Cabello (Jefe del Congreso y ex Coronel con peso interno en el Ejército). Eso tiene un adelanto de algunos años en la “militarización” de cargos fundamentales. Las comillas quieren decir que acá no hay ocupación militar ni represión a lo Cono sur, solo me refiero a una toma de posición institucional por parte del “partido militar”. Hace unos meses se hizo una encuesta entre cuadros del PSUV y resultaron cinco nombres: ninguno era militar. Desde entonces vemos a Diosdado en el centro de la escena. Es un síntoma. Luego existe otra opción que se prepara para un recambio más colegiado desde del PSUV; allí se habla de posibles figuras de reemplazo: Maduro, Jaua, Giordani, otros, pero también apareció en Consejo de Estado, que puede ser una gran mediación entre estas opciones. Existe una tercera opción que apuesta a un gobierno de coalición con un sector de la burguesía, esta se percibe como minoritaria, pero cuenta con figuras de mucha autoridad histórica como José Vicente Rangel. Y una cuarta opción, de tipo revolucionaria, surgida desde los movimientos sociales y políticos del chavismo radical. Esta última es más reciente y más débil en lo político, pero existe. Sólo Nicolás Maduro es visto como alguien con brillo propio en parte de la base; aunque su luz sea como la de una estrella muy lejana en una galaxia cuyo único sol es Chávez. Esto puede modificarse en forma abrupta, sólo quiero señalar las tendencias. Dicho esto, hagamos una distinción. En estricto sentido, en Venezuela no estamos en presencia de una revolución. Si la hubiera, la discusión sobre la figura presidencial sería otra, la centralidad del movimiento obrero o social sería otro, como suele ser cuando hay revoluciones. Una prueba de esto lo vivimos en 2002. Las acciones revolucionarias del 12, 13 y 14 de abril decidieron las escenas y sus personajes, así como el curso de todo del proceso político. En Venezuela vivimos un profundo y complejo proceso político con aspectos y transformaciones cualitativas, algunas sorprenden por sus desarrollos. Los sectarios no han comprendido nada acá, y los oportunistas se enamoraron más de la cuenta y deforman sus potencialidades para recibir prebendas de la renta petrolera y publicar revistas en el exterior. Pero de conjunto no hay una revolución social. Hubo actos y momentos revolucionarios como los de abril 2002, febrero 2003, febrero y agosto de 2004. Transformaciones maravillosas en salud, educación, la vida campesina, parte de la vida obrera y los barrios pobres, ahora la vivienda. Pero esas realidades no han cambiado el conjunto en forma suficientemente radical, para que sea una revolución. La "revolución bolivariana" es el nombre popular, periodístico, de ese creativo y complejo proceso de transformaciones, el más avanzado vivido en Latinoamérica en la última década.






Pregunta: Como para complejizar un poco más, ¿qué pasaría si Chávez no gana las elecciones?






Modesto Guerrero: Si Chávez no ganara las elecciones podríamos ver reacciones defensivas muy importantes de la militancia chavista de base y de movimientos de vanguardia, para defender sus conquistas sociales en el campo y la vida urbana. Esa capacidad política es la gran conquista, aunque no se convierta todavía en una opción política nacional, se limita a la acción. Podríamos presenciar una salida "sandinista" a la situación, o sea, alguna crisis institucional momentánea, pero sobre la base de un pacto de estabilidad institucional de conjunto. Por ahora ésta es una “hipótesis negada", como dicen los abogados: nada indica que Chávez pierda el 7 de octubre. La reacción violenta podría venir de la derecha, aunque no les alcance para modificar la relación de fuerzas. Los análisis conspirativistas se basan en un hecho cierto: en Venezuela el odio de clase no tiene solución institucional a largo plazo. En esa perspectiva el dilema es profundizar el aspecto revolucionario del proceso, o retroceder feo. Ese dilema es de hoy, de mañana, no se detiene el 7 de octubre. Chávez ganará con una montaña de votos, pero debajo habrá una crisis irresoluble en términos institucionales.






Pregunta: Hoy día se habla poco y nada del socialismo del siglo XXI. ¿Por qué?






Modesto Guerrero: Si nos guiamos por las declaraciones del presidente, en realidad él sigue hablando de socialismo. Es posible que no sea tan sistemático como antes. La base chavista y sus cuadros hablan todos los días de socialismo. Acá cientos de miles de venezolanos comunes luchan por el socialismo. Mi preocupación no es por el uso masivo de la palabra, sino por lo que se está sembrando en su nombre. Es un mérito de Hugo Chávez poner de moda y masificar el uso del socialismo como opción de vida. Pero se puede repetir la historia por su lado feo, o sea, reducir socialismo a Estado y economía nacionalizada, como fue en Europa del este, China, Cuba o en los socialismos panarábicos. Lo maravilloso que ha sido la instalación de esa palabra-concepto en millones de venezolanos está mutando en una perversión: cualquier cosa es bautizada bajo esa palabra. En Venezuela, lo bueno contiene un riesgo. Socialismo es un modo de vida social, no un tipo de economía o un tipo de Estado. No puede haber socialismo y revolución cuando aumentó la tasa de explotación obrera y la economía privada, la banca y el comercio importador crecen más que la economía estatal, la agroproducción y la de control obrero. Algo no está bien. Lo bueno, al revés de los países citados, es que en Venezuela esto se discute abiertamente. Un libro premiado por el Estado plantea este serio problema. Para mí esta cuestión se resolverá en los hechos. Si hay una profundización revolucionaria nos habremos ahorrado un farragoso camino, el punto de partida en la cabeza de la gente será el socialismo. Aquí, excepto la burguesía y parte de la clase media, nadie le teme al socialismo. En cinco encuestas, a casi 40% de la población le gustaría el socialismo para Venezuela. Eso es mucho en el contexto mundial después del Muro.






