martes, 30 de noviembre de 2010

Desalojos en el Centro

Ética y Política
Desalojos en el Centro
José M. Tojeira








La semana pasada hemos tenido de nuevo el lamentable espectáculo de violencia en las calles. El desalojo de los vendedores informales lo desató. Y como de costumbre unos se culpan a otros y no se analiza el hecho de que es intolerable que en El Salvador sólo sepamos arreglar los problemas de los vendedores por vías que generen violencia. La violencia es mala, decimos todos, pero nuestra incapacidad de refrenarla es notable. Y no la refrenamos porque con demasiada frecuencia no pensamos creativamente en cómo solucionar los problemas que pueden generar conflicto.


El desalojo de vendedores informales, sin soluciones previas, dialogadas y racionales, es prácticamente imposible que no produzca violencia. Porque aunque el alcalde de San Salvador diga que hay o puede haber delincuentes detrás, lo cierto es que muchos vendedores informales luchan por el pan de cada día. El problema de muchos vendedores no es el capricho de permanecer en un determinado lugar, sino el hambre que pueden pasar si no venden. Y por eso, si no hay una oferta de soluciones convincentes, habrá siempre oposición dura y conflictiva. Haga quien haga el desalojo, ARENA, FMLN o Democracia Cristiana.


Es cierto que el problema no es simple, pero por la misma razón debería ser más reflexionado. El Salvador tiene prácticamente a la mitad de su población en el trabajo informal. Un gran sector de esta mitad de los salvadoreños económicamente activos son los comerciantes informales. Y hay que decir con claridad, además, que una gran parte de estos comerciantes son gente honesta, trabajadora y sacrificada. Son parte de esa tradición de salvadoreños trabajadores que tanto idealizamos en ocasiones y que simultáneamente tan mal tratamos desde las exiguas y deficientes redes de protección social existentes. Si somos sinceros tenemos que reconocer que el Estado Salvadoreño le ha fallado a sus trabajadores. Y eso es muy claro si vemos que el Estado Salvadoreño ha sido incapaz de incorporar a la mayoría de sus trabajadores a un sistema formal de empleo, comercio y protección social. En esa situación es ilusorio pensar que se puede en un breve lapso de tiempo desalojar a todos los comerciantes informales de las calles en las que están. Hay que pensar soluciones de al menos mediano plazo e irlas aplicando con discreción y realismo. Con razón nuestro Arzobispo pide la colaboración del Gobierno, pues el problema trasciende a una sola alcaldía. Arremeter, como hacen los políticos, con un discurso de ciudad limpia, libre de delincuentes, accesible al turismo, etc., no es solución. Hace falta el diálogo de todos los actores, incluido el Gobierno.


Por demasiado tiempo se han tenido en el Centro edificios medio ruinosos que deberían haber sido confiscados en su momento y destinados a solucionar el problema del espacio para ventas. La posibilidad de establecer más calles peatonales donde de algún modo se pudieran albergar vendedores es otra posibilidad. Pero siendo como somos incapaces de ordenar el tráfico, es dudoso que esa alternativa sea viable. Lo cierto es que hay que buscar soluciones audaces y no conformarse con esa rutina que vemos administración tras administración, de luchas callejeras donde al destrozo de los tenderetes siguen las piedras, y a éstas, las balas. De goma algunas pero también de plomo salen a relucir.


Es precisamente en estos grandes temas, como el comercio o el empleo informal, donde los dos partidos grandes deberían ponerse de acuerdo, dejándose de esas contiendas estériles de perros y gatos que nos muestran en la Asamblea. Las soluciones en El Salvador ni serán mágicas ni vendrán de un iluminado de izquierda o de derecha. Vendrán del consenso y el diálogo. Y de la construcción de alternativas viables, al menos para la mayoría de los vendedores. Por el contrario, cuanto más se deje correr el espíritu del autoritarismo y de la protesta callejera correspondiente, más difíciles serán las soluciones.


El Salvador necesita soluciones inteligentes en demasiados campos. Necesita también apuestas estratégicas de desarrollo que sean fruto de la aceptación de un proyecto que la gran mayoría pueda visualizar como posible a través de un esfuerzo y una realización común. Muchos técnicos piensa que eso se puede lograr en una generación. De hecho hay países que lo han logrado en ese lapso de tiempo. Ni podemos rendirnos ante los problemas ni debemos dejarlos en manos de unos pocos. Ni es tarea de un sólo partido político, ni será fruto exclusivo de la empresa privada. Es, y sólo podrá ser, tarea de realización común.


