Un espacio de intercambio de opiniones, de debate, donde podamos compartir y expresarnos libremente. ¿Me acompaña a discutir?
viernes, 15 de febrero de 2013
jueves, 14 de febrero de 2013
Guatemala: La forma de negociar del rector Estuardo Gálvez, ante la toma pacífica de Rectoría
Esta es la forma en la que el Rector Estuardo Gálvez, busca negociar con las compañeras y los compañeros de Estudiantes por la Reforma, quienes de forma pacífica mantienen tomado el edificio de Rectoría!
miércoles, 13 de febrero de 2013
La profesión militar: un absurdo
Marcelo Colussi
"Tomamos las armas para abrir paso a un mundo en el que ya no sean necesarios los ejércitos".
Subcomandante Marcos
Está claro: un zapatero arregla zapatos, una enfermera cuida de los enfermos, una azafata atiende a los pasajeros en vuelo y un músico alegra el espíritu con la música. ¿Cuál es la función específica de un militar? Matar. Un militar se prepara para la guerra, para eliminar enemigos: su oficio, lisa y llanamente es matar gente, matar otros seres humanos. Más aún: se llega al absurdo patético que cuantos más seres humanos mata, mejor profesional es. Se le premia por eso, se le condecora, se le nombra "héroe de la patria". ¿Cómo se ha llegado a tamaña irracionalidad?
Todos los oficios aportan un beneficio social: producen bienes y/o servicios que facilitan la vida, la mejoran, elevan su calidad. ¿Qué aporta un militar? ¿Quién se beneficia con el matar? Seguramente alguien, por eso existe la profesión. Las mayorías populares, no. Se podrá decir que están para "defender a la patria". ¿Podemos hoy día siquiera decirlo con un mínimo de seriedad eso? ¿Qué patria? Incluso el capitalismo globalizado actual ya está prescindiendo de la vieja idea de Estado-nación, simplemente porque no la necesita. ¿Quién se beneficia entonces de las guerras, del acto de aniquilar a otros?
Los militares, a los que nadie llama "asesinos", no son un caso patológico, una pústula social peligrosa, un tumor del cual el colectivo deba defenderse como sí debe hacerlo, por ejemplo, de un homicida psicópata, de un violador, de un desequilibrado que empieza a disparar a diestra y siniestra sin razón. Por el contrario, constituyen una corporación profesional reputada, bien pagada, de la que ninguna sociedad pareciera querer prescindir. Más aún: el ámbito humano donde más se investiga, donde más se invierte, que produce las más fabulosas ganancias en términos empresariales y que tiene la mayor cuota de influencia política es, nada más y nada menos, el que tiene que ver con lo militar, con la guerra, con la muerte. ¿Somos patéticamente absurdos los seres humanos en tanto especie?
Cualquier oficio, actividad o profesión brinda un aporte a la comunidad, y si falta se produce un vacío, se deja de recibir una prestación que viene a llenar alguna necesidad. Si faltan los zapateros, ¿quién haría o repararía los zapatos? Si no hubiera más enfermeras, ¿quién mantendría los sistemas de salud con su trabajo silencioso del día a día? ¿Qué pasaría si faltaran los basureros? Las montañas de basura nos taparían. Pero, si faltan los militares, ¿alguien se perjudica? Seguramente no la mayoría.
Esto es: la "raza" militar cumple una actividad que tiene como objetivo matar semejantes, no produce ningún bien de utilidad pública, podría desaparecer sin afectar a nadie. La pretendida "defensa de la patria" no da de comer a los ciudadanos de a pie. A no ser que estemos de acuerdo con que su oficio llena una sentida necesidad como los zapateros, las enfermeras o los basureros; pero, en realidad, no es el caso. Hasta incluso podríamos abrir la pregunta en torno a la necesidad de la así llamada profesión "más vieja del mundo": ¿podrá haber sociedades sin trabajadoras sexuales? Interrogante de difícil respuesta seguramente. Pero el arte de matar, que ya está tan "normalizado" que no llama la atención, abre preguntas más complejas aún. ¿Para qué está entonces el cuerpo castrense? ¿Qué necesidad cubre? ¿A quién sirve? De los basureros, las enfermeras o incluso las sexoservidoras está claro su cometido; no así con los militares.