Pregunta: El PSUV tiene métodos poco socialistas, poco democráticos. ¿Qué pasa con esta estructura? El ALBA no ha crecido todo lo que se esperaba. ¿Qué alternativas se ven al respecto?






Modesto Guerrero: El PSUV pudo ser una maravilla en América Latina, pero terminó convertido en una maquinaria electoral, que además no es tan efectiva como otras que hemos conocido, es bastante ineficaz técnicamente hablando. Su burocratización estaba en los genes que le dieron nacimiento en 2007. Se convirtió en una mímesis del Estado que gerencia. Como decimos en Venezuela, se "adequizó", en referencia a Acción Democrática, el aniquilado partido nacional burgués nacido en los años 40 junto con el peronismo y otros movimientos nacionalistas. La militancia chavista más activa y luchadora, la más honesta del país, no se referencia en el PSUV. Tampoco los poderosos movimientos sociales venezolanos, en el campo, los barrios pobres, en menor grado en las fábricas. En muchos casos lo enfrentan. Eso no impide que todos voten por el PSUV en las elecciones. Es una dualidad, que se supone transitoria, cuya resolución solo podrá verse en otro gran acontecimiento donde el PSUV sea superado. En los últimos 3 o 4 años se han intentado por los menos cuatro intentos sanos de ofrecer una alternativa a la izquierda del PSUV. Todos fracasaron. Por ahora la gente no entiende ese cambio tan abrupto. Hay una falencia crónica en la vanguardia izquierdista de mi país, poca tradición, poca sistematización teórica, eso frena las enormes posibilidades que tienen en sus manos. Son fuertes en lo social y débiles en lo político. No se asumen opción histórica. El Estado pesa mucho y los coopta con bastante facilidad.






Pregunta: La nueva ley orgánica del trabajo ¿puede ser una de las razones para un intento de golpe antes de las elecciones del 7 de octubre?






Modesto Guerrero: No conozco señales de la realidad que indiquen un intento de golpe antes del 7 de octubre. La burguesía odia la LOTTT como odiará todo lo que tienda a reducirle su control de la plusvalía. Esta Ley es maravillosa en avances sociales, aunque está preñada de la perversión estatista.






Pregunta: ¿En qué medida perjudica la enfermedad de Chávez desde lo real y desde lo especulativo?






Modesto Guerrero: Hay dos tipos de especulación, la que hace la derecha y la del chavismo. Creo que el gobierno se equivoca al ocultar el riesgo real del cáncer, pues el enemigo usa el vacío informativo para especular y embasurar con las cosas más horrendas de la especie humana. Lo que hicieron con Evita Perón en 1953 queda pálido. El sitio www.S.O.S.Chavez es un derrame de odio de clase, étnico, moral, etc. Pero se ha producido una curiosísima paradoja. La propia burguesía está creando a un Presidente inmortal. Mientras más anuncian su muerte, más vuelve Chávez de La Habana como un toro de lidia. El riesgo existe, pero quiero retratar la disociación psicótica de la oposición burguesa venezolana. Es una clase en serios problemas.






Pregunta: ¿Cómo fue tu evolución desde los contenidos periodísticos que publicaste sobre la gestión actual?






Modesto Guerrero: Yo soy de la generación que preparó desde la militancia los aspectos revolucionarios del proceso bolivariano actual. No sabíamos que se llamaría bolivariano, pero el nombre es secundario, además, el ejemplo radical de Bolívar es bueno. Comencé por estudiar el fenómeno chavista a la luz de dos factores, la experiencia histórica de la lucha por la revolución social, que incluye al nacionalismo tercermundista, y por el fenómeno mismo tal como se manifestaba desde el 4 de febrero de 1992. En diciembre de ese año publiqué en Venezuela, con el matemático y militante Fernando Sánchez, un folleto de aproximación desde el PST-La Chispa. Desde Argentina mi nuevo acercamiento serio comenzó en abril de 2002. Desde entonces lo sigo a diario y en profundidad. He escrito centenares de artículos y dado otros centenares de charlas, he escrito tres libros para pensar el asunto. La biografía es mucho más que una biografía, Pedro Brieger hizo una correcta definición de ese trabajo, que este año lo publica una editorial del Estado venezolano, a pesar de su carácter crítico, una muestra de la democracia que predomina en la revolución bolivariana y de la dualidad de la que hablo. Yo escribo sobre el chavismo desde adentro y sin pre-juicios. No dependo de él, mi programa es la revolución socialista, la revolución bolivariana es un punto de partida. Como es natural, he aprendido mucho escribiendo sobre él, es un gran campo de experimentación militante. Eso no lo entienden quienes llevan una “revolución de bolsillo” en sus camisas, como diría Ricardo Napurí. Lo mejor de la generación anterior y presente está fuera de los comandos políticos del gobierno. La mayoría de las jefaturas actuales son extrañas a un programa socialista, y como dijo alguien que dirigió revoluciones, no se puede hacer el socialismo con las herramientas del capitalismo.






