¡YA BASTA!
La violencia es una de las “cárcavas” que están socavando a toda velocidad los endebles cimientos de las instituciones nacionales, tanto públicas como privadas. Las otras son la impunidad y la exclusión. Esa nefasta trilogía afecta, por lo general, la vida de las mayorías populares; son sus víctimas ancestrales. La fatalidad puede sobrevenir en un instante o a pausas. Y los daños que producen sus componentes, solos o agrupados, están hundiendo a El Salvador. Cada día que pasa, llueva o no, se sumerge más la esperanza de la gente; aquella que tantas veces y tantas voces le prometieron en los llamados “acuerdos de paz” o durante la propaganda electorera: una sociedad donde se pueda vivir sin la, hasta hoy, justificada costumbre de verificar que nadie te siga o venga a tu encuentro para asaltarte o asesinarte.
La figura de un boquete que crece día tras día, quizás sea la más apropiada para ilustrar la situación. No hay quien le ponga freno. No se trata sólo de las cifras diarias de homicidios o el recuento anual de todos los hechos criminales. A eso deben agregarse la frialdad y la bestialidad con que se cometen, explicables en buena medida por la impunidad imperante.
Probablemente nadie se imaginó que un grupo de criminales incendiaría una unidad del transporte público con sus ocupantes adentro. Durante la guerra se quemaron buses, pero sin sus pasajeros. La inseguridad siempre ha caracterizado ese “servicio”, desde las condiciones mecánicas de los automotores y su temeraria conducción hasta los frecuentes asaltos a las personas usuarias. A ello se suma la muerte de motoristas, cobradores y empresarios, que el año pasado dejó un saldo rojo de ciento treinta y siete víctimas; en el 2010, ya ronda las setenta y siete.
Pero lo que ocurrió este domingo 20 de junio, superó cualquier suceso anterior. Al menos once personas murieron calcinadas en el momento, cuando un grupo criminal le roció gasolina y le dio fuego a un microbus de la ruta 47 en la ciudad de Mejicanos. Una de las víctimas tenía dieciocho meses de edad. Dos días después, el martes 22, falleció otra persona en el hospital donde era atendida. Minutos antes de la dantesca quema del bus, en la misma zona ejecutaron a balazos a dos niñas –una de siete y otra de nueve años– y al cobrador dentro de una unidad de la ruta 32. En total, cincuenta y tres personas fueron ejecutadas ese fin de semana.
¡Ya basta!
Este pueblo ha sufrido demasiado desde siempre: conquista sangrienta, guerras con países vecinos, genocidio en 1932 y las masacres, desapariciones forzadas, ejecuciones sumarias, detenciones ilegales y personas torturadas antes y durante la guerra. En esos eventos las víctimas las puso, sobre todo, el pueblo pobre. Y resulta que hoy, con los rivales en el campo de batalla disfrutando su negociada paz y alternándose el poder político, las mismas mayorías populares siguen sufriendo el azote de grupos criminales sin que unos y otros –los que se protegieron con la impunidad después del conflicto armado y quienes ahora no los quieren tocar– se pongan de acuerdo para enfrentar la situación y superarla de una vez por todas.
Se debe insistir: el rostro de las víctimas es el de la exclusión económica y social. Es el de las personas que no tienen otra que movilizarse en el deficiente e inseguro transporte público, que mandan a sus hijos e hijas a las escuelas públicas, que no tienen para la satisfacción humana y decente de sus necesidades más básicas, que viven en zonas de alto riesgo, que les resulta impensable pagar una agencia particular para vigilar sus residencias y que sólo están “seguras” pagándole la “renta” a la delincuencia que las rodea o que vive entre ellas, que a diario mueren y a diario lloran ante los cadáveres de sus familiares.
Hay que condenar a quienes les producen angustias y sufrimientos; a quienes las amenazan y asesinan. También hay que señalar a quienes deberían investigarlos, arrestarlos, procesarlos y castigarlos. Porque prometieron que lo harían al tener poder ejecutivo, legislativo, judicial o fiscal y no lo han hecho; ni siquiera lo han comenzado a hacer, porque no quieren o porque no pueden. Todos los planes y las reformas han fracasado: el endurecimiento de las leyes, el uso de los militares, las manos duras y súper duras… ¿Acaso eso no demuestra que más que músculo se requiere cerebro?
