El 20 de octubre del año pasado (2009), en un pueblo al occidente de Guatemala, departamento de Huehuetenango, llamado San Antonio Huista, se develó la placa de un monumento a todos los compañeros y compañeras muertos y desaparecidos en Guatemala durante el conflicto armado.
Este es el caso de mis hermanos Guisela Irasema López y Carlos Ranferí Morales López, quienes fueron asesinados en 1982 en Nicaragua, por ordenes de la Dirección Nacional del Ejército Guerrillero de los Pobres –EGP- ahora miembros de la URNG de Guatemala.
Desde esta fecha comenzó para la familia un tormentoso camino buscando sus restos. Luego de la firma de la Paz en Guatemala en 1997, las madres de Carlos y Guisela comenzaron a exigirle a la dirigencia del EGP una explicación de lo sucedido y la entrega de sus restos.
Tras muchas conversaciones con ellos y con el apoyo de instituciones defensoras de los derechos humanos guatemaltecas, se logra que la URNG el 19 de febrero de 1998, saque un comunicado aceptando públicamente su responsabilidad en la autoría de hecho. En una de sus partes el comunicado dice textualmente asi: "es nuestra decisión y voluntad contribuir a reivindicar la memoria de combatientes revolucionarios muertos injustamente y, hasta donde nos sea posible, establecer los hechos y circunstancias en que murieron, entre ellos, Guisela Irasema López (Beatriz) y Carlos Ranferí Morales López (Otto René), jóvenes guatemaltecos miembros de unidades guerrilleras que dieron su contribución y valioso aporte a las filas de la Revolución y a la lucha armada, pero perecieron víctimas de prácticas y procedimientos indebidos e injustos".
Sin embargo, tras esta declaración lo que ha seguido es un manto de silencio ocultando el paradero de sus restos. Los involucrados en el asesinato se han negado a dar el lugar donde los ocultaron. Las madres han recorrido miles de kilómetros buscándolos, han tocado muchas puertas con el objetivo de encontrarlos. Como ellas dicen, “no descansaran hasta encontrarlos y puedan de estar manera vencer la batalla que desde hace 28 años libran contra la impunidad y el olvido.
La falta de voluntad de los autores de este asesinato hace más largo el sufrimiento de las madres y familia de Carlos y Guisela, su salud, su moral se ve afectada dia con día en esta búsqueda a ciegas, sin embargo, “la verdad siempre triunfa, por muy oculta que se encuentre, un día se descubre, se levanta y triunfa” y ese día sabemos que llegará, tenemos la fe y la convicción que así será.
No nos queda más que seguir el ejemplo de Marta y Antonia López Herrera, madres de Carlos y Guisela y de tantas madres que buscan amorosamente a sus seres queridos, esperando ansiosamente el momento de encontrarlos y no dejarlos en el olvido.
Les invito a compartir la debelación de este monumento en memoria de nuestros héroes y mártires. Un agradecimiento especial a nuestros queridos amigos y hermanos Los Guaraguao, que viajaron desde Venezuela a este rinconcito de Guatemala para develar junto a la familia este humilde monumento.
Patricia Morales
Estos videos han sido producido por Ana Bueno, periodista española, amiga de la familia.
Parte 1
Parte 2:
Un espacio de intercambio de opiniones, de debate, donde podamos compartir y expresarnos libremente. ¿Me acompaña a discutir?
martes, 9 de febrero de 2010
domingo, 7 de febrero de 2010
jueves, 4 de febrero de 2010
Los pecados de Haití
Eduardo Galeano
La democracia haitiana nació hace un ratito. En su breve tiempo de vida, esta criatura hambrienta y enferma no ha recibido más que bofetadas. Estaba recién nacida, en los días de fiesta de 1991, cuando fue asesinada por el cuartelazo del general Raoul Cedras. Tres años más tarde, resucitó. Después de haber puesto y sacado a tantos dictadores militares, Estados Unidos sacó y puso al presidente Jean-Bertrand Aristide, que había sido el primer gobernante electo por voto popular en toda la historia de Haití y que había tenido la loca ocurrencia de querer un país menos injusto.
El voto y el veto
Para borrar las huellas de la participación estadounidense en la dictadura carnicera del general Cedras, los infantes de marina se llevaron 160 mil páginas de los archivos secretos. Aristide regresó encadenado. Le dieron permiso para recuperar el gobierno, pero le prohibieron el poder. Su sucesor, René Préval, obtuvo casi el 90 por ciento de los votos, pero más poder que Préval tiene cualquier mandón de cuarta categoría del Fondo Monetario o del Banco Mundial, aunque el pueblo haitiano no lo haya elegido ni con un voto siquiera.