Pregunta: ¿Hay ausencia de un polo anticapitalista o revolucionario?






Modesto Guerrero: Sí, sufrimos de la ausencia de un polo revolucionario internacional y local. Este es el aspecto más dramático de la actual situación internacional. Europa es una muestra terrible de esto. La gente vota entre “izquierda” y “derecha”, casi como si fueran sinónimos. Claro que es un aprendizaje y uno apuesta a eso, pero hay una pérdida de más de medio siglo de acumulación, por lo menos tres generaciones mal educadas por el estalinismo, la socialdemocracia y los nacionalismos. Cuando mejor es la situación objetiva, peor está la subjetiva. Parafraseando a Hegel diríamos que el espíritu subjetivo tiene graves problemas para objetivarse. Esas tres gangrenas lo paralizaron ideológicamente por tres generaciones. De todas maneras, la realidad sigue ofreciendo oportunidades de recreación de una generación de revolucionarios. Esa es la apuesta en la movilizada Europa, en Argentina, Bolivia o Venezuela, las desigualdades solo hablan de los ritmos y los límites, no niegan la posibilidad. Hace pocas semanas se conformó en Caracas una opción política de una parte de la vanguardia más de izquierda. Son parte de los mejores dirigentes sociales, que se quieren preparar para escenarios imprevistos. Ese es un gran paso adelante. Pero la vanguardia venezolana es frágil, inestable y la mayoría sigue apostando a lo que Mészáros llama “atajos” inconducentes. Como ves, está casi todo en marcha, eso es lo hermoso, es creativo.






Pregunta: El gobierno alemán está insistiendo en un apoyo más contundente y más abierto de la Unión Europea a la oposición venezolana. ¿Hay intereses puntuales en esta posición?






Modesto Guerrero: Claro, para el imperialismo europeo es muy mal ejemplo un gobierno que nacionaliza o expropia, o un país donde hay control obrero en grandes fábricas. España, Francia y Portugal tienen muchos capitales en Venezuela. La burguesía española es una madriguera enemiga de los avances de América Latina, sea la avanzada “revolución bolivariana” o el tímido 51% de YPF en Argentina. Para ellos todos somos chinos.






Pregunta: ¿Cómo juegan los medios alternativos comunitarios en estas instancias pre-electorales?






Modesto Guerrero: Los medios comunitarios en Venezuela tienen un rol central en la vida política. Son protagonistas de la vida social. Hay un medio de masas como Aporrea, pero hay muchos otros con influencia local. El gobierno les debe respeto. Los quiere controlar, estatizar, pero no puede con todos, porque son muchos y porque muchos son muy radicales. Conviven con los medios públicos contra la derecha burguesa, pero se diferencian de los públicos en otras áreas. En este proceso electoral de 2012 los comunitarios resultan vitales, en algunas zonas más que los estatales, debido a su grado de enraizamiento local. Es un fenómeno venezolano de tipo revolucionario, un aporte para América Latina.


sábado, 19 de mayo de 2012

El Socialismo del siglo XXI no eliminaría a todo el Capitalismo


El Socialismo del siglo XXI no eliminaría a todo el Capitalismo


En el siglo XX el triunfo, en algunos Países, del Socialismo sobre el Capitalismo, significó la eliminación de cualquier forma de Capitalismo (aún de las estructuras capitalistas más modestas), provocando un  “estancamiento” de la economía (1).

Los dirigentes de los Países socialistas temían : a) que la existencia de pequeños capitalistas hubiera podido estimular la codicia, entre los trabajadores ; y : b) que, por la tendencia espontánea de concentración capitalista, se hubieran desarrollado poderosas estructuras capitalistas, quizás camufladas en cooperativas entre varios pequeños “empresarios”.

Donde, por contra, el Capitalismo logró impedir que las Clases explotadas tomaran el poder, el Capitalismo fomentó a un Gigacapitalismo (2).

Es el Gigacapitalismo el verdadero responsable de las guerras imperialistas, es el Gigacapitalismo que impide que los Gobiernos adopten medidas idóneas a detener el cambio climático, es el Gigacapitalismo que provoca el aumento del Hambre (según la FAO, los hambrientos ya son, en el mundo, mil millones) y del desempleo (200 millones, según la OIT).

El Socialismo mundial es urgente, pero yo creo que las Revoluciones del siglo XXI (como la Bolivariana) no necesitarán eliminar al pequeño Capitalismo : si las mayores estructuras económicas de un país ya no pertenecerán a capitalistas (y el Estado las podrá gobernar con finalidades sociales), bien podrán convivir Empresas privadas de pequeño tamaño : su espontánea búsqueda de la máxima ganancia no prejudicaría al carácter socialista del país.

Pero sí, ¡¡¡ hay que eliminar a todo Gigacapitalismo !!!
Porqué un solo Gigacapitalista tiene más poder que todo un Estado (3).

El Socialismo mundial es urgente : el actual Gigacapitalismo está poniendo a la Humanidad entera en riesgo de extinción (posible Guerra nuclear generalizada, futuro cambio climático siempre más desastroso, etc.).

Tenemos que hablar a los pequeños y medianos Capitalistas, de todo el mundo, sobretodo a los de los Países industrialmente desarrollados :
¡¡¡ únanse a nosotros, construyamos juntos el Socialismo !!!
¡ No les vamos a quitar sus Empresas !