Aunque sean las personas más humildes quienes más sufren, fuera de los verdaderos “intocables” –mafias del crimen organizado violadoras de derechos humanos, corruptoras la “cosa pública” y traficantes de lo que sea– nadie está a salvo. El viernes 19 de junio encontraron el cadáver de José Mauricio Zablah, quien fuera presidente de la Cámara de Comercio de San Miguel; asimismo, tres personas fueron asesinadas en la colonia Utila de Santa Tecla. Ser funcionario público no es garantía de nada: la desaparición reciente de un integrante de la Procuraduría General de la República lo demuestra; también hay que recordar el asesinato de un policía, su madre y su hija o el intento de asalto a familiares del vicepresidente de la República, Salvador Sánchez Cerén.
Mientras, el presidente de la República continúa renegando de la herencia que recibió y no invierte el “capital político” que aún preserva en el impulso de acciones audaces y valientes; al interior de la Corte Suprema de Justicia, sus miembros siguen peleando entre sí; en la Asamblea Legislativa lo prioritario es debilitar al adversario, mantener privilegios o evitar más deserciones. Y el Fiscal General de la República sigue sin aparecer, ni siquiera ante los medios de comunicación; eso no sería lo importante, si su protagonismo radicara en el combate exitoso de la criminalidad.
Las personas, organizaciones e instituciones que firman este pronunciamiento reiteran su enérgica condena a los asesinos de las humildes personas incineradas el pasado domingo; también a quienes desde la administración pública producen a diario –con sus decisiones erradas– más víctimas mortales y más familias desconsoladas, aterrorizadas y sin saber qué hacer. ¿Cuántos niños y cuántas niñas, cuántas mujeres y cuántos hombres más tienen que morir para que la sociedad salvadoreña se vuelva a organizar? Eso es lo que se necesita hacer. Quizás no como antes, cuando una parte encaró a la dictadura militar y sus patrones mientras otra se creyó el discurso oficial que equiparaba la lucha por la democracia con una “traición a la Patria”. Más que el enfrentamiento entre iguales –porque la violencia impune actual iguala a todas las víctimas– hay que fomentar una participación ciudadana organizada que se plante como un todo fuerte y poderoso ante los políticos, las políticas y sus partidos, ante la administración pública incapaz y demagoga en todas sus manifestaciones, ante los grandes capitales y ante quien sea para demandar que se enfrente y supere tan insoportable crisis nacional.
No se valen ya ni promesas ni pésames. Es inadmisible que la muerte siga rondando día y noche a la niñez, la adolescencia y la juventud salvadoreñas; que la gente necesitada del sustento diario, individual y familiar, se juegue la vida al salir a buscarlo. El Salvador se está hundiendo dentro de un mar de sangre, en medio de una irresponsable ineficacia estatal. De una vez por todas, la población víctima de esos dos males debe gritar al unísono: ¡Ya basta! Y debe actuar como un solo cuerpo doliente, para que ese reclamo tenga respuesta.
Un espacio de intercambio de opiniones, de debate, donde podamos compartir y expresarnos libremente. ¿Me acompaña a discutir?
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jueves, 24 de junio de 2010
sábado, 6 de marzo de 2010
El Salvador, El Estado puesto en función de la persona humana (Homos Machus Cabríus Guanacus)
Hola queridas y queridos centroamericanistas, a continuación posteo un ensayo con el que estoy participando en un concurso de ensayos sobre equidad de género, espero lo comenten y les guste, este video también puede dar una luz, es de la Voz de Michoacán, México; y con un par de canciones para que disfruten.