Más que el voto, puede el veto. Veto a las reformas: cada vez que Préval, o alguno de sus ministros, pide créditos internacionales para dar pan a los hambrientos, letras a los analfabetos o tierra a los campesinos, no recibe respuesta, o le contestan ordenándole:
-Recite la lección. Y como el gobierno haitiano no termina de aprender que hay que desmantelar los pocos servicios públicos que quedan, últimos pobres amparos para uno de los pueblos más desamparados del mundo, los profesores dan por perdido el examen.
La coartada demográfica
A fines del año pasado cuatro diputados alemanes visitaron Haití. No bien llegaron, la miseria del pueblo les golpeó los ojos. Entonces el embajador de Alemania les explicó, en Port-au-Prince, cuál es el problema: -Este es un país superpoblado -dijo-. La mujer haitiana siempre quiere, y el hombre haitiano siempre puede.
Y se rió. Los diputados callaron. Esa noche, uno de ellos, Winfried Wolf, consultó las cifras. Y comprobó que Haití es, con El Salvador, el país más superpoblado de las Américas, pero está tan superpoblado como Alemania: tiene casi la misma cantidad de habitantes por quilómetro cuadrado.
En sus días en Haití, el diputado Wolf no sólo fue golpeado por la miseria: también fue deslumbrado por la capacidad de belleza de los pintores populares. Y llegó a la conclusión de que Haití está superpoblado… de artistas.
En realidad, la coartada demográfica es más o menos reciente. Hasta hace algunos años, las potencias occidentales hablaban más claro.
La tradición racista
Estados Unidos invadió Haití en 1915 y gobernó el país hasta 1934. Se retiró cuando logró sus dos objetivos: cobrar las deudas del City Bank y derogar el artículo constitucional que prohibía vender plantaciones a los extranjeros. Entonces Robert Lansing, secretario de Estado, justificó la larga y feroz ocupación militar explicando que la raza negra es incapaz de gobernarse a sí misma, que tiene “una tendencia inherente a la vida salvaje y una
incapacidad física de civilización”. Uno de los responsables de la invasión, William Philips, había incubado tiempo antes la sagaz idea: “Este es un pueblo inferior, incapaz de conservar la civilización que habían dejado los franceses”.
Haití había sido la perla de la corona, la colonia más rica de Francia: una gran plantación de azúcar, con mano de obra esclava. En 'El espíritu de las leyes', Montesquieu lo había explicado sin pelos en la lengua: “El azúcar sería demasiado caro si no trabajaran los esclavos en su producción.
Dichos esclavos son negros desde los pies hasta la cabeza y tienen la nariz tan aplastada que es casi imposible tenerles lástima. Resulta impensable que Dios, que es un ser muy sabio, haya puesto un alma, y sobre todo un alma buena, en un cuerpo enteramente negro”.
En cambio, Dios había puesto un látigo en la mano del mayoral. Los esclavos no se distinguían por su voluntad de trabajo. Los negros eran esclavos por naturaleza y vagos también por naturaleza, y la naturaleza, cómplice del orden social, era obra de Dios: el esclavo debía servir al amo y el amo debía castigar al esclavo, que no mostraba el menor entusiasmo a la hora de cumplir con el designio divino. Karl von Linneo, contemporáneo de Montesquieu, había retratado al negro con precisión científica: “Vagabundo, perezoso, negligente, indolente y de costumbres disolutas”. Más generosamente, otro contemporáneo, David Hume, había comprobado que el negro “puede desarrollar
ciertas habilidades humanas, como el loro que habla algunas palabras”.
La humillación imperdonable
En 1803 los negros de Haití propinaron tremenda paliza a las tropas de Napoleón Bonaparte, y Europa no perdonó jamás esta humillación infligida a la raza blanca. Haití fue el primer país libre de las Américas. Estados Unidos había conquistado antes su independencia, pero tenía medio millón de esclavos trabajando en las plantaciones de algodón y de tabaco. Jefferson, que era dueño de esclavos, decía que todos los hombres son iguales, pero también decía que los negros han sido, son y serán inferiores.