1 = Si los trabajadores de un País socialista se hubieran vuelto todos “hombres nuevos” (como el Che exhortaba) tal “estancamiento” no se hubiera dado.

2 = En griego, kilo significa mil; mega = un millón; giga = mil millones.(en ingles = un billon : Bill Gates (Microsoft) es 61 veces billonario, porqué su capital se estima alrededor de US$ 61 B = 61,000,000,000 dólares).

3 = La revista Forbes publica el listado de los Gigacapitalistas (billonarios)
                y de las Empresas gigacapitalistas (que valen billones) =
http://www.forbes.com/billionaires/list/     http://www.forbes.com/global2000/
(hasta se pueden sacar listados por País)
Por ejemplo, el gigacapitalista mexicano Carlos Slim (US$ 69 B) tiene más que todo el gasto anual del presupuesto de los Estados Unidos Mexicanos.


El Salvador, 15 de mayo de 2012               Veniero = venigag@yahoo.com



miércoles, 16 de mayo de 2012

Sobre la psicología de los niños de la calle






Marcelo Colussi

Si bien el término “niños de la calle” es muy impreciso, hay consenso tanto en círculos académicos como políticos en considerarlo como una realidad derivada de la pobreza estructural y de la aglomeración en grandes centros urbanos. El fenómeno cobra especial relevancia en los países del Sur, históricamente pobres en el reparto del mundo que se viene dando desde la modernidad. Cantidades enormes de niños en distintas ciudades del mundo, fundamentalmente en las regiones más pobres, viven hoy en las calles sin la atención ni supervisión de adultos. Su número exacto no está precisado, pero se considera que, como mínimo, puede haber no menos de cien millones.

En el trabajo con niños de la calle se pone un especial énfasis en la dimensión educativa. Quienes se dedican a ello habitualmente son llamados “educadores”. La idea que alienta las intervenciones tiene que ver con lo pedagógico: los niños deben ser reeducados, o educados, dado que, por sus circunstancias de vida, lo han sido poco o nada. Pero quizá aquí pueda abrirse una pregunta: aquello de que carecen ¿es sólo educativo? ¿Su cambio existencial pasa por enseñarles un nuevo estilo de vida?

La experiencia nos demuestra que los menores que viven en las calles saben acerca de su condición, sobre los problemas que les trae aparejado su modo de vida y los beneficios que les traería otra alternativa. Pero curiosamente es más probable que no abandonen la calle. Pareciera que el saber no garantiza nuevas actitudes.

Es ante este acto siempre incomprensible para el sentido común que surge el interrogante sobre sus motivaciones. Si saben acerca de los daños que ocasiona la droga, ¿por qué siguen usándola? Si en los albergues de las instituciones que cuidan de ellos se les brinda todo lo que no tienen: comida, abrigo, amor, respeto, ¿por qué se marchan tan frecuentemente de ellos? Si están más que informados que la vida en la calle lleva casi invariablemente, previo paso por cárceles y hospitales, a la muerte, ¿por qué no cambian sus hábitos?

Todas estas preguntas -quizá por lo intrincado de sus respuestas- nos hacen pensar en que, tal vez, no sólo se trate de reeducar. Probablemente también sea necesario intentar profundizar más en las determinantes de estas conductas. Dicho en otros términos: habrá que averiguar por qué los niños de la calle son como son. ¿Y cómo son?

La marginalidad, fundamento de la callejización

A todas luces los niños callejizados son distintos de los niños llamados “normales”. Lo normal, en nuestro medio social, es crecer en el seno de una familia. Cuando esto se cumple -y es lo que pasa regularmente- se es hijo de papá y mamá. Pero ser de la calle es ser de nadie.

Para estudiar la psicología de los menores callejizados deberíamos partir por conocer aquella del niño considerado normal, para luego establecer comparaciones. Sabemos que no hay, en términos rigurosos de salud mental, un sujeto normal asintomático; pero hay, sí, una media socialmente aceptada, cultural, que funciona como paradigma. Es normal que el sujeto humano se constituya como tal a partir de otros humanos. Esto es: un recién nacido puede devenir un adulto adaptado a su entorno, socialmente útil, con una identidad sexual definida y con capacidad para gozar de la vida después de transitar por los difíciles vericuetos de la humanización, de la socialización. Llegar a ser ese sujeto normal adulto no es un hecho asegurado biológicamente. El ser humano, en su sentido más pleno, se hace en el contacto con los otros: desde bebé, con su familia, con las cargas simbólicas que va recibiendo en su crecimiento, con la incorporación de su cultura. Hacerse ser humano es ingresar al mundo de la Ley, al mundo de las prohibiciones, de lo que va más allá del instinto. La Ley -la norma, el consenso social- es lo que dice qué se puede y qué no se puede. Asumir ese bagaje simbólico, entrar a él y hacerse cargo del mismo, se da necesariamente a través de otros pares; y en nuestro mundo generalmente cumple esa función el núcleo familiar. Cuando ello se cumple a medias, o cuando directamente falla, sobrevienen problemas en el proceso de la socialización, problemas de integración que llamamos trastornos psicológicos (alguna disfunción no orgánica que impide una buena adecuación al ambiente y produce displacer y que puede ir, abarcando un amplísimo arco, desde por ejemplo síntomas de enuresis hasta una psicosis).