Pero para que eso se dé es necesario saber que todos participamos y todos ponemos hoy nuestra cuota de sacrificio en favor de un mañana mejor para todos. Lo que no se puede es pedirle el sacrificio exclusivamente a los más pobres, que es lo que con más facilidad han hecho, históricamente, los líderes políticos. Al contrario, a los más pobres hay que tenerlos más en cuenta, puesto que ellos ya han puesto su cuota de sacrificio, muchas veces en beneficio de quienes tienen hoy riqueza y adecuado nivel profesional. Aunque no nos hayamos dignado reflexionar sobre el tema lo cierto es los de más abajo siempre han trabajado más, por menos recompensa. Por eso los de arriba, lo mínimo que les deben a los de abajo es un gran respeto. Y hoy en día, conciencia de que entre todos debemos mejorar su situación.
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"Cuando la situación histórica se define en términos de injusticia y opresión, no hay amor cristiano sin lucha por la justicia" (I. Ellacuría, 1977)

16 de noviembre de 2010, XXI aniversario de los mártires de la UCA

San Salvador: Primera Semana de Diciembre en Nuestra América

domingo, 28 de noviembre de 2010

Un lío más en la Corte

Editorial YSUCA
Un lío más en la Corte








Los problemas en la Corte Suprema muestran una vez más la debilidad de nuestra cacareado estado de derecho. Cuando un grupo, en este caso la Sala de lo Constitucional, quiere que la Constitución funcione, quienes están acostumbrados al mal funcionamiento legal de El Salvador se ponen nerviosos. La Sala de lo penal en la Corte Suprema ha incurrido repetidas veces en lo que podemos llamar justamente retardo judicial. Y cuando el ciudadano ha acudido en defensa de sus derechos a la Sala de lo Constitucional, ésta le ha dado la razón contra el retardo de la Sala de lo Penal. Y ya están los magistrados de lo penal diciendo tonterías.


En efecto, uno de los magistrados ha dicho que la Sala de lo Constitucional va a llenar de criminales las calles. En realidad, si se cumplieran las leyes adecuadamente, quienes llenarían las calles de criminales son los magistrados de la Sala de lo Penal con su retardo judicial. Pero en la lógica de estos pobres magistrados, perezosos y lentos, violadores de la Constitución cuando le niegan el derecho a una pronta justicia al ciudadano, su mala función no puede ser juzgada por nadie. En otra palabras, que se constituyen en jueces absolutos por encima de la propia Constitución.


La Constitución, en efecto, es muy clara cuando dice en el artículo 17 que “habrá lugar a la indemnización por retardación de justicia”. Cualquier juez que caiga en este retardo tendría, según la Constitución, que hacerse cargo de al menos una parte de la indemnización. Y si él no pudiera, el Estado debería subsidiariamente pagar la indemnización. Hasta el momento los jueces se amparan, con una lógica totalmente antijurídica, en el hecho de que no hay ley secundaria que estipule cuánto es el pago de la indemnización. Pero dado que la ley primaria, la Constitución, es prioritaria sobre la ley secundaria, cualquier juez podría marcar, en ausencia de ley secundaria, un estimado de la indemnización que debería pagar el juez que cayera en retardo judicial. En otras palabras, que los magistrados de la Sala de lo Penal deberían estar agradecidos a los de la Sala de lo Constitucional porque éstos no les han impuesto una indemnización a quienes han sido víctimas de su retardo. Sería sin duda cómico escuchar la verborrea de uno de los magistrados más parlanchines de la Sala Penal defendiendo su bolsillo. Porque aunque ignorante, callado nunca se queda.


En El Salvador la Constitución ha sido violada por comisión y por omisión demasiadas veces. Francisco Flores se iba del país en ocasiones sin pedir permiso de la Asamblea. Los gobiernos de ARENA ocultaron el presupuesto del Organismos de Inteligencia del Estado desde que esa institución fue constituida por una ley de la república emitida por la Asamblea. El gobierno del FMLN lleva dos años haciendo exactamente lo mismo que ARENA en ese punto, en franca violación de la Constitución. La indemnización universal, garantizada por la Constitución, no la cumple ni el Gobierno. Sólo los magistrados frescos de la Corte Suprema se amparan en una ley, traicionando su espíritu, para llevarse una buena e inmoral compensación a costa del contribuyente cuando se retiran de un cargo que es de designación estrictamente temporal. Y eso, claro está, después de haber practicado impunemente el retardo judicial.