La bandera de los libres se alzó sobre las ruinas. La tierra haitiana había sido devastada por el monocultivo del azúcar y arrasada por las calamidades de la guerra contra Francia, y una tercera parte de la población había caído en el combate. Entonces empezó el bloqueo. La nación recién nacida fue condenada a la soledad. Nadie le compraba, nadie le vendía, nadie la reconocía.
El delito de la dignidad
Ni siquiera Simón Bolívar, que tan valiente supo ser, tuvo el coraje de firmar el reconocimiento diplomático del país negro. Bolívar había podido reiniciar su lucha por la independencia americana, cuando ya España lo había derrotado, gracias al apoyo de Haití. El gobierno haitiano le había entregado siete naves y muchas armas y soldados, con la única condición de que Bolívar liberara a los esclavos, una idea que al Libertador no se le había ocurrido. Bolívar cumplió con este compromiso, pero después de su victoria, cuando ya gobernaba la Gran Colombia, dio la espalda al país que lo había salvado. Y cuando convocó a las naciones americanas a la reunión de Panamá, no invitó a Haití pero invitó a Inglaterra.
Estados Unidos reconoció a Haití recién sesenta años después del fin de la guerra de independencia, mientras Etienne Serres, un genio francés de la anatomía, descubría en París que los negros son primitivos porque tienen poca distancia entre el ombligo y el pene. Para entonces, Haití ya estaba en manos de carniceras dictaduras militares, que destinaban los famélicos recursos del país al pago de la deuda francesa: Europa había impuesto a Haití la obligación de pagar a Francia una indemnización gigantesca, a modo de perdón por haber cometido el delito de la dignidad.
La historia del acoso contra Haití, que en nuestros días tiene dimensiones de tragedia, es también una historia del racismo en la civilización occidental.
La democracia haitiana nació hace un ratito. En su breve tiempo de vida, esta criatura hambrienta y enferma no ha recibido más que bofetadas. Estaba recién nacida, en los días de fiesta de 1991, cuando fue asesinada por el cuartelazo del general Raoul Cedras. Tres años más tarde, resucitó. Después de haber puesto y sacado a tantos dictadores militares, Estados Unidos sacó y puso al presidente Jean-Bertrand Aristide, que había sido el primer gobernante electo por voto popular en toda la historia de Haití y que había tenido la loca ocurrencia de querer un país menos injusto.
El voto y el veto
Para borrar las huellas de la participación estadounidense en la dictadura carnicera del general Cedras, los infantes de marina se llevaron 160 mil páginas de los archivos secretos. Aristide regresó encadenado. Le dieron permiso para recuperar el gobierno, pero le prohibieron el poder. Su sucesor, René Préval, obtuvo casi el 90 por ciento de los votos, pero más poder que Préval tiene cualquier mandón de cuarta categoría del Fondo Monetario o del Banco Mundial, aunque el pueblo haitiano no lo haya elegido ni con un voto siquiera.
Más que el voto, puede el veto. Veto a las reformas: cada vez que Préval, o alguno de sus ministros, pide créditos internacionales para dar pan a los hambrientos, letras a los analfabetos o tierra a los campesinos, no recibe respuesta, o le contestan ordenándole:
-Recite la lección. Y como el gobierno haitiano no termina de aprender que hay que desmantelar los pocos servicios públicos que quedan, últimos pobres amparos para uno de los pueblos más desamparados del mundo, los profesores dan por perdido el examen.
La coartada demográfica
A fines del año pasado cuatro diputados alemanes visitaron Haití. No bien llegaron, la miseria del pueblo les golpeó los ojos. Entonces el embajador de Alemania les explicó, en Port-au-Prince, cuál es el problema: -Este es un país superpoblado -dijo-. La mujer haitiana siempre quiere, y el hombre haitiano siempre puede.
Y se rió. Los diputados callaron. Esa noche, uno de ellos, Winfried Wolf, consultó las cifras. Y comprobó que Haití es, con El Salvador, el país más superpoblado de las Américas, pero está tan superpoblado como Alemania: tiene casi la misma cantidad de habitantes por quilómetro cuadrado.
En sus días en Haití, el diputado Wolf no sólo fue golpeado por la miseria: también fue deslumbrado por la capacidad de belleza de los pintores populares. Y llegó a la conclusión de que Haití está superpoblado… de artistas.
En realidad, la coartada demográfica es más o menos reciente. Hasta hace algunos años, las potencias occidentales hablaban más claro.