El Salvador
El Estado puesto en función de la persona humana (Homos Machus Cabríus Guanacus)
Por René Franco
Y por criticona y además loca, la encarcelaron, agregaría Roque Dalton “Y para variar Santaneca”, quería ser presidenta, pero la justicia fue injusta y no la dejaron. Prudencia Ayala, ha sido es y será sin duda alguna, la mayor activista por los Derechos de la Mujer que El Salvador haya conocido. En aquél momento la Constitución de la República en su Artículo 1, no rezaba lo que ahora: “Art. 1.- El Salvador reconoce a la persona humana como el origen y el fin de la actividad del Estado, que está organizado para la consecución de la justicia, de la seguridad jurídica y del bien común”.
Por lo anterior, hacer un homenaje a Prudencia por medio de estas líneas, no es sino lo menos que se puede hacer, cuando se está convencida o convencido que todo programa y planteamiento revolucionario debe estar aparejado no sólo de la emancipación del proletariado, sino también por la lucha a favor de la liberación de la mujer, y que la estratificación social, no es solo entre quienes poseen medios de producción y quienes no los tienen, sino también entre hombres y mujeres.
Al hablar de lucha de clases, puede pensarse que el sistema patriarcal, y el machismo que impera en las sociedades actuales, nace junto con el modo de producción capitalista, pero entonces ¿de dónde surge el machismo? Probablemente, la respuesta la encontremos en el surgimiento de la propiedad privada, pues a partir de la asignación –implícita o no- de roles en la sociedad, ésta se transforma, poniéndose en función del hombre; en donde la mujer además de ser explotada por el capitalismo, es también oprimida por el hombre. En El Salvador, la situación es grave, porque no sólo es el país demográficamente más poblado a nivel de América Latina, sino al mismo tiempo, siendo las mujeres mayoría de población, -más del 50% según estadísticas- existe una diferencia salarial de entre el 11% y el 13%, y en donde las instituciones públicas y o privadas no es la excepción, y lo peor es que en aquellas instituciones en donde se supone debería haber más equidad por el tipo y naturaleza de trabajo realizado, la única mujer educadora en derechos humanos, en la Escuela de Derechos Humanos de la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos de El Salvador, gana aproximadamente $400 menos que sus compañeros hombres.
Ahora bien, frente a una realidad tan adversa; en donde el Estado está puesto en función del hombre, y en donde la mujer juega un rol ajeno al propio, -desde salir semidesnuda en un anuncio de telefonía celular, hasta servir café y cemita en la reunión del sindicato- ¿Qué hay que hacer? ¿Qué alternativas de cambio pueden plantearse frente a este contexto? El feminismo, sin duda alguna, es la solución a esto. Pero ¿qué tipo de feminismo debe construirse, y qué tipo de banderas de lucha deben levantarse? Particularmente considero que si bien es cierto, hay que luchar porque cada día más las mujeres, ocupen espacios en los diferentes espacios y sectores, de la sociedad, no debe condicionarse esta participación a ser buena o mala, sino otorgar estos espacios y que sean las mujeres, quienes hagan acopio de su oportunidad de participar, para hacerlo de la mejor manera posible. Las mujeres deben entonces, combatir por ocupar cada día más, curules en la Asamblea Legislativa, Despachos como Alcaldesas, en los diferentes municipios del país, y por qué no, construir una candidatura presidencial, presidida por una mujer; además de liderar en otras áreas, que tradicionalmente han sido lideradas por hombres, como el desempeño de ciertas labores, el estudio de ciertas carreras, entre otras.
Lo anterior por supuesto no es suficiente, pues en El Salvador, la sociedad machista y patriarcal que impera, no se agotará con la igualdad en la participación política, sino con la edificación de un nuevo tipo de sociedad, que esté cimentado fundamentalmente, en un modelo de masculinidad diferente, desarraigado de hegemonías machistas, respetuoso de los derechos humanos de todos y todas, armónico empezando en el lenguaje, pero que además promueva la no violencia, como salida a cualquier tipo de conflicto; modelo que debería empezar a construirse desde las instituciones clásicas de la sociedad: la escuela, la familia, las iglesias; en donde las mujeres no sean también reproductoras del machismo, y que promuevan entre sus semejantes, la valoración de ellas mismas, de sus cuerpos, de sus cualidades, de sus capacidades, y que conjuntamente aspiren a no verse como un objeto de plena satisfacción sexual para el hombre, o como las encargadas “por mandato divino” de reproducirse y criar hijos e hijas, sino que ansíen participar de la sociedad ocupando el papel que siempre han tenido, y que no han ocupado, o no se les ha dejado ocupar.