El problema de este tomarse las leyes a la ligera es que constituye una parte fundamental de la cultura del subdesarrollo. Y al mismo tiempo fomenta la permanencia en el mismo. Es cierto que tenemos un problema de serias deficiencias en la inversión económica y social. Pero si seguimos con esta cultura de desprecio a las leyes no iremos lejos. Desprecio a las leyes que está pesente en todos los niveles. Desde la Sala de lo Penal hasta en ese sistema de convivencia ciudadana que es el tráfico y donde simplemente impera la ley del más fuerte. Si aun encima atacamos a los que quieren cambiar esa cultura, como lo son los miembros de la Sala de lo Constitucional, tendremos subdesarrollo para rato.
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"Cuando la situación histórica se define en términos de injusticia y opresión, no hay amor cristiano sin lucha por la justicia" (I. Ellacuría, 1977)

16 de noviembre de 2010, XXI aniversario de los mártires de la UCA

sábado, 27 de noviembre de 2010

Violencia contra la mujer

Ética y Política
Violencia contra la mujer
José M. Tojeira




El próximo día 25 de noviembre celebramos el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Así lo aprobó la Asamblea General de las Naciones Unidas en recuerdo de las tres hermanas Mirabal, asesinadas por el general Trujillo en República Dominicana en 1960. Aunque este día se celebró por primera vez el año 2000, bajo el auspicio de las Naciones Unidas, las organizaciones de mujeres venían luchando contra la erradicación de la violencia desde mucho tiempo antes.

Entre nosotros, como en todo el mundo, la violencia contra la mujer tiene su origen en la prevalencia de la mayor fuerza física del varón y la imposición de la misma como principio de autoridad. Querer imponerse sobre la mujer es sólo una manifestación fuerza bruta. En otras palabras, el acto más animal y menos humano que puede hacer la persona. Esta afirmación sería iincomprendida hace años, porque la humanidad se movió, durante demasiado tiempo, apoyándose en la fuerza bruta. De hecho la evolución humana ha consistido en ir venciendo esa tendencia animal, tan presente en cada persona y tan presente también en la política internacional. Norberto Bobbio decía que “la primera tarea de los intelectuales debería ser la de impedir que el monopolio de la fuerza se convierta en el monopolio también de la verdad”. Pensamiento, lo que se dice auténtico pensamiento humano, y fuerza bruta siempre han sido antagónicos en la historia de la humanidad. No es para nada disonante recordar a aquel militar español que ante las reflexiones del pensador Unamuno contra la fuera bruta reaccionaba gritando “muera la inteligencia, viva la muerte”.

Erradicar la violencia contra la mujer es volvernos más humanos. Quien pega a su esposa por el hecho de ser mujer y considerarla más débil o con menos derechos es simplemente un animal. Y un animal enemigo del desarrollo no sólo cultural sino económico y social. Los países del norte de Europa lograron una buena parte de su éxito económico incorporando a la mujer plenamente al trabajo productivo. Pero en condiciones de igualdad. La desigualdad ni siquiera es rentable. Y cada día se puede hacer una relación mejor entre subdesarrollo y desigualdad, incluida la desigualdad de género.

En nuestro país, aunque ha habido importantes avances, gracias a la lucha de las mujeres, todavía queda un largo recorrido para llegar al pleno reconocimiento de la igualdad con el varón. A pesar de mejoras sustanciales en la legislación continúa habiendo mal trato en el hogar. Hace aproximadamente diez años la mitad de las mujeres decían todavía, en una encuesta de la UCA, que en la violencia intrafamiliar nadie de fuera debería meterse. Las violaciones de niñas menores se dan especialmente en el seno del hogar y provienen con demasiada frecuencia de parientes. El feminicidio ha venido ascendiendo gravísimamente en El Salvador, cuadriplicándose en número en relativamente pocos años. Las denuncias de violencia y acoso contra la mujer fueron 650 en 2004, pero han pasado a más de 1300 en lo que va de este año.
Y frente a esto hay poca crítica y poca conciencia. Incluso algunos representantes de la empresa privada se dan el lujo de dar declaraciones muy poco respetuosas con las mujeres. Cuando el Gobierno actual abrió las posibilidades de que las trabajadoras del hogar se incluyeran en el Seguro Social, la posición de algunos líderes empresariales fue vergonzosa. Simplemente se opusieron, en vez ofrecer caminos para superar los inconvenientes que ellos supuestamente percibían en la decisión gubernamental. Olvidando que las trabajadoras del hogar sufren con frecuencia, no sólo en El Salvador, pero también en nuestro país, una “forma moderna de esclavitud”. Dicho esto último por una representante de las Naciones Unidas especializada en los derechos de la mujer. Si quienes tienen el liderazgo económico de este país quieren que se les respete, tienen que trabajar más por tener al mismo tiempo liderazgo moral. Y de momento no lo tienen.