La respuesta a esta pregunta nos lleva forzosamente a revisar la distribución del poder en las sociedades, en la historia humana; son los factores de poder los que medran con la guerra, con la invasión, con el ataque. A más poder, más beneficios derivados de su ejercicio violento. El poder se mantiene y perpetúa por la fuerza, tanto por la amenaza de usarla, como por su uso concreto; y para eso están los encargados de ejercerla, los profesionales de la muerte. Pero hay que agregar inmediatamente: se benefician algunos, las elites, los grupos privilegiados. El común de la gente, no. La gran mayoría silenciosa, en todo caso, padece los efectos de esa profesión, cosa que no se podría decir de ningún otro gremio.
Por cierto, todo esto viene de lejos en la historia humana; entre las cosas que se repiten desde siempre en toda formación cultural está la guerra. Y ahí están, obviamente, los militares, desde los primeros guerreros con hachas y palos hasta la guerra de las galaxias con armamento nuclear. ¿Es nuestro destino? ¿Estamos condenados a matarnos, a ver en el "otro" diverso un enemigo que debe ser sometido a la fuerza? Hoy por hoy, lo repetimos, el oficio de la guerra es el más dinámico, el que mueve mayores recursos presentándose como imprescindible (¿qué país no cuenta con un cuerpo militar? La excepción, Suiza, hiperbólicamente confirma la regla: es el gran banco del mundo, y eso no se toca… ¡Para eso están los militares!). En esa lógica de "necesidad imprescindible" los militares pueden respirar tranquilos pues no se descubren signos de desocupación muy cercanos. Pero todo ello, justamente, nos debe llevar a abrir preguntas críticas. ¿Por qué esto es así? ¿Es ineluctable acaso? O si se quiere decirlo de otro modo: ¿vale más la defensa de la propiedad privada que la defensa de la vida?
La cultura del ámbito militar, su lógica, sus códigos, son incomprensibles para la vida no militar. La vida llamada normal, civil, no podría concebirse en aquellos términos. En el campo castrense –siempre, y en cualquier cultura– el objetivo es mantener un cuerpo de seres humanos dispuestos a entrar en combate pese a saber que en ello les puede ir la propia vida, y prontos a cumplir con lo que se le ordena. Esta falta total de pensamiento crítico ("las órdenes no se discuten; se acatan") es el mecanismo que posibilita que pueda darse todo lo anterior; si no, sería radicalmente imposible. Es decir: una de las instituciones humanas más extendidas, desarrolladas y poderosas está asentada sobre la más absoluta irracionalidad. ¿Quién podría morir gozoso por "su bandera" si no fuera militar? ¿Quién podría sentirse orgulloso de ser una "máquina de matar" –como sucede con los comandos elites– si no se es militar? Sólo siendo del gremio castrense se puede llegar a esa posición. ¿Irracional diríamos? La lógica militar tiene mucho de eso. Los desfiles nos lo recuerdan.
¿Para qué se marcha? ¿No tiene algo de proverbialmente estúpido caminar de una manera nada natural, más bien payasesca, todos al unísono, siguiendo una voz de mando? Sin dudas sí, pero esa práctica –ejemplo extremo de la cultura militar– presentifica el espíritu que está en juego: se hace de manera ciega lo que el superior ordena, sin importar ningún tipo de consideraciones, sin cuestionamientos, todos al unísono.
Si entendemos las cosas a la luz de una visión funcional, pragmática, habremos de encontrar razón de ser a cuanta actividad se nos ocurra: hay prostitución, o narcotráfico, o tratantes de esclavos, o hay venta de órganos humanos, simplemente porque hay una demanda de todo ello. En ese sentido, cada producto o servicio responde a una necesidad, cumple una función necesaria, y los militares llenan un cometido social, así como lo hacen igualmente los torturadores o los sicarios: hay militares, hay profesionales de la guerra, hay gente que se prepara para destruir enemigos porque la especie humana necesitaría de ese recurso.
Pero ¿es ese nuestro sino?, ¿es genético? ¿Necesitamos de la muerte del otro? ¿Quién lo dijo?