Para que en El Salvador, la situación mejore; el feminismo que debe promoverse, debe desarraigarse de viejos resabios burgueses, en donde a la mujer se le otorgan espacios de participación mínimos, como servir café, en las reuniones y/o asambleas, o simplemente ir y escuchar; la mujer también debe necesariamente, incidir en las decisiones –pero además- tomar decisiones. La lucha por la emancipación de la mujer proletaria, trabajadora, debe inexcusablemente estar a la par de la liberación antiimperialista, anticapitalista y por la erradicación de las clases sociales, en un mundo tan desigual en donde las y los pobres se empobrecen cada día más, y en un país que mide menos de veintiún mil kilómetros cuadrados, poseyendo seis punto uno millones de habitantes, donde un pequeño grupo que constituye menos del 0.03% posee una gran fortuna, convirtiéndonos en el país más desigual de América Latina, en donde la riqueza se distribuye de la manera más desigual posible, y por la disolución de la propiedad privada, esta ha sido, es y será la utopía que guiará al movimiento feminista; y que tendrá como horizonte la existencia de modelos de sociedades diferentes a las actuales, en donde el Bien Común y el Bienestar General, sean disfrutados por mujeres y hombres en un contexto de equidad e igualdad; pues en un entorno en donde la mujer es doblemente explotada; el fin de la opresión y explotación a la mujer salvadoreña, dependerá de la liberación de la clase trabajadora, del yugo del capitalismo, y del imperialismo en todas sus etapas históricas.
El Salvador
El Estado puesto en función de la persona humana (Homos Machus Cabríus Guanacus)
Por René Franco
Y por criticona y además loca, la encarcelaron, agregaría Roque Dalton “Y para variar Santaneca”, quería ser presidenta, pero la justicia fue injusta y no la dejaron. Prudencia Ayala, ha sido es y será sin duda alguna, la mayor activista por los Derechos de la Mujer que El Salvador haya conocido. En aquél momento la Constitución de la República en su Artículo 1, no rezaba lo que ahora: “Art. 1.- El Salvador reconoce a la persona humana como el origen y el fin de la actividad del Estado, que está organizado para la consecución de la justicia, de la seguridad jurídica y del bien común”.
Por lo anterior, hacer un homenaje a Prudencia por medio de estas líneas, no es sino lo menos que se puede hacer, cuando se está convencida o convencido que todo programa y planteamiento revolucionario debe estar aparejado no sólo de la emancipación del proletariado, sino también por la lucha a favor de la liberación de la mujer, y que la estratificación social, no es solo entre quienes poseen medios de producción y quienes no los tienen, sino también entre hombres y mujeres.
Al hablar de lucha de clases, puede pensarse que el sistema patriarcal, y el machismo que impera en las sociedades actuales, nace junto con el modo de producción capitalista, pero entonces ¿de dónde surge el machismo? Probablemente, la respuesta la encontremos en el surgimiento de la propiedad privada, pues a partir de la asignación –implícita o no- de roles en la sociedad, ésta se transforma, poniéndose en función del hombre; en donde la mujer además de ser explotada por el capitalismo, es también oprimida por el hombre. En El Salvador, la situación es grave, porque no sólo es el país demográficamente más poblado a nivel de América Latina, sino al mismo tiempo, siendo las mujeres mayoría de población, -más del 50% según estadísticas- existe una diferencia salarial de entre el 11% y el 13%, y en donde las instituciones públicas y o privadas no es la excepción, y lo peor es que en aquellas instituciones en donde se supone debería haber más equidad por el tipo y naturaleza de trabajo realizado, la única mujer educadora en derechos humanos, en la Escuela de Derechos Humanos de la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos de El Salvador, gana aproximadamente $400 menos que sus compañeros hombres.