Un estudio reciente del PNUD afirmaba que la mujer salvadoreña trabaja como promedio una hora más que los hombres. En ese mismo informe el valor económico del trabajo doméstico no remunerado de año 2005 se calculaba en 5436 millones de dólares. De ese trabajo el 86% correspondía al trabajo femenino y sólo el 14% a los hombres. La mujer salvadoreña es enormemente productiva, pero carece de prestaciones adecuadas en el campo de la salud materna y su trabajo no queda reflejado en la pensión que recibirá, si la recibe, cuando llegue a la tercera edad. ¿Es justo que aún encima sufra violencia por el simple hecho de ser mujer?

La fecha del 25 de Noviembre no es una fecha más. Es una llamada lacerante a enfrentar una realidad en muchos aspectos vergonzosa. No se trata de atacar o insultar a todos los varones. Es evidente que están, y no son pocos, los que respaldan a las mujeres en sus luchas. Pero la situación no es halagüeña y el trabajo que queda por delante es abundante. Cambio en la cultura machista, mejoramiento en la normativa, eliminación de la impunidad frente a los golpes recibidos, y decisión política real en la famosa tolerancia cero frente al acoso, son cambios indispensables tanto para la cohesión social como para el desarrollo. Y todavía más, cambios estrictamente necesarios para poder hablar de justicia.

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"Cuando la situación histórica se define en términos de injusticia y opresión, no hay amor cristiano sin lucha por la justicia" (I. Ellacuría, 1977)

16 de noviembre de 2010, XXI aniversario de los mártires de la UCA

lunes, 22 de noviembre de 2010

Consumo y consumismo

Editorial YSUCA



Consumo y consumismo


El Salvador ha aparecido en una clasificación internacional como el tercer país más consumista del mundo, si se compara el costo del consumo con lo que el país produce. Y es que el costo de lo que consumismo es superior a nuestro producto interno bruto. Consumo que, para colmo de males no está ni bien orientado ni ofrece productos de la calidad necesaria. Porque en efecto, también recientemente se ha hecho una inspección de farmacias y más de la mitad de ellas tienen deficiencias respecto a las suaves normas de protección del consumidor que existen en El Salvador.

El consumismo desbordado, e incluso sujeto a diversas malas prácticas de los vendedores, se convierte en lo contrario de lo que debe ser el consumo informado. En efecto, el consumo puede contribuir en ocasiones a la reactivación económica de una región o de un país. Pero gastar más de lo que uno produce, endeudándose sistemáticamente, nunca lleva a un futuro mejor. La cantidad de salvadoreños que se han dejado llevar por el espejismo de las tarjetas de crédito, y que hoy lamentan el embargo al que está sometido su salario, es una verdadera legión. Muchos de ellos engañados por la misma propaganda de las tarjetas, se empeñaron hasta el exceso. Pero las tarjetas pueden crear espejismos y mentiras, lo mismo que la propaganda consumista, sin que nadie les exija responsabilidades. Mientras que la víctima del consumismo queda con la totalidad de sus obligaciones y con su vida económica quebrada. Y eso sin hablar de la estafa que supone el hecho de que en diversas Farmacias se venda medicina vendida
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Pocas veces vemos propaganda educativa de las instituciones que deberían hacerla, precaviéndonos de un consumo exagerado, del uso irresponsable de las tarjetas de crédito, etc. El acceso al consumo informado es un derecho de las gentes. Y tener capacidad de consumo, hoy en día, es la expresión básica de un salario decente. Pero el consumismo desbordado, y con frecuencia mentiroso, que se nos predica y que se practica en El Salvador, no nos lleva a nada bueno. Aun no ha sido estudiada a fondo la relación entre consumismo y delincuencia, pero el interesante estudio sobre el trabajo decente que hizo el Programa de las Naciones Unidas en El Salvador daba el dato de que el ladrón común tenía un ingreso promedio mensual superior al salario promedio de nuestro país. No es raro, pues, el presumir que el consumismo y su desbordada propaganda tenga algo que ver con el delito. Si a nuestros jóvenes desocupados, que se pasan buena parte del día oyendo o viendo mensajes de medios de comunicación, les decimos que consumir en abundancia es indispensable para vivir la vida a fondo, no es de extrañarse que algunos de ellos, con las ansias de ser y de tener bien revueltas, opten por caminos ilegales de ingreso que les permitan saciar el deseo de consumir inducido por la propaganda.