La tradición racista
Estados Unidos invadió Haití en 1915 y gobernó el país hasta 1934. Se retiró cuando logró sus dos objetivos: cobrar las deudas del City Bank y derogar el artículo constitucional que prohibía vender plantaciones a los extranjeros. Entonces Robert Lansing, secretario de Estado, justificó la larga y feroz ocupación militar explicando que la raza negra es incapaz de gobernarse a sí misma, que tiene “una tendencia inherente a la vida salvaje y una
incapacidad física de civilización”. Uno de los responsables de la invasión, William Philips, había incubado tiempo antes la sagaz idea: “Este es un pueblo inferior, incapaz de conservar la civilización que habían dejado los franceses”.
Haití había sido la perla de la corona, la colonia más rica de Francia: una gran plantación de azúcar, con mano de obra esclava. En 'El espíritu de las leyes', Montesquieu lo había explicado sin pelos en la lengua: “El azúcar sería demasiado caro si no trabajaran los esclavos en su producción.
Dichos esclavos son negros desde los pies hasta la cabeza y tienen la nariz tan aplastada que es casi imposible tenerles lástima. Resulta impensable que Dios, que es un ser muy sabio, haya puesto un alma, y sobre todo un alma buena, en un cuerpo enteramente negro”.
En cambio, Dios había puesto un látigo en la mano del mayoral. Los esclavos no se distinguían por su voluntad de trabajo. Los negros eran esclavos por naturaleza y vagos también por naturaleza, y la naturaleza, cómplice del orden social, era obra de Dios: el esclavo debía servir al amo y el amo debía castigar al esclavo, que no mostraba el menor entusiasmo a la hora de cumplir con el designio divino. Karl von Linneo, contemporáneo de Montesquieu, había retratado al negro con precisión científica: “Vagabundo, perezoso, negligente, indolente y de costumbres disolutas”. Más generosamente, otro contemporáneo, David Hume, había comprobado que el negro “puede desarrollar
ciertas habilidades humanas, como el loro que habla algunas palabras”.
La humillación imperdonable
En 1803 los negros de Haití propinaron tremenda paliza a las tropas de Napoleón Bonaparte, y Europa no perdonó jamás esta humillación infligida a la raza blanca. Haití fue el primer país libre de las Américas. Estados Unidos había conquistado antes su independencia, pero tenía medio millón de esclavos trabajando en las plantaciones de algodón y de tabaco. Jefferson, que era dueño de esclavos, decía que todos los hombres son iguales, pero también decía que los negros han sido, son y serán inferiores.
La bandera de los libres se alzó sobre las ruinas. La tierra haitiana había sido devastada por el monocultivo del azúcar y arrasada por las calamidades de la guerra contra Francia, y una tercera parte de la población había caído en el combate. Entonces empezó el bloqueo. La nación recién nacida fue condenada a la soledad. Nadie le compraba, nadie le vendía, nadie la reconocía.
El delito de la dignidad
Ni siquiera Simón Bolívar, que tan valiente supo ser, tuvo el coraje de firmar el reconocimiento diplomático del país negro. Bolívar había podido reiniciar su lucha por la independencia americana, cuando ya España lo había derrotado, gracias al apoyo de Haití. El gobierno haitiano le había entregado siete naves y muchas armas y soldados, con la única condición de que Bolívar liberara a los esclavos, una idea que al Libertador no se le había ocurrido. Bolívar cumplió con este compromiso, pero después de su victoria, cuando ya gobernaba la Gran Colombia, dio la espalda al país que lo había salvado. Y cuando convocó a las naciones americanas a la reunión de Panamá, no invitó a Haití pero invitó a Inglaterra.
Estados Unidos reconoció a Haití recién sesenta años después del fin de la guerra de independencia, mientras Etienne Serres, un genio francés de la anatomía, descubría en París que los negros son primitivos porque tienen poca distancia entre el ombligo y el pene. Para entonces, Haití ya estaba en manos de carniceras dictaduras militares, que destinaban los famélicos recursos del país al pago de la deuda francesa: Europa había impuesto a Haití la obligación de pagar a Francia una indemnización gigantesca, a modo de perdón por haber cometido el delito de la dignidad.
La historia del acoso contra Haití, que en nuestros días tiene dimensiones de tragedia, es también una historia del racismo en la civilización occidental.
miércoles, 3 de febrero de 2010
Actividad en el Centro Español
San Salvador, 05 de marzo de 2010
El comité de Biblioteca y Cultura del Centro Español en colaboración con la Defensoría del Consumidor.