Ahora bien, frente a una realidad tan adversa; en donde el Estado está puesto en función del hombre, y en donde la mujer juega un rol ajeno al propio, -desde salir semidesnuda en un anuncio de telefonía celular, hasta servir café y cemita en la reunión del sindicato- ¿Qué hay que hacer? ¿Qué alternativas de cambio pueden plantearse frente a este contexto? El feminismo, sin duda alguna, es la solución a esto. Pero ¿qué tipo de feminismo debe construirse, y qué tipo de banderas de lucha deben levantarse? Particularmente considero que si bien es cierto, hay que luchar porque cada día más las mujeres, ocupen espacios en los diferentes espacios y sectores, de la sociedad, no debe condicionarse esta participación a ser buena o mala, sino otorgar estos espacios y que sean las mujeres, quienes hagan acopio de su oportunidad de participar, para hacerlo de la mejor manera posible. Las mujeres deben entonces, combatir por ocupar cada día más, curules en la Asamblea Legislativa, Despachos como Alcaldesas, en los diferentes municipios del país, y por qué no, construir una candidatura presidencial, presidida por una mujer; además de liderar en otras áreas, que tradicionalmente han sido lideradas por hombres, como el desempeño de ciertas labores, el estudio de ciertas carreras, entre otras.
Lo anterior por supuesto no es suficiente, pues en El Salvador, la sociedad machista y patriarcal que impera, no se agotará con la igualdad en la participación política, sino con la edificación de un nuevo tipo de sociedad, que esté cimentado fundamentalmente, en un modelo de masculinidad diferente, desarraigado de hegemonías machistas, respetuoso de los derechos humanos de todos y todas, armónico empezando en el lenguaje, pero que además promueva la no violencia, como salida a cualquier tipo de conflicto; modelo que debería empezar a construirse desde las instituciones clásicas de la sociedad: la escuela, la familia, las iglesias; en donde las mujeres no sean también reproductoras del machismo, y que promuevan entre sus semejantes, la valoración de ellas mismas, de sus cuerpos, de sus cualidades, de sus capacidades, y que conjuntamente aspiren a no verse como un objeto de plena satisfacción sexual para el hombre, o como las encargadas “por mandato divino” de reproducirse y criar hijos e hijas, sino que ansíen participar de la sociedad ocupando el papel que siempre han tenido, y que no han ocupado, o no se les ha dejado ocupar.
Para que en El Salvador, la situación mejore; el feminismo que debe promoverse, debe desarraigarse de viejos resabios burgueses, en donde a la mujer se le otorgan espacios de participación mínimos, como servir café, en las reuniones y/o asambleas, o simplemente ir y escuchar; la mujer también debe necesariamente, incidir en las decisiones –pero además- tomar decisiones. La lucha por la emancipación de la mujer proletaria, trabajadora, debe inexcusablemente estar a la par de la liberación antiimperialista, anticapitalista y por la erradicación de las clases sociales, en un mundo tan desigual en donde las y los pobres se empobrecen cada día más, y en un país que mide menos de veintiún mil kilómetros cuadrados, poseyendo seis punto uno millones de habitantes, donde un pequeño grupo que constituye menos del 0.03% posee una gran fortuna, convirtiéndonos en el país más desigual de América Latina, en donde la riqueza se distribuye de la manera más desigual posible, y por la disolución de la propiedad privada, esta ha sido, es y será la utopía que guiará al movimiento feminista; y que tendrá como horizonte la existencia de modelos de sociedades diferentes a las actuales, en donde el Bien Común y el Bienestar General, sean disfrutados por mujeres y hombres en un contexto de equidad e igualdad; pues en un entorno en donde la mujer es doblemente explotada; el fin de la opresión y explotación a la mujer salvadoreña, dependerá de la liberación de la clase trabajadora, del yugo del capitalismo, y del imperialismo en todas sus etapas históricas.
El Salvador, El Estado puesto en función de la persona humana (Homos Machus Cabríus Guanacus)
Hola queridas y queridos centroamericanistas, a continuación posteo un ensayo con el que estoy participando en un concurso de ensayos sobre equidad de género, espero lo comenten y les guste, este video también puede dar una luz, es de la Voz de Michoacán, México.