El ahorro, propiciado e incluso exigido por el Estado, que garantice las posibilidad de invertir en vivienda, en educación de calidad y en salud, ha sido para muchos países camino de salida de la pobreza e inicio de un recorrido relativamente rápido hacia el desarrollo. Pero nuestros gobiernos hasta ahora han preferido fomentar más el consumo que el ahorro. Y han mantenido a El Salvador en un deficiente y lento desarrollo, marcado además gravemente por la desigualdad. Un desarrollo que al acrecentar las desigualdades, o mantenerlas, produce muy diversos efectos: entre ellos la migración, la violencia y la falta de cohesión social. Si el actual Gobierno insiste en que desea el desarrollo con equidad y justicia social, tiene que plantearse una normativa más exigente frente a la propaganda consumista, que tanto daño ha hecho hasta ahora, e iniciar una campaña en favor del ahorro. Campaña respaldada por reformas estructurales que permitan al ciudadano que su ahorro sirva, en el medio plazo, para conseguir la propiedad de su vivienda, la salud y la educación necesarias para insertarse adecuadamente en un desarrollo digno. Algo se está haciendo ya, pero hay que insistir en que es necesario hacer más.

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"Cuando la situación histórica se define en términos de injusticia y opresión, no hay amor cristiano sin lucha por la justicia" (I. Ellacuría, 1977)

16 de noviembre de 2010, XXI aniversario de los mártires de la UCA

sábado, 20 de noviembre de 2010

Correlación de valores

Ética y Política
Correlación de valores
José M. Tojeira




Puede que a algunos les extrañe este título, escrito precisamente un 16 de Noviembre, aniversario de la muerte de los jesuitas y sus dos colaboradoras laicas. Sin embargo, dada la costumbre de magnificar por una parte la ofensiva “hasta el tope” del FMLN, lanzada el 11 de Noviembre, y por otra de magnificar también la respuesta de la Fuerza Armada a la ofensiva, es necesario que veamos la historia de El Salvador, no desde la perspectiva de la fuerza bruta sino desde la perspectiva de los valores. Esta perspectiva ayuda a comprender la historia, e incluso a mejorarla, mucho mejor que los análisis que se empeñan en valorar el predominio de la violencia.

En los análisis sobre movimientos o conflictos sociales se habla con frecuencia de correlación de fuerzas. Si un grupo tiene más fuerza que otro, acaba venciendo. Se aplican a las dinámicas sociales principios de la física elemental: Si un objeto pesa más que otro, la balanza se inclina del lado que más pesa. Sin embargo el ser humano no es un animal donde la fuerza bruta lleve el peso definitivo. Ni siquiera la inteligencia mueve siempre la balanza a su favor. Los seres humanos tenemos valores, y son ellos, en el largo plazo, los que determinan rumbos y dinámicas. Hay también falsos valores que recurren a la fuerza, a la manipulación de la violencia y al engaño, y que pueden por tanto prolongarse un poco más en la historia humana. Pero la capacidad crítica y autocrítica de la persona funciona desde los valores y acaba descubriendo la mentira y derrotando al falso valor.

El asesinato de los jesuitas nos muestra la fuerza de los valores a la hora de examinar nuestro pasado inmediato. Al día siguiente de la ofensiva Mons. Rivera comentó los hechos diciendo que había golpeado a la capital una brutal ofensiva del FMLN respondida por otra no menos brutal acción bélica del Ejército nacional. En el análisis de fuerzas aparecía como un empate de la brutalidad. El resultado, probablemente, hubiera fortalecido a quienes pensaban que era necesaria, o que podía darse, una victoria militar. “O ellos o nosotros”, decían muchos de los comandantes de batallón de aquel momento. Todos sabíamos que el sector más belicista del Ejército había cobrado fuerza a raíz de la ofensiva. Y el mismo FMLN había quedado gratamente sorprendido por el relativo éxito militar de la ofensiva, en buena parte superior a sus cálculos. Al menos eso era lo que se decía en esos días.