Tienen el honor de invitarles al recital poético, con la participación de la Dra. Nieves Alvarez Martín (española) y la Lic. Aziyadeh de Avila (salvadoreña); se contará además con la intervención musical del Dr. Carlos Salomón.
Al mismo tiempo por primera vez en El Salvador presentamos la obra “Trenes de Cercanía” del diseñador gráfico Miguel García González.
Paseo General Escalón Día: viernes 5 de febrero de 2010
y 83 av. Norte Hora: 6:30 pm.
Centro Español Lugar: Salón Sancho Panza
Telef.: 2264-3955
El comité de Biblioteca y Cultura del Centro Español en colaboración con la Defensoría del Consumidor.
Tienen el honor de invitarles al recital poético, con la participación de la Dra. Nieves Alvarez Martín (española) y la Lic. Aziyadeh de Avila (salvadoreña); se contará además con la intervención musical del Dr. Carlos Salomón.
Al mismo tiempo por primera vez en El Salvador presentamos la obra “Trenes de Cercanía” del diseñador gráfico Miguel García González.
Paseo General Escalón Día: viernes 5 de febrero de 2010
y 83 av. Norte Hora: 6:30 pm.
Centro Español Lugar: Salón Sancho Panza
Telef.: 2264-3955
martes, 2 de febrero de 2010
Lo alcanzado, no se entrega
Lo alcanzado, no se entrega
Las empresas de telefonía, la ANEP y la derecha empresarial están asustando al presidente Funes con el petate del muerto. Es importante que como pueblo lo apoyemos para que no le tiemble el pulso, al momento de reafirmar lo que ya se hizo una realidad en la asamblea legislativa: La eliminación de la cuota base de la telefonía fija.
Para todos es claro que estas empresas telefónicas tienen un negocio redondo y no se van a ir de este país por nada del mundo. Así chillen y pataleen ellos en las cámaras televisivas, la rabieta no se va a reflejar en fugas de capital y otras madres. Te lo aseguro y como pueblo tenemos experiencia, en las elecciones la misma dosis nos quisieron aplicar.
Eso sí y que no te quepa la menor duda, las empresas de telefonía van a intentar hacer lo propio por mantener el status quo, pero nada más. El que se trague este cuento de que se van a buscar otro lares es un ingenuo y un novato.
Y lo anterior no lo digo yo, toma tu calculadora compatriota y has cuentas, que no te den paja estos sinvergüenzas. En un país donde hay casi dos teléfonos per cápita -por cada salvadoreño - y donde se "mal gasta" más en telefonía que en comida. El beneficio monetario de permanecer en este mercado regulado no es nada despreciable, es más, podrían regularse la tarifa en base al costo, hacer transportable el número de telefonía celular, colocarles más candados y aún así, las empresas de telefónicas se van a mantener en "Tikaman".
Además, todos mis compatriotas deben de estar claros que estos servicios que venden los buseros, las compañías eléctricas, el servicio de agua, las frecuencias radiales, las frecuencias televisivas y las empresas de telefónica son concesiones que el estado otorga y que se rigen por leyes adscritas más allá de la "leguleyada", al bien público de todos los salvadoreños.
Por lo tanto, el gobierno en su conjunto puede y debe de hacer los cambios que considere convenientes en beneficio del soberano, ya que las empresas que entraron a jugar en estas ligas sabían que lo hacían en mercados regulados y que podrían estar sujetas a estos vaivenes de la política y a las necesidades económicas de los pueblos.
Es muy parecido a aquel que invierte en bolsa, dependerá del nivel de riesgo de su inversión para que sus ganancias sean mayores o menores, pudiendo en el esfuerzo perder lo invertido. Eso implica que son sabedores del riesgo y sobre todo, NADIE los obligó a invertir, así que ahora a socarla señores de la telefonía.
Es importante señalar, teniendo el contexto anterior, que no se puede partir de una situación muy particular de un mercado regulado y generalizarlo a las diferentes ámbitos, actividades y sectores económicos de este país; donde los mercados no son regulados.
Esta tesis de extrapolar de mercados regulados a mercados no regulados es la que utiliza ANEP para indicar que se están cambiando las reglas del juego de la libre empresa, cosas que no es cierta. Como dato curioso, la ANEP nunca se ha pronunciado a favor de los buseros -creo que nadie lo haría - y las regulaciones a las que son sujetos los buseros son muy similares a las de la telefonía, así de simple.