Así planteado, todo parece bastante trágico, sin salida. ¿Es verdaderamente ese nuestro destino? Quizá no podamos afirmarlo ni negarlo de forma categórica, porque la guerra nos viene acompañando ya desde una buena parte de la historia y no se la ve desaparecer en lo inmediato; de lo que sí podemos estar seguros es que necesitamos inventar relaciones nuevas donde el recurso a la violencia física y la eliminación de "enemigos" –más los correspondientes profesionales encargados de implementarlas– terminen por sobrar. Si se trata de cuidar a capa y espada lo que se considera propiedad privada, el brazo armado es indispensable. Por tanto, el desafío en juego es grande, pero en definitiva, el meollo de la cuestión no está en el soldado propiamente dicho, en quien porta las armas y las sabe usar. Está en aquello que defiende. Y eso es lo que se trata de modificar.
jueves, 7 de febrero de 2013
Sobre la entrevista a Nayib Bukele en "8 en Punto” –Vídeo-
Vale la pena reproducirlo!
Fuente: Blog de Juan Carlos Sura
Sobre la entrevista a Nayib Bukele en "8 en Punto” –Vídeo-
Si se perdieron la entrevista a Nayib Bukele, en el programa “8 en punto”, acá se las traigo. Creo que vale la pena verla de principio a fin. No encontramos en un ambiente de muchas interrogantes en torno a la reacción beligerante de la Asociación Nacional de la Empresa Privada –ANEP- hacia Alba Petróleos. Especialmente porque dicha gremial históricamente ha tenido por finalidad defender la libre empresa. Muchas de esas interrogantes son valiente e inteligentemente aclaradas por Nayib, un joven Alcalde de reciente inicio en política que viene dando mucho bueno de que hablar.
Por Sura’s Way
Es un buen momento para expresar un rechazo de tajo a la defesada estrategia de campaña de miedo que ANEP juega trayendo a un escritor nicaragüense para decir que Nicaragua se acabó. Eduardo Enríquez, nos viene con este cuento cuando de viva voz se conoce que la inversión salvadoreña emigra hacía allá, cosa que conoce perfectamente la ANEP, pero no le importa caer en el ridículo con tal de desprestigiar a Alba que les ha representado una competencia significante que no encuentran cómo mermar. Si lo hicieron antes, al traer a Montaner, a Peña Esclusa, y demás, para venir a intentar meter miedo por Chávez y no les funcionó, pues menos les va a funcionar ahora con un pueblo despierto.
![]() |
| Publicado en LPG el día martes recién pasado. ¿Parece que Nicaragua se acabó? |
No estoy defendiendo a la Nicaragua de Daniel Ortega, sino presentando realidades. ¡Que no nos vengan a dar paja! Es jefe de redacción de La Prensa en Nicaragua y dice que su país se acabó. Entonces cómo explica que para quien trabaja publique lo siguiente: Septiembre 2012: “PIB de Nicaragua crece”;Noviembre 2012: “Empresariado crece”; Diciembre 2012: “El comercio electrónico crece”. Estas tres entre muchas otras buenas noticias de crecimientos que su medio ha publicado. Sin dejar de mencionar la nota del día martes en “El Economista”, publicado acá por LPG: “Nicaragua afianza sus negocios”. ¿Cómo se pueden dar estos crecimientos y signos de estabilidad cuando supuestamente no hay institucionalidad? ¿Magia? ¿Que Nicaragua tiene problemas? ¡No se puede negar! ¿Qué país no los tiene? Pero de eso a estar acabado...
Conclusión: el hombre viene inventando, asustando con el petate del muerto, con una de esas campañas que hasta dan pena ajena.
Si ALBA en Nicaragua y en El Salvador son lo mismo, que ayudan minorías, patrocinan programas sociales estratégicos, etc., pues bien, si Nicaragua crece más que El Salvador, entonces significa que es algo bueno, eso sí, respetando las reglas del juego. Tristemente la ANEP, con toda la razón que pueda tener, exige dicho cumplimiento atacando su propia esencia que es la defensa de la libertad empresarial, llegando al arrebato de acusar de lavado de dinero, lo que no es nada bueno para nadie. Como lo expresa Nayib en la entrevista, callaron antes y salen ahora salen con babosadas. Esta última palabra es mía.