El asesinato de los jesuitas vino a romper el empate. Ningún acto de brutalidad de la Fuerza Armada tuvo una consecuencias tan difundidas internacionalmente como la masacre de estas ocho personas. El Gobierno aguantó casi un mes y medio defendiendo contra toda evidencia que quien había matado a los jesuitas y Elba y Celina había sido el FMLN. Durante esos 45 días se enviaron tres delegaciones; a Washington, Madrid y el Vaticano para repetir ante los gobiernos y personalidades que la guerrilla era la autora del asesinato. Monseñor Rivera, Monseñor Gregorio Rosa y el que firma este artículo habíamos sido recibidos por el entonces presidente Cristiani el mismo día 16 y ahí con claridad le habíamos dado los datos que manejábamos, que ya entonces dejaban claramente establecido que la Fuerza Armada era la responsable.

La verdad se impuso y el juicio de una parte de los autores materiales fue la única manera que encontró el Gobierno para salvar al Ejército de una derrota total. Porque el asesinato puso de tal manera al Ejército contra las cuerdas que no les quedó más remedio que entregar un coronel y dejar que lo condenaran. A partir del 16 de Noviembre la conciencia nacional cobró una mayor aversión a la guerra. Y las presiones internacionales fueron muy fuertes en favor de que el diálogo avanzara. De hecho, lo único que evitó que la guerra no se volviera más cruel, después del asesinato de los sindicalistas de Fenastras y de la ofensiva, fue la reacción que produjo la muerte de los jesuitas y sus colaboradoras.

Al final se dio una correlación de valores. La guerra, tan magnificada y glorificada por las partes, se vio como absurda. Tanto el soldado como el guerrillero dejaron de ser heroicos, como normalmente los autodefinían las partes, para convertirse en peones de una lucha fratricida y sin sentido, que asesinaba a los pocos que querían poner racionalidad y paz en el conflicto. La guerra dejó de tener valor, para convertirse en basura. Todas las víctimas resurgieron de alguna manera a través del asesinato de los jesuitas y forzaron la paz. Monseñor Urioste decía que la guerra civil había comenzado porque mucha gente buena se había desesperado tras la muerte de Mons. Romero. Pero que tras la muerte de los jesuitas el efecto fue al revés: que no se podía continuar una guerra que trataba así a quienes defendían a los pobres y trabajaban por la paz. La negación de valores manifestada en el asesinato de Mons. Romero llevó a muchos a incorporarse a una guerra defensiva, porque la fuerza bruta y el dinero eliminaba a lo mejor del país. Pero ocho años después, la muerte de los jesuitas provocó el asco y el hastío de una guerra que ya no tenía sentido, cuando ya la idea del diálogo, impulsada activamente por Monseñor Rivera y por Ellacuría y su grupo, había sido internalizada e incluso aceptada como camino de paz por algunos de los actores del conflicto. Y si algún sentido tenía todavía la guerra, lo perdió totalmente cuando la Fuerza Armada puso de manifiesto con su crimen lo absolutamente absurda que era ya la violencia.

Correlación de valores. La guerra frente a la paz. La fuerza de la razón frente a la razón de la fuerza. La trasparencia del diálogo frente al discurso guerrerista. Y cuando la fuerza bruta quiso imponer su lógica y sus falsos valores, bastaron 8 muertos más para darles toda la razón a las víctimas, a todas la víctimas de El Salvador, y cambiar el rumbo irracional de la guerra. Valores regados con sangre, que cuando más débiles parecen, más fuertes se tornan. Valores que nos ayudan a entender la historia de un modo diferente y que nos impulsan también a transformar el futuro desde una nueva correlación. La correlación superior de la paz, la justicia, la solidaridad y el diálogo, frente a todo lo que lleve a la violencia, la imposición o la fuerza bruta.

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"Cuando la situación histórica se define en términos de injusticia y opresión, no hay amor cristiano sin lucha por la justicia" (I. Ellacuría, 1977)

16 de noviembre de 2010, XXI aniversario de los mártires de la UCA