En el curso de la vida de un ser humano, ya desde el nacimiento se van estableciendo estructuras y modalidades propias en el plano psicológico que habrán de marcarlo indeleblemente. Todo se juega en torno a esto: cómo un sujeto ingresa al mundo de la Ley. Y no hay tantas posibilidades al respecto: a) vive al margen de ella: psicosis; b) la reconoce pero no la acepta, vive en el borde: psicopatía; y c) la asume y se hace cargo de ella: la normalidad, que no es sino el campo de las neurosis. Neurosis, psicosis y psicopatías; son las tres estructuras de base posibles entre los seres humanos. Todos estamos cortados por la misma tijera; también los niños de la calle.

En la infancia, y a través de las figuras parentales, es donde el ser en formación se moldea. En ese difícil trabajo de “modelado” pueden ocurrir disrupciones; lo común es que, no sin dificultades y con menor o mayor grado de ansiedades, los niños crecen y terminan siendo adaptados a su medio reproduciendo las normas sociales que se le impusieron. Los síntomas neuróticos infantiles (trastornos de aprendizaje, enuresis, angustia, dificultades de integración) hablan de traspiés en ese proceso; con tratamiento psicológico (que necesariamente incluye trabajo con los padres) se resuelven positivamente. Incluso las psicosis infantiles debidamente tratadas (incluyendo siempre el entorno familiar) pueden tener buen pronóstico. ¿Y los niños de la calle? ¿Deben ser abordados desde la psicopatología? ¿Por qué siempre se incluyen psicólogos en los equipos de trabajo que los atienden?

“Niño de la calle” no es una entidad gnosográfica en sí misma, no es una entidad entre las enfermedades mentales. No se puede curar a nadie de esta “patología”. Pero todo el fenómeno, si bien de orden social en su raíz -síntoma de la descomposición de las sociedades más pobres en su no planificado paso de agrarias a urbanas, índice de la marginación de vastos sectores “sobrantes” para la lógica del capital- comporta una lectura, y una intervención por tanto, desde la psicología clínica. Un niño de la calle puede ser neurótico, psicótico o psicópata (la experiencia indica que, al igual que en el resto de la población, la prevalencia fundamental es neurosis); pero si algo diferencia su psicología de la de un niño criado en el seno de una familia (que también puede ser neurótico, psicótico o psicópata) es justamente eso: la ausencia de familia. El lugar de donde tiene que venir la Ley falla, por tanto falla el ingreso al mundo de la Ley.

Psicológicamente un niño de la calle es ante todo un niño marginal, un niño que “sobra”. El trabajo de acompañamiento de todos los días con ellos enseña que la experiencia más común es que provienen de hogares repletos de niños, donde su existencia concreta no es sentida por sus progenitores como un triunfo ni un milagro sino más bien como una carga. No son niños deseados, racionalmente planificados. Sus padres viven agobiados por la pobreza, por la descarnada lucha por sobrevivir; en muchos casos son bebedores severos o alcohólicos. Por tanto, no queda mayor tiempo para el cuidado y el amor. En muchos casos estos niños fueron regalados, abandonados, pasaron de mano en mano o terminaron siendo criados en orfelinatos. En muchas ocasiones ni siquiera fueron inscriptos legalmente; es decir: no existen en términos de ciudadanía. Infinidad de veces se dan casos de abuso sexual; y casi como constante encontramos violencia física, del más variado estilo y calibre. Todas estas experiencias -dramáticas, durísimas-, más que hacer sentir que son lo primordial en el hogar, los marca como estando de más. ¿Y qué le puede esperar a alguien que se le dice que “sobra”?

El trauma en lo real aquí tiene un peso decisivo. No se trata, como en la novela familiar del neurótico, de recuerdos encubridores, de fantasías de abuso. Aquí la violencia está presente a golpes concretos, inscrita a sangre y fuego. Estos niños son marginales desde su inicio, pues están al margen de lo que debería ser su primera y más importante fuente de vida: sus padres. Sobran en la dinámica intrapsíquica de quienes los concibieron, por tanto sobrarán en lo real.

Marginados y marginales psicológicamente, luego lo serán también en la estructura social. Si su familia de origen no los pudo contener, les hizo saber que sobraban, la sociedad más tarde los reafirma en ese lugar: con reformatorios, con desprecio, incluso con limosnas (¿alguno de nosotros le daría limosna a su propio hijo?).

Las conductas adictivas

Prácticamente todos los niños de la calle terminan siendo drogodependientes. Como tales, presentan las mismas características psicológicas que cualquier adicto: labilidad afectiva, actitudes manipuladoras, un talante general psicopático, baja tolerancia a la frustración, compulsión al consumo. El estupefaciente viene a ocupar un lugar central en sus vidas. Pero si bien la adicción a psicotrópicos presenta esa preeminencia en sus historias, difieren en algo del narcómano que tiene una familia, que no es un paria. Este tiene algo que perder; un niño de la calle ya lo perdió todo de entrada, por eso es lo que es. Sin quitarle la importancia enorme que tiene el hecho de ser adicto a una droga (en este caso más a las sustancias solubles volátiles que a otros productos más caros: cola de zapatero, thinner, incluso gasolina, característicos de otros estratos sociales), podríamos concluir que los niños de la calle son “adictos”, antes que nada, a su condición de marginales. La drogadicción viene por añadidura.