Si vamos a transparentar las empresas que sea a todas. No olvidemos en dónde se refugian los grandes evasores, etc., mientras la gremial empresarial calla.
“Póngale coco” a la entrevista.
Los planteamientos acá presentados no dejan duda que ANEP juega a doble moral.
miércoles, 6 de febrero de 2013
Guatemala: La distribución de cátedras en la Escuela de Ciencia Política 2013; ¡en defensa de la educación!
Por
Clementina de la Roca-Zapata
Comienza
el año 2013, con una coyuntura política bastante compleja; en el escenario
nacional se visualizan las mismas luchas impulsadas desde el año pasado, la
tierra, la seguridad, la educación son algunos de los problemas que a diario se
viven en esta sociedad; de lo que no es ajena nuestra unidad académica la
Escuela de Ciencia Política, que inicia el año con una serie de acontecimientos
que apuntan a que este año preelectoral, estará caracterizado por un acentuado
proceso de polarización política, en el que la administración clientelar,
corrupta, finquera, hegemonizadora, absolutista y populista de Geidy de Mata,
tratará de extender sus tentáculos a otras esferas de esta unidad académica.
Una
de las estrategias impulsadas por la administración actual es la de otorgar
cátedras interinas a nuevos profesores, que anteriormente no habían impartido
cátedras, lo que a todas luces apunta a la búsqueda de votos por parte de De
Mata, para Marzio Palacios quien será el próximo candidato de GUIA, plataforma
política que llevó a De Mata a ostentar el cargo de directora, por dos periodos
consecutivos; y quien hace algunos meses fue promovida de su sueldo, devengando
en la actualidad alrededor de treinta mil quetzales al mes. Probablemente sea
este hecho, el que haya apagado los deseos o “aspiraciones” de distintos
directores y distintas directoras de Escuelas No Facultativas, de aspirar a que
sus Escuelas se convirtieran en Facultades y en consecuencia cambiar la
dinámica de exclusión, invisivilización y subyugación que vivimos las escuelas
no facultativas.
¿Cómo están
distribuidas las cátedras?
En la siguiente gráfica se muestra la
distribución de cátedras para el presente año, de manera que de 62 cátedras, 29
catedráticos imparten una sola materia, mientras que 22 imparten 2 cursos, 5
imparten 3 cursos, 3 imparten 4 cursos, 2 imparten 5 cursos y 1, el Señor César
Ágreda Godínez, imparte 6 cursos; siendo un catedrático mal evaluado por el
estudiantado, desaprobado por el mismo estudiantado, y caracterizado por su
poca capacidad de enseñanza, de análisis, y por utilizar una estrategia
pedagógica por demás atrasada y desfasada.
En
otro orden de ideas, los catedráticos que le siguen al Señor Ágreda Godínez,
son Manuel Rivera con 5 cursos, y Dennys Mira Sandoval, con 5 cursos también;
este último además ostenta el cargo de Coordinador Académico de la carrera de
Ciencia Política. Resulta interesante entonces, examinar esta información. Pues
hay muchos temas pendientes en relación a la administración actual, como la
rendición de cuentas, sobre la reforma curricular, el proceso de acreditación,
informes financieros y demás. Sin embargo, lo cierto es que debe existir un
proceso de análisis serio, concienzudo, y consensuado respecto a la asignación
de cátedras de forma “dedocrática” a cambio de favores políticos; esta es la
forma de hacer política en Guatemala, la de buscar favores políticos a cambio
de plazas de trabajo, de dinero o de otras recompensas.
¿Por qué luchar?
Lo cierto es que en la actualidad esa forma
clientelar y poco ética, se ha trasladado a la actual administración de la
Escuela de Ciencia Política. Deben entonces surgir propuestas alternativas,
desde el seno de las catedráticas y los catedráticos progresistas; que deben
unirse y construir una candidatura alterna a la administración finquera actual,
que rescate e impulse el verdadero carácter científico de esta Unidad
Académica, hoy por hoy, caracterizada por la poca transparencia, por una
relación de confrontación entre la Directora y estudiantes, así como con los
profesores que no están a favor de ella, y que en la actualidad catedráticas y
catedráticos bien evaluados por el estudiantado son víctimas de una persecución
y acorralamiento sin cuartel, por parte de la Sra. De Mata, lo que es solo
reflejo de sus intenciones de hegemonizar y absolutizar el poder político.