El Salvador
El Estado puesto en función de la persona humana (Homos Machus Cabríus Guanacus)
Por René Franco
Y por criticona y además loca, la encarcelaron, agregaría Roque Dalton “Y para variar Santaneca”, quería ser presidenta, pero la justicia fue injusta y no la dejaron. Prudencia Ayala, ha sido es y será sin duda alguna, la mayor activista por los Derechos de la Mujer que El Salvador haya conocido. En aquél momento la Constitución de la República en su Artículo 1, no rezaba lo que ahora: “Art. 1.- El Salvador reconoce a la persona humana como el origen y el fin de la actividad del Estado, que está organizado para la consecución de la justicia, de la seguridad jurídica y del bien común”.
Por lo anterior, hacer un homenaje a Prudencia por medio de estas líneas, no es sino lo menos que se puede hacer, cuando se está convencida o convencido que todo programa y planteamiento revolucionario debe estar aparejado no sólo de la emancipación del proletariado, sino también por la lucha a favor de la liberación de la mujer, y que la estratificación social, no es solo entre quienes poseen medios de producción y quienes no los tienen, sino también entre hombres y mujeres.
Al hablar de lucha de clases, puede pensarse que el sistema patriarcal, y el machismo que impera en las sociedades actuales, nace junto con el modo de producción capitalista, pero entonces ¿de dónde surge el machismo? Probablemente, la respuesta la encontremos en el surgimiento de la propiedad privada, pues a partir de la asignación –implícita o no- de roles en la sociedad, ésta se transforma, poniéndose en función del hombre; en donde la mujer además de ser explotada por el capitalismo, es también oprimida por el hombre. En El Salvador, la situación es grave, porque no sólo es el país demográficamente más poblado a nivel de América Latina, sino al mismo tiempo, siendo las mujeres mayoría de población, -más del 50% según estadísticas- existe una diferencia salarial de entre el 11% y el 13%, y en donde las instituciones públicas y o privadas no es la excepción, y lo peor es que en aquellas instituciones en donde se supone debería haber más equidad por el tipo y naturaleza de trabajo realizado, la única mujer educadora en derechos humanos, en la Escuela de Derechos Humanos de la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos de El Salvador, gana aproximadamente $400 menos que sus compañeros hombres.
Ahora bien, frente a una realidad tan adversa; en donde el Estado está puesto en función del hombre, y en donde la mujer juega un rol ajeno al propio, -desde salir semidesnuda en un anuncio de telefonía celular, hasta servir café y cemita en la reunión del sindicato- ¿Qué hay que hacer? ¿Qué alternativas de cambio pueden plantearse frente a este contexto? El feminismo, sin duda alguna, es la solución a esto. Pero ¿qué tipo de feminismo debe construirse, y qué tipo de banderas de lucha deben levantarse? Particularmente considero que si bien es cierto, hay que luchar porque cada día más las mujeres, ocupen espacios en los diferentes espacios y sectores, de la sociedad, no debe condicionarse esta participación a ser buena o mala, sino otorgar estos espacios y que sean las mujeres, quienes hagan acopio de su oportunidad de participar, para hacerlo de la mejor manera posible. Las mujeres deben entonces, combatir por ocupar cada día más, curules en la Asamblea Legislativa, Despachos como Alcaldesas, en los diferentes municipios del país, y por qué no, construir una candidatura presidencial, presidida por una mujer; además de liderar en otras áreas, que tradicionalmente han sido lideradas por hombres, como el desempeño de ciertas labores, el estudio de ciertas carreras, entre otras.