La callejización, psicológicamente considerada, es un proceso complejo que indica la compulsión a seguir viviendo en condiciones de exclusión social en las calles. Fenómeno intrincado, que si bien es producto de una profunda injusticia económico-social de base, necesita también de razones subjetivas. No todo niño pobre termina en la calle. Para un menor callejizado, la calle es todo; la calle intenta suplir aquello que faltó originalmente. Vivir en las calles -más allá de lo que el sentido común puede apreciar como un infierno, y que de hecho lo es ciertamente en un sentido- tiene una arista fascinante. El callejizado, aquel que no fue contenido en una estructura familiar, aquel que deambuló los primeros años de su vida entre la apatía o la violencia de quienes lo trajeron al mundo, queda atado a ese mundo cerrado de los que viven en su misma condición, encontrando ahí un reconocimiento que le fue vedado en otra parte. La vida en la calle atrapa; opera -simbólicamente- como cualquier droga. Alguien puede hacerse “adicto” a ese estilo de vida, que en cierta forma es “fascinante”, “fabuloso”; allí no hay normas que respetar, todo es posible: no se cumplen horarios, no se soportan padres autoritarios, hay sexo cuando uno quiere, hay dinero fácil; y hay además el placer del narcótico. Si no fuera por ese mecanismo adictivo que se establece, no podría entenderse por qué tantos niños “prefieren” volver a la calle abandonando los centros de rehabilitación que se les ofrecen como propuesta alternativa. La lógica indica que la vida callejera es terriblemente difícil, displacentera: hambre, frío, violencia, desprecio. Pero la psicología humana no sabe mucho de lógica. ¿Por qué tan pocos niños y jóvenes logran abandonar realmente esa vida? (se considera, con objetividad, que apenas un 5% de niños callejizados logra realmente dejar esa condición).

Como toda conducta adictiva también la “adicción a la calle” (a la vida sin normas más precisamente dicho, a la transgresión) produce una profunda dependencia, haciendo que el círculo vicioso se cierre cada vez más. A esto se le suma la dificultad práctica concreta que encuentra aquel que intenta romper ese circuito: exclusión por parte de la gente, prejuicios que lo condenan a la marginación perpetua, una dramática carencia de “gimnasia” social: falta de documentación, falta de preparación laboral, desconocimiento de las reglas de convivencia.

Hacia una “clínica” de los niños de la calle

Digámoslo una vez más: nadie se cura de ser niño de la calle; esto no es una enfermedad mental. Es, en todo caso, una disfunción psicosocial donde la psicología puede aportar algo. Pero seamos claros en esto: con la actual tendencia económica global no hay solución para el problema. Los niños de la calle son un síntoma de una sociedad injusta que no resuelve sus diferencias estructurales, que hace que “sobre” gente en el mundo.

Un niño o un joven de la calle necesita, entre otros, un abordaje desde una perspectiva psicológica. Es cierto que ninguno de ellos consulta espontáneamente un servicio de salud mental. Pero entonces ¿qué autoriza nuestra intervención como psicólogos en programas de asistencia que intentan ayudarlos? Sencillamente una ética. De lo que se trata en nuestro trabajo es facilitarles la posibilidad de confrontarse consigo mismo, ayudarles a desarrollar la pregunta sobre quiénes son, por qué son así, quieren seguir siendo así.

Nosotros, en tanto psicoterapeutas, no seremos quizá quienes los movamos de su situación de menores marginados. Ni tampoco quien le provea alimento, ropa o medicamentos. O tal vez la sumatoria de todo esto lo logre. Lo cierto es que vale la pena intentar modificar su situación -que es además una forma de preguntar por qué se llega a esto, lo que lleva a intentar evitar que siga ocurriendo-. Lo que la experiencia indica es que una actitud represiva no logra ningún cambio (ningún reformatorio reformó a un menor transgresor sino que, por el contrario, lo reafirmó en su lugar de marginalización). Tampoco una posición caritativa; esto, por el contrario, los reafirma más aún en su posición de marginales, de “pobres víctimas”. Ni el supuesto “amor” bondadoso de propuestas eclesiales: no olvidar que en muchos casos, las mismas personas que los atienden tan “bondadosamente” terminan siendo sus violadores, fenómeno nada infrecuente en este mundillo de la atención de niños de la calle).

Trabajar psicológicamente con niños de la calle es facilitarles la ocasión para que rehagan su vida en términos simbólicos: no pasar a ser los padres que no tuvieron sino recuperar -a través de las palabras- ese espacio legal al que no pudieron acceder. Es común decir que estos niños necesitan mucho amor. Innegablemente, pero creo que esto solo no alcanza. Por otro lado vemos que aunque ofrezcamos desinteresadamente una y otra mejilla en una actitud de amor incondicional, eso no transforma su situación profunda; finalmente terminan decepcionándonos y no dejan la calle. ¿Pero qué se espera acaso de esa abnegación? A un hijo no le damos todo a cambio de nada; ¿por qué lo haríamos con un niño de la calle? A la prole se le da, sabiéndolo o no, un modelo de vida: cuidados diversos, amor, y límites. Son los límites los que impiden que alguien se haga psicótico o psicópata.

Al abordar clínicamente estos niños deberíamos plantearnos no reemplazar lo que faltó (el padre alcohólico que abandonó el hogar, la madre agobiada con una docena de hijos que no sabía cómo criar) sino ayudar a procesar esa falta. La carencia material -la comida siempre escasa, el juguete ausente en cada cumpleaños, la palabra de estímulo- puede llegar a suplirse; y eso es lo que hacen habitualmente las organizaciones que asisten a los niños en riesgo: llenan esos vacíos. Distinto es el caso de la falta de Ley. El trabajo psicológico con niños de la calle debe apuntar a problematizar esa instancia. Sólo si alguien se hace cargo de su historia personal puede ser uno más de la serie, adaptado e integrado.