Nuestra propuesta
Relacionado
a la asignación de cátedras, lo cierto es que no existen mecanismos
democráticos y transparentes para asignar catedráticas o catedráticos a los
distintos cursos. El proceso de asignación de cátedras debe democratizarse, en
el sentido de hacer partícipes a las y los estudiantes en la elección de las
catedráticas y/o los catedráticos a determinado curso de forma interina. Es
decir que democratizarlo se entenderá entonces como hacer que más actores se
involucren en esta asignación; los listados de las cátedras libres, es decir
que no tengan titular debiesen publicarse; en función que los catedráticos que
quieran concursar para determinado curso puedan hacerlo, en condiciones de
igualdad, en condiciones de capacidad y en condiciones honestas; luego el
estudiantado debería elegir entre los mejores prospectos, finalmente será este
sector el que será el principal beneficiado de las cátedras, de manera que
hacerle partícipe de esta elección resultará clave para revitalizar la forma en
la que actualmente se asignan estas cátedras, sin dejar de mencionar que
transparentaría y publicitaría esta asignación; como parte de la rendición de
cuentas, que en la actualidad es solo un deseo en el imaginario social, y que
en la realidad no existe.
El
tema de la asignación de cátedras es solo uno de los tantos escenarios en donde
graníticamente se refleja la corrupción y clientelismo, que se avizoran como la
columna vertebral y principal eje de ejecución y administración actual. Esta
realidad debe cambiar, y el profesorado progresista y el estudiantado, deben
luchar por esto; no debe quedarse en simple activismo por las redes u otros
espacios, esto debe trasladarse al plano académico, al debate, al uso de la
palabra, a la polémica; de lo contrario al igual que Guatemala, la Escuela de
Ciencia Política, será solo un barco a la deriva, y la expresión -por
excelencia- orgásmica de la corrupción y clientelismo. Juzgue Ud. amiga
lectora, amigo lector.
sábado, 26 de enero de 2013
Lance Armstrong: una confesión que desnuda al sistema
Marcelo Colussi
Lance Armstrong, el ciclista estadounidense ganador consecutivo de siete Tours de Francia, acaba de confesar públicamente que utilizó sustancias prohibidas en su carrera deportiva. “¿Tomó sustancias prohibidas? "Sí" ¿EPO? "Sí" ¿Transfusiones de sangre? "Sí" ¿Testosterona, hormona de crecimiento o cortisona? "Sí" ¿Lo hizo en todos y cada uno de los Tours de France que ganó? "Sí"”, fueron las preguntas y respuestas con que la periodista Oprah Winfrey y el propio ciclista en cuestión dejaron atónita, o más aún: indignada, a una teleaudiencia multitudinaria.
En realidad, no fue ninguna sorpresa que saliera a luz el dopaje en una práctica deportiva; lo sorprendente en este caso fue la declaración de Armstrong tras años de haber negado categóricamente el uso de drogas prohibidas. Probablemente toda esta confesión ante cámaras de televisión puede ser parte de una estudiada maniobra. No está claro aún hacia dónde se apunta con esto, pero desde ya puede pensarse en posibles agendas ocultas más allá de un “sentimiento de culpa” por parte del texano de 41 años. Más aún: si todo esto admite una lectura crítica en términos sociales y/o políticos, ello excede a las razones subjetivas que pueda haber en la persona de Lance Armstrong. Y así fuera que la confesión no es sino un sentimiento absolutamente íntimo que lo ha llevado a este mea culpa público, el análisis que pretendemos no se invalida.
¿Por qué lo hizo? No es precisamente eso lo que debe llamarnos a la reflexión crítica. El caso puntual de Armstrong –más notorio que otros casos de dopaje en el deporte quizá– tiene ribetes increíbles, y probablemente podrán encontrarse allí determinantes que guardan relación con su muy peculiar situación personal: alguien que luchó contra el cáncer y que demostró un espíritu de superación especialísimo, lo que puede desembocar en un hambre de triunfo voraz; tan voraz, que no se detuvo ante la transgresión, lo que le llevó al uso de estimulantes prohibidos. Pero no es esa variable subjetiva, personal, la que deseamos destacar.