Lo anterior por supuesto no es suficiente, pues en El Salvador, la sociedad machista y patriarcal que impera, no se agotará con la igualdad en la participación política, sino con la edificación de un nuevo tipo de sociedad, que esté cimentado fundamentalmente, en un modelo de masculinidad diferente, desarraigado de hegemonías machistas, respetuoso de los derechos humanos de todos y todas, armónico empezando en el lenguaje, pero que además promueva la no violencia, como salida a cualquier tipo de conflicto; modelo que debería empezar a construirse desde las instituciones clásicas de la sociedad: la escuela, la familia, las iglesias; en donde las mujeres no sean también reproductoras del machismo, y que promuevan entre sus semejantes, la valoración de ellas mismas, de sus cuerpos, de sus cualidades, de sus capacidades, y que conjuntamente aspiren a no verse como un objeto de plena satisfacción sexual para el hombre, o como las encargadas “por mandato divino” de reproducirse y criar hijos e hijas, sino que ansíen participar de la sociedad ocupando el papel que siempre han tenido, y que no han ocupado, o no se les ha dejado ocupar.
Para que en El Salvador, la situación mejore; el feminismo que debe promoverse, debe desarraigarse de viejos resabios burgueses, en donde a la mujer se le otorgan espacios de participación mínimos, como servir café, en las reuniones y/o asambleas, o simplemente ir y escuchar; la mujer también debe necesariamente, incidir en las decisiones –pero además- tomar decisiones. La lucha por la emancipación de la mujer proletaria, trabajadora, debe inexcusablemente estar a la par de la liberación antiimperialista, anticapitalista y por la erradicación de las clases sociales, en un mundo tan desigual en donde las y los pobres se empobrecen cada día más, y en un país que mide menos de veintiún mil kilómetros cuadrados, poseyendo seis punto uno millones de habitantes, donde un pequeño grupo que constituye menos del 0.03% posee una gran fortuna, convirtiéndonos en el país más desigual de América Latina, en donde la riqueza se distribuye de la manera más desigual posible, y por la disolución de la propiedad privada, esta ha sido, es y será la utopía que guiará al movimiento feminista; y que tendrá como horizonte la existencia de modelos de sociedades diferentes a las actuales, en donde el Bien Común y el Bienestar General, sean disfrutados por mujeres y hombres en un contexto de equidad e igualdad; pues en un entorno en donde la mujer es doblemente explotada; el fin de la opresión y explotación a la mujer salvadoreña, dependerá de la liberación de la clase trabajadora, del yugo del capitalismo, y del imperialismo en todas sus etapas históricas.
El Salvador
El Estado puesto en función de la persona humana (Homos Machus Cabríus Guanacus)
Por René Franco
Y por criticona y además loca, la encarcelaron, agregaría Roque Dalton “Y para variar Santaneca”, quería ser presidenta, pero la justicia fue injusta y no la dejaron. Prudencia Ayala, ha sido es y será sin duda alguna, la mayor activista por los Derechos de la Mujer que El Salvador haya conocido. En aquél momento la Constitución de la República en su Artículo 1, no rezaba lo que ahora: “Art. 1.- El Salvador reconoce a la persona humana como el origen y el fin de la actividad del Estado, que está organizado para la consecución de la justicia, de la seguridad jurídica y del bien común”.
Por lo anterior, hacer un homenaje a Prudencia por medio de estas líneas, no es sino lo menos que se puede hacer, cuando se está convencida o convencido que todo programa y planteamiento revolucionario debe estar aparejado no sólo de la emancipación del proletariado, sino también por la lucha a favor de la liberación de la mujer, y que la estratificación social, no es solo entre quienes poseen medios de producción y quienes no los tienen, sino también entre hombres y mujeres.
Al hablar de lucha de clases, puede pensarse que el sistema patriarcal, y el machismo que impera en las sociedades actuales, nace junto con el modo de producción capitalista, pero entonces ¿de dónde surge el machismo? Probablemente, la respuesta la encontremos en el surgimiento de la propiedad privada, pues a partir de la asignación –implícita o no- de roles en la sociedad, ésta se transforma, poniéndose en función del hombre; en donde la mujer además de ser explotada por el capitalismo, es también oprimida por el hombre. En El Salvador, la situación es grave, porque no sólo es el país demográficamente más poblado a nivel de América Latina, sino al mismo tiempo, siendo las mujeres mayoría de población, -más del 50% según estadísticas- existe una diferencia salarial de entre el 11% y el 13%, y en donde las instituciones públicas y o privadas no es la excepción, y lo peor es que en aquellas instituciones en donde se supone debería haber más equidad por el tipo y naturaleza de trabajo realizado, la única mujer educadora en derechos humanos, en la Escuela de Derechos Humanos de la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos de El Salvador, gana aproximadamente $400 menos que sus compañeros hombres.