Me comenta un amigo que trabaja en una de las empresas de telefonía que, desde que entró en vigencia el impuesto - de 4 ctvs - a las llamadas de telefonía realizadas desde el extranjero, las empresas de telefonía al mes de octubre 2009 no habían trasladado al estado un solo céntimo. Sería interesante conocer si lograron pagar de forma retroactiva o ese dinero quedó para las sodas y los chicles.
Por todo lo anterior, te invito a que te pronuncies y que instes a nuestro presidente Mauricio Funes a no dar un paso atrás.
http://el-salvador.blogspot.com/2010/02/lo-alcanzado-no-se-entrega.html
Las empresas de telefonía, la ANEP y la derecha empresarial están asustando al presidente Funes con el petate del muerto. Es importante que como pueblo lo apoyemos para que no le tiemble el pulso, al momento de reafirmar lo que ya se hizo una realidad en la asamblea legislativa: La eliminación de la cuota base de la telefonía fija.
Para todos es claro que estas empresas telefónicas tienen un negocio redondo y no se van a ir de este país por nada del mundo. Así chillen y pataleen ellos en las cámaras televisivas, la rabieta no se va a reflejar en fugas de capital y otras madres. Te lo aseguro y como pueblo tenemos experiencia, en las elecciones la misma dosis nos quisieron aplicar.
Eso sí y que no te quepa la menor duda, las empresas de telefonía van a intentar hacer lo propio por mantener el status quo, pero nada más. El que se trague este cuento de que se van a buscar otro lares es un ingenuo y un novato.
Y lo anterior no lo digo yo, toma tu calculadora compatriota y has cuentas, que no te den paja estos sinvergüenzas. En un país donde hay casi dos teléfonos per cápita -por cada salvadoreño - y donde se "mal gasta" más en telefonía que en comida. El beneficio monetario de permanecer en este mercado regulado no es nada despreciable, es más, podrían regularse la tarifa en base al costo, hacer transportable el número de telefonía celular, colocarles más candados y aún así, las empresas de telefónicas se van a mantener en "Tikaman".
Además, todos mis compatriotas deben de estar claros que estos servicios que venden los buseros, las compañías eléctricas, el servicio de agua, las frecuencias radiales, las frecuencias televisivas y las empresas de telefónica son concesiones que el estado otorga y que se rigen por leyes adscritas más allá de la "leguleyada", al bien público de todos los salvadoreños.
Por lo tanto, el gobierno en su conjunto puede y debe de hacer los cambios que considere convenientes en beneficio del soberano, ya que las empresas que entraron a jugar en estas ligas sabían que lo hacían en mercados regulados y que podrían estar sujetas a estos vaivenes de la política y a las necesidades económicas de los pueblos.
Es muy parecido a aquel que invierte en bolsa, dependerá del nivel de riesgo de su inversión para que sus ganancias sean mayores o menores, pudiendo en el esfuerzo perder lo invertido. Eso implica que son sabedores del riesgo y sobre todo, NADIE los obligó a invertir, así que ahora a socarla señores de la telefonía.
Es importante señalar, teniendo el contexto anterior, que no se puede partir de una situación muy particular de un mercado regulado y generalizarlo a las diferentes ámbitos, actividades y sectores económicos de este país; donde los mercados no son regulados.
Esta tesis de extrapolar de mercados regulados a mercados no regulados es la que utiliza ANEP para indicar que se están cambiando las reglas del juego de la libre empresa, cosas que no es cierta. Como dato curioso, la ANEP nunca se ha pronunciado a favor de los buseros -creo que nadie lo haría - y las regulaciones a las que son sujetos los buseros son muy similares a las de la telefonía, así de simple.
Me comenta un amigo que trabaja en una de las empresas de telefonía que, desde que entró en vigencia el impuesto - de 4 ctvs - a las llamadas de telefonía realizadas desde el extranjero, las empresas de telefonía al mes de octubre 2009 no habían trasladado al estado un solo céntimo. Sería interesante conocer si lograron pagar de forma retroactiva o ese dinero quedó para las sodas y los chicles.
Por todo lo anterior, te invito a que te pronuncies y que instes a nuestro presidente Mauricio Funes a no dar un paso atrás.
http://el-salvador.blogspot.com/2010/02/lo-alcanzado-no-se-entrega.html
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