La Unión Ciclista Internacional –UCI–, que en octubre del año pasado le retirara todas las medallas obtenidas gracias al uso de esos fármacos prohibidos inhabilitándolo para la práctica del ciclismo profesional de por vida, actuó en forma “políticamente correcta”. Sin dudas, el mensaje que lanzó con ello es una defensa de la ética deportiva de este deporte, puesta en entredicho en estos últimos años con numerosos casos similares. De hecho, entre 1999 y el 2005 –período en el cual Lance Armstrong obtuvo sus siete victorias consecutivas en el Tour de Francia– se registraron alrededor de 20 casos de dopaje en las principales competencias ciclísticas de Europa, en Francia, Italia y España. “Su decisión de enfrentarse a su pasado es un paso importante en el largo camino para recuperar la confianza en el deporte”, destacó enfático el presidente de ese organismo internacional, el irlandés Pat McQuaid, también cuestionado por su presunta connivencia en el caso Armstrong.
Del mismo modo, el Comité Olímpico Internacional –COI– se apresuró a fustigar la confesión del ciclista texano: “No puede haber espacio para el doping en el deporte y el COI condena las acciones de Armstrong y de todo aquel que busca una ventaja injusta con el uso de drogas”.
No caben dudas que todo el sistema de dopaje utilizado por Armstrong, altamente desarrollado, hecho a la más alta escuela a tal punto que nunca pudo ser detectado en el momento en que lo utilizaba, implicó estructuras complejas. Es imposible que lo hiciera él en solitario. La confesión del ciclista tal vez ayude a develar alguna red implicada, y no sería de extrañar que se encontraran encumbradas figuras ligadas a todo el escándalo.
Pero la cuestión va más allá todavía. Si ahora queremos llamar la atención sobre el hecho, no es por una pura cuestión “amarillista” de pseudoperiodismo, para enfrascarnos en la “maldad” de este deportista en concreto, o de alguna red mafiosa a sus espaldas. El fenómeno del dopaje en el deporte profesional que viene acrecentándose en las últimas décadas es un síntoma de descomposición social inocultable. En 1988 el velocista canadiense Ben Johnson, en 1992 la atleta alemana Katrin Krabbe, en 1994 el futbolista argentino Diego Maradona, en 1998 el escándalo del Tour de Francia que termina con redadas policiales y el descubrimiento de una vasta red de dopaje en el ciclismo, en 1999 el atleta alemán Dieter Baumann, en el 2005 el tenista argentino Mariano Puerta y sus compatriotas Juan Ignacio Chela y Guillermo Cañas, en el 2006 el equipo de esquí austríaco, del que seis de sus miembros son suspendidos huyendo de la escena el entrenador Walter Mayer, en el 2006 nuevamente en el Tour de Francia salta el escándalo por dopaje siendo suspendidos nueve corredores, entre ellos el alemán Jan Ullrich y el italiano Ivan Basso, en el 2007 la triple campeona olímpica estadounidense, la velocista Marion Jones, en el 2009 la alemana quíntuple campeona olímpica de patinaje Claudia Pechstein, en el 2010 nuevamente un ciclista, el español Alberto Contador, en el 2012 otro ciclista, el alemán Jan Ullrich, sólo por mencionar algunos de los más connotados casos. El ciclismo, evidentemente, evidencia un marcado uso de sustancias prohibidas; pero ello se repite con frecuencia en los más variados deportes, en figuras estelares como todos los arriba mencionados así como en deportistas de segundo nivel. ¿Qué significa todo ello?
Si la práctica del deporte profesional, que se supone debería ser la promoción de una vida sana libre de sustancias psicoactivas, puede verse continuamente tocada por estas transgresiones, en muchos casos con connotaciones policiales, ello nos habla de un “espíritu de la época” cada vez más centrado en el disparate. No puede entendérselo de otra manera: ¡disparate!