Ahora bien, frente a una realidad tan adversa; en donde el Estado está puesto en función del hombre, y en donde la mujer juega un rol ajeno al propio, -desde salir semidesnuda en un anuncio de telefonía celular, hasta servir café y cemita en la reunión del sindicato- ¿Qué hay que hacer? ¿Qué alternativas de cambio pueden plantearse frente a este contexto? El feminismo, sin duda alguna, es la solución a esto. Pero ¿qué tipo de feminismo debe construirse, y qué tipo de banderas de lucha deben levantarse? Particularmente considero que si bien es cierto, hay que luchar porque cada día más las mujeres, ocupen espacios en los diferentes espacios y sectores, de la sociedad, no debe condicionarse esta participación a ser buena o mala, sino otorgar estos espacios y que sean las mujeres, quienes hagan acopio de su oportunidad de participar, para hacerlo de la mejor manera posible. Las mujeres deben entonces, combatir por ocupar cada día más, curules en la Asamblea Legislativa, Despachos como Alcaldesas, en los diferentes municipios del país, y por qué no, construir una candidatura presidencial, presidida por una mujer; además de liderar en otras áreas, que tradicionalmente han sido lideradas por hombres, como el desempeño de ciertas labores, el estudio de ciertas carreras, entre otras.
Lo anterior por supuesto no es suficiente, pues en El Salvador, la sociedad machista y patriarcal que impera, no se agotará con la igualdad en la participación política, sino con la edificación de un nuevo tipo de sociedad, que esté cimentado fundamentalmente, en un modelo de masculinidad diferente, desarraigado de hegemonías machistas, respetuoso de los derechos humanos de todos y todas, armónico empezando en el lenguaje, pero que además promueva la no violencia, como salida a cualquier tipo de conflicto; modelo que debería empezar a construirse desde las instituciones clásicas de la sociedad: la escuela, la familia, las iglesias; en donde las mujeres no sean también reproductoras del machismo, y que promuevan entre sus semejantes, la valoración de ellas mismas, de sus cuerpos, de sus cualidades, de sus capacidades, y que conjuntamente aspiren a no verse como un objeto de plena satisfacción sexual para el hombre, o como las encargadas “por mandato divino” de reproducirse y criar hijos e hijas, sino que ansíen participar de la sociedad ocupando el papel que siempre han tenido, y que no han ocupado, o no se les ha dejado ocupar.
Para que en El Salvador, la situación mejore; el feminismo que debe promoverse, debe desarraigarse de viejos resabios burgueses, en donde a la mujer se le otorgan espacios de participación mínimos, como servir café, en las reuniones y/o asambleas, o simplemente ir y escuchar; la mujer también debe necesariamente, incidir en las decisiones –pero además- tomar decisiones. La lucha por la emancipación de la mujer proletaria, trabajadora, debe inexcusablemente estar a la par de la liberación antiimperialista, anticapitalista y por la erradicación de las clases sociales, en un mundo tan desigual en donde las y los pobres se empobrecen cada día más, y en un país que mide menos de veintiún mil kilómetros cuadrados, poseyendo seis punto uno millones de habitantes, donde un pequeño grupo que constituye menos del 0.03% posee una gran fortuna, convirtiéndonos en el país más desigual de América Latina, en donde la riqueza se distribuye de la manera más desigual posible, y por la disolución de la propiedad privada, esta ha sido, es y será la utopía que guiará al movimiento feminista; y que tendrá como horizonte la existencia de modelos de sociedades diferentes a las actuales, en donde el Bien Común y el Bienestar General, sean disfrutados por mujeres y hombres en un contexto de equidad e igualdad; pues en un entorno en donde la mujer es doblemente explotada; el fin de la opresión y explotación a la mujer salvadoreña, dependerá de la liberación de la clase trabajadora, del yugo del capitalismo, y del imperialismo en todas sus etapas históricas.
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