Pero junto a lo anterior no puede dejarse de considerar en todo momento que el fenómeno en su conjunto, los cien millones de niños que pululan por las calles, son producto de estructuras sociales injustas y que, en tanto las mismas continúen, no dejará de haber niños en esas condiciones. 

jueves, 3 de mayo de 2012

San Salvador: Taller Sobre el Magnicidio de Roque Dalton


"Trade mark" (marca registrada): son posibles otras opciones




Marcelo Colussi
Un representante de alguna cultura no-occidental (mal llamado "primitivo" por nuestra cosmovisión eurocentrista) no podrá entender cómo es posible que la naturaleza, la tierra, el agua, tengan dueños. Pero menos aún podrá entender que esos recursos propiedad de todos tengan "marcas registradas", trade marks. ¿Cómo es posible plantearse, desde su visión, que el petróleo se llame "Texaco", o que el maíz se llame "Monsanto"? ¿Cómo poder entender, no siendo un representante de la cultura capitalista, que una flor esté patentada como "Johnson y Johnson" o que una mariposa sea "marca Bayer"? ¿Y que un clon humano sea "marca Mitsubishi"?
El pensamiento occidental y capitalista de la modernidad se impuso ya largamente por todo el globo, y quien no entra en sus parámetros es un "primitivo" (o un comunista, o quizá un terrorista). Pero nociones como las de propiedad privada, o marcas registradas, son construcciones históricas, no por fuerza son eternas y -esto es lo más importante- ¿quién dice que sean las mejores?
En la década del 30 del pasado siglo, el Ministro de Propaganda del nacionalsocialismo, el alemán Joseph Goebbels, creador de los modernos conceptos de comunicación de masas, decía que "La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentadas una y otra vez desde diferentes perspectivas pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas. (...) Si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad". Esas ideas inundan nuestro mundo contemporáneo: el mercadeo de productos creados a la medida de la necesidad de los productores pero no de los consumidores es uno de los baluartes más significativos del capitalismo desarrollado. Las marcas registradas, con su cohorte de atractivos seductores, es su representación por excelencia. Dicho en otros términos: entramos en el reino del engaño, de la manipulación, de la seducción. Eso es lo que han generado las modernas sociedades masificadas que fue construyendo el capitalismo: grandes masas que responden mansamente a ciertos estímulos bien presentados.
Para ello se apela no a elementos cognitivos sino a las estructuras más primarias de los seres humanos: argumentos emotivos, irracionales muchas veces, que repetidos hasta el cansancio terminan condicionando nuestro actuar. Ni más ni menos, lo que enseñaba Goebbels. "Los resultados indican que la hipnosis contribuye a proporcionar honestas razones para la preferencia de marcas de fábrica", informaba tranquilamente la Advertising Research Foundation de Estados Unidos. Es decir, tal como anunciara el Ministro de Propaganda nazi sin ningún reparo ético: mentir y mentir hasta que, por cansancio, se logre imponer una conducta. Para el caso: una marca, para que luego, obviamente, se la consuma, se le sea fiel, se la adore incluso.
Con el aluvión del crecimiento capitalista en estos últimos siglos el mundo todo se transformó en forma monumental, sin vuelta atrás. Sin dudas a lo largo de la historia muchos fabricantes de diversos productos pusieron sus nombres a las cosas que elaboraban; así se fueron inventando símbolos o ilustraciones para identificar y distinguir las obras creadas. Cerámica china, espadas o vinos durante el medioevo europeo, tejidos asiáticos, por ejemplo, han sido marcados con símbolos de identificación para que la persona que los comprara pudiera trazar el origen y determinar la calidad de esos objetos. Antes del siglo XIX las "marcas registradas" eran usualmente símbolos o ilustraciones y no palabras, ya que la mayoría de la población era analfabeta. Pero con el constante aumento del comercio capitalista desde siglo XVIII se comenzaron a reconocer los derechos legales de los dueños de las "marcas registradas" estableciéndose leyes que previnieran el uso indiscriminado de las mismas desde una óptica de defensa de la propiedad privada. Surge así la idea moderna de "marca registrada" -idea que, por supuesto, no entra en la óptica de un habitante de un mundo no-capitalista: ¿cómo sería posible que el agua tenga dueño?, se preguntará con toda razón-. Para nosotros, miembros de una sociedad capitalista, no cabe la idea que algo no tenga propietario. Y hoy por hoy, que no lleve una "marca registrada" identificatoria.
Las primeras leyes que intentan regular este campo de la propiedad privada en la producción aparecen en Estados Unidos hacia 1790 "para promover el progreso de la ciencia y de las artes útiles, al asegurar el derecho exclusivo para los autores y los inventores de sus escrituras y descubrimientos respectivos durante períodos limitados" (Artículo I, Sección 8 de la Constitución).
Más tarde, en 1883, un grupo de naciones industrializadas creó la Convención de París, organización de tratados internacionales que requería que los países miembros reconocieran los derechos de marca registrada de los productores extranjeros. La noción de propiedad privada en la producción -llámese trade mark, "marca registrada", "patentes" o "derechos de autor"- había llegado para quedarse en el mundo moderno.