Por un lado, y como primera cuestión a analizar: ¿por qué el deporte ha ido dejando atrás de un modo total, sin retorno, el carácter amateur para devenir una mercadería más? Las reglas del mercado, en tanto centro omnímodo de la vida actual, sin dudas fijan todas las actividades humanas. El deporte no podría escapar a esa lógica. A partir de ello surge la segunda cuestión: el capitalismo, en tanto sistema que sólo se alimenta del lucro, no sabe de ética, de valores, de solidaridad. Sólo se trata de ganar. Un deportista profesional, expresión a ultranza de esa lógica, símbolo rutilante del “éxito” al igual que cualquier estrella de la farándula, enceguecido por los reflectores ¿por qué habría de tener aseguradas las barreras éticas en la búsqueda de ese éxito que el sistema reclama a cada instante? No todos los deportistas profesionales se doparán para aspirar al triunfo, pero evidentemente muchos sí. De hecho, muchas grandes figuras del deporte profesional pusieron el grito en el cielo al conocerse recientemente las declaraciones del ciclista estadounidense. Pero no se trata aquí de una simple cuestión de “buena” o “mala” voluntad de tal deportista en cuestión.
Lance Armstrong o Diego Maradona, por dar algunos ejemplos, no son más “reprochables” que aquel deportista que jamás usó estimulantes; no puede agotarse el análisis en su “mala conducta personal”. Obviamente no se la puede justificar, así se entienda que puede ser síntoma de sus estructuras de personalidad. Si Maradona, lamentablemente para él, es un adicto crónico: ¿habrá que “regañarlo” por su “mala conducta”? ¿Esa es la prescripción profesional para los toxicómanos? No va por ahí la cuestión. Lo que se quiere evidenciar ahora es que estas prácticas tan comunes en el deporte profesional actual son, en definitiva, expresión de un medio que obliga al éxito a toda costa, fetichizando el triunfo a cualquier precio. Algunos, por las razones subjetivas que sea, no dudarán en transgredir. El mandato social está allí invitando a hacerlo. El “triunfo” seduce, llama, cautiva. Así funcionan las drogas prohibidas: ahí están, como una mercadería más invitando a su consumo. Muchos las prueban y algunos quedan “enganchados” de por vida. Maradona, aún adicto, sigue siendo ídolo popular en su país, y su transgresor histórico gol “con la mano de dios” no es objeto de vergüenza de sus seguidores, sino de enorgullecimiento. Lo mismo pasa con cualquier fortuna: la transgresión está en su base, la explotación, el despojo. ¿O alguien puede hacer fortuna trabajando honestamente? El “éxito” de los millonarios, del sistema en definitiva, no se fustiga, sino que se premia.
Si el sistema, el macrocosmos, pide “triunfo”, “éxito”, “victoria” a toda costa (esos son los valores primeros de nuestro mundo, en cuyo nombre se hacen guerras, se mata, se hace espionaje industrial o se invaden países), algunos desde el microcosmos (Armstrong, Maradona, etc., la lista es larga e incluye también a muchos Juan de los Palotes que no hacen declaraciones ante cámaras de televisión) se lo toman demasiado en serio, y pueden vender el alma al diablo por conseguirlo.
En otros términos: todo el sistema basado en el “triunfo”, en el lucro como ideal supremo –tal como es nuestro capitalismo dominante, muy sano y rozagante y sin miras de caer en lo inmediato– lleva implícita la transgresión. Las normas sociales ordenan la vida, impiden la transgresión como práctica normal, pero el “éxito” –bien superior por excelencia de ese sistema– no se detiene ante nada. Sin dudas el COI no premia el dopaje y, por el contrario, castiga ejemplarmente a quien incurre en él. Pero el sistema general de valores en el que se desenvuelve, quiera que no, indirectamente lo termina promoviendo. Armstrong, al igual que cualquiera de los gladiadores modernos (muy bien pagados, por supuesto) que el sistema implementa para su monumental y cada vez más fríamente calculado “pan y circo” ¿por qué no habrían de apelar al engaño si es eso lo que cimienta todo el aparato social? La justicia, la solidaridad, el amor y la paz son el barniz políticamente correcto del sistema, pero la explotación inmisericorde y la guerra son su motor real. Un deportista profesional que se dopa –el transgresor texano para el caso, que quizá a nivel personal sí necesite ayuda psicológica– no hace sino repetir ese modelo tan “normal” que mueve al mundo contemporáneo. Y eso, sin dudas, es un disparate.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
.jpg)


.jpg)
.jpg)
.jpg)