Según la ley federal de Estados Unidos, se estipula que "una patente puede ser otorgada a cualquier persona para la invención o el descubrimiento de cualquier arte, máquina, fabricación o composición de materia útil o para cualquier mejoramiento nuevo y útil al mismo; para la invención de la reproducción asexual de cualquier variedad nueva y distinta de planta, menos las plantas propagada por tubérculos; o para un diseño cualquiera ornamental nuevo y original para un artículo de fabricación". En 1980 dicha cobertura también se extendió a "productos de la ingeniería genética, incluyendo semillas, plantas y cultivos como a los mismos métodos nuevos de ingeniería genética".
Es importante remarcar lo que fija la ley: "Se entiende por marca todo signo susceptible de representación gráfica que sirva para distinguir en el mercado los productos o servicios de una empresa de los de otras. Tales signos podrán ser, en particular: Las palabras o combinaciones de palabras, incluidas las que sirven para identificar a las personas. Las imágenes, figuras, símbolos y dibujos. Las letras, las cifras y sus combinaciones. Las formas tridimensionales entre las que se incluyen los envoltorios, los envases y la forma del producto o de su presentación. Los símbolos sonoros. Cualquier combinación de los signos que, con carácter enunciativo, se mencionan en los apartados anteriores".
Según enseñan las escuelas de mercadotecnia -el gran invento de las modernas tecnologías de manipulación social de las sociedades de masa- la marca constituye el nexo central de comunicación entre la empresa y los consumidores. De lo que se trata en las estrategias comerciales es de "posicionar la marca"; es decir: lograr imponer en la mentalidad de los consumidores un esquema que relacione automáticamente un emblema con el producto ofrecido (léase: reflejo condicionado). No importa qué se ofrece, si es un producto prescindible, si llena una necesidad creada artificialmente, si es dañino incluso; la cuestión del mercadeo es lograr hacer que la gente compre. Las "marcas registradas" -con toda la parafernalia que le acompaña: "mezcla de elementos tangibles e intangibles: el nombre, el diseño, el logotipo, la presentación comercial, el concepto, la imagen y la reputación que transmiten esos elementos respecto de los productos o servicios ofrecidos"- están para eso. Y por cierto lo logran.
Hoy día ya estamos totalmente acostumbrados, invadidos, naturalizados por las "marcas registradas". No pedimos una bebida gaseosa sino una Coca-Cola, no usamos hojas de afeitar sino Gillette, y pasaron a ser parte de nuestra vida cotidiana tanto Nestlé como Nike, Toyota o Shell, Lewis, Windows o Sony. A nadie sorprende ver los símbolos ®, © o en cualquier producto: un libro o un televisor, un vibromasajeador o un bisturí. Las marcas que se impusieron en el mercado hacen parte fundamental de nuestra vida, por lo que todo está preparado para que nadie reaccione el día que las encontremos en el agua potable de cualquier grifo público, la carne que comamos o el aire que respiremos, así como hoy la frase "Me encanta" (en los idiomas más hablados) es propiedad del gigante comercial McDonald's. El mundo del capitalismo desarrollado es el mundo de las marcas comerciales que manejan a la humanidad.
Y de que la manejan… ¡la manejan! ¡No caben dudas al respecto! Esas marcas están tan incorporadas en nuestros imaginarios que no es fácil tomar distancia de ellas. Incluso funcionan con independencia de la elección voluntaria, intelectual. Un niño que aún no entró en el mundo de la lecto-escritura, o una persona adulta analfabeta, están preparados para reconocer (y por tanto consumir) trade marks por los logotipos identificatorios, por sus colores o una frase musical asociada. ¿Quién deja de identificar hamburguesas de tal marca, o bebidas gaseosas de tal otra, aunque no "lea" su publicidad en sentido estricto? La marca se impone, emotivamente además, y por tanto impone conductas.
La publicidad como actividad profesional y la imposición de marcas registradas llegó para quedarse con el desarrollo del mundo moderno. En estos momentos las agencias publicitarias facturan más de 100.000 millones de dólares anualmente a nivel global, y su importancia es decisiva para el mantenimiento de las sociedades de mercado. "Lo que hace grande a este país es la creación de necesidades y deseos, la creación de la insatisfacción por lo viejo y fuera de moda", manifestó el gerente de la agencia publicitaria estadounidense BBDO, una de las más grandes del mundo. Las trade marks son el eslabón clave para ello. ¿Por qué se consumen "medicamentos de calidad" y no genéricos, por ejemplo? ¿Por qué tal o cual marca de cigarro "que marca su nivel" y no simplemente tabaco? La misma ropa "fina" es ensamblada por las mismas manos en las mismas factorías y con los mismos materiales que la ropa popular, pero se paga la "marca" en una elegante boutique.
Pero son posibles otras opciones. El software libre, por ejemplo, es una indicación respecto a que otro mundo basado en criterios de solidaridad que va más allá de una patente comercial sin dudas es posible. El reto es empezar a construirlo puesto que, tal como dijo un dirigente indígena de las selvas ecuatorianas -que, por cierto, no es ningún "primitivo"-: "no entiendo por qué nos matan a nosotros y destruyen nuestros bosques sacando petróleo para alimentar carros y más carros en una ciudad ya atestada de carros como Nueva York". Ir contra el imperio de las marcas registradas y lo que el mismo implica no sólo es posible: es imprescindible para pensar un mundo sostenible en el tiempo, más armónico y menos violento que el actual.