jueves, 21 de junio de 2012

VIII Congreso de Mujeres Universitarias

miércoles, 20 de junio de 2012

Mejicanos, San Salvador: Protesta Anti-WalMart

Lugar: jueves 21 junio, 8 a.m.,


Plaza Schafik Handal, boulevard Constitucion Mejicanos










COMUNICADO PÚBLICO


Walmart Mejicanos y el peligro a nuestras vidas






En las últimas semanas, nos hemos enterado con preocupación de que la Alcaldía Municipal de Mejicanos ha concedido los permisos necesarios para la construcción de sus instalaciones a la empresa trasnacional Walmart. La construcción ya ha comenzado y estarían finalizadas en diciembre de este año1.










Las gestiones municipales anteriores habían negado el permiso de construcción del edificio de Walmart debido a que, a vista de la municipalidad, tal empresa no cumplía con los requisitos de gestión ambiental. Sin embargo, con la entrada del nuevo gobierno municipal, presidido por Juana Lemus de Pacas, los permisos de construcción han sido otorgados sin previa consulta con las y los ciudadanos, sin sopesar el riesgo ambiental y humano que tendrá la construcción de tales instalaciones.














Walmart es una empresa transnacional de origen estadounidense que, en diferentes países, se ha visto vinculada con procesos de corrupción, vulneración de derechos laborales y compra de voluntades para favorecer sus intereses corporativos2. Algunos de los procesos judiciales en su contra siguen abiertos y en espera de resolución sin que Walmart haya esclarecido públicamente las acusaciones.














En el caso concreto de nuestro país, existen fuertes indicios de que la concesión de los permisos de construcción tuvo a la base un proceso de compra de voluntades de altos funcionarios de la Alcaldía del municipio de Mejicanos.














Nuestra preocupación se debe a que la construcción de las instalaciones de Walmart en Mejicanos es proclive a profundizar la vulnerabilidad ambiental del municipio, poniendo en riesgo la vida de miles de personas y de barrios enteros de Mejicanos, Ayutuxtepeque, Cuscatancingo y el Centro de San Salvador. Cabe mencionar que Mejicanos es el tercer municipio con mayor incidencia de Asentamientos Urbanos Precarios a nivel del Área Metropolitana de San Salvador, y donde el 45.5% de los hogares tiene dos o más necesidades básicas insatisfechas3. Con la construcción de Walmart, miles de niñas, niños y adolescentes, miles de personas adultas mayores, que habitan en viviendas precarias estarían aún más expuestas a desastres ambientales provocados por inundaciones y deslizamientos de tierra. Ni la empresa ni la Alcaldía Municipal deben obviar estos hechos pues existen estudios que ubican a nuestro país como uno de los más vulnerables a sufrir desastres ambientales4.














Los 8 mil metros cuadrados que ocupará la empresa están poniendo en riesgo la relativa estabilidad ambiental de la zona. La deforestación y la construcción de superficies de concreto alterarán el microclima del sector, alterarán la capacidad de absorción de agua del acuífero de San Salvador y, por ende, dicho líquido será más escaso. El agua lluvia se convertirá en escorrentía superficial y se desplazara hacia la zona baja del territorio sumándose a las obstrucciones de tuberías de aguas negras, canaletas y puntos de desagüe de aguas servidas; esto aumentara las inundaciones, deslizamientos y otros efectos relacionados.














Además de los graves impactos en el ambiente que implica la construcción de estos mega-establecimientos comerciales, es de sobra conocido que, en países como Estados Unidos, Walmart ha sido fuertemente criticado por sus políticas laborales. De hecho, Walmart es una de las multinacionales que más acumula violaciones a los derechos laborales de sus trabajadores. En cualquier caso, los 500 empleos directos que ha anunciado la empresa no contrarrestarán, en ninguna medida, la quiebra de miles de pequeños establecimientos que se dedican al comercio minorista. Tal ha sido el caso en los mismo Estados Unidos, donde miles de comercios han cerrado mientras Walmart ha aumentado sus ganancias en un 132.7% en los últimos seis años.














La Responsabilidad Social Corporativa (RSC) que Walmart tanto ha anunciado como uno de sus programas que beneficiarán a la población, no es más que un método publicitario que permite a las empresas vender una imagen amigable a la sociedad. Recientemente Walmart ha anunciado, dentro de su programa de responsabilidad social, un proyecto denominado “Mujeres, manos a la obra”5, un programa supuestamente orientado a dar asistencia técnica a un grupo de 15 mujeres para el cultivo de hortalizas, en el municipio de Suchitoto. El negocio de este programa está en que el mismo Walmart será el comprador de esas hortalizas, lo que significa que tendrán el control sobre el qué, cómo y cuánto producir, y fijará los precios de compra; en otras palabras servirá para aumentar su ganancia a través de la expoliación del trabajo de éste grupo de mujeres. Obviamente no les interesa fomentar la soberanía alimentaria en la zona, y mucho menos potenciar la articulación en redes de la producción campesina.














Como jóvenes, estamos conscientes que las empresas transnacionales del tipo Walmart vienen a nuestros países a precarizar nuestras condiciones ambientales, a explotar a nuestros trabajadores y trabajadoras, a poner en riesgo nuestras vidas, entre otras cosas. Exigimos que el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales, la Oficina de Planificación para el Área Metropolitana de San Salvador y la Alcaldía de Mejicanos transparenten y hagan pública la información técnica que compruebe la viabilidad de la construcción de Walmart en la zona. Exigimos que se consulte a las comunidades que, por ver amenazada su seguridad ante inundaciones y deslaves, durante años han insistido sobre la inviabilidad de la construcción del referido supermercado.














¡¡Por la vida en Mejicanos: NO a la construcción de Walmart!!










Colectivo Juvenil Feliciano Ama, Encachimbados,


Jóvenes x el ½ Ambiente, Asociación de Estudiantes de Economía,


Asociación de Estudiantes de Sociología, Movimiento Estudiantil Cristiano,


Colectivo Papalota Negra, Común de Estudiantes de Santa Marta,


Red Uniendo Manos ES, Unidad Ecológica Salvadoreña,


Ciudades Hermanas, Colectivo Ceiba.






1 La prensa gráfica. “Walmart Mejicanos abriría en diciembre”. Mayo, 2012. Ver nota: http://www.laprensagrafica.com/economia/nacional/260999-walmart-mejicanos-abriria-en-diciembre.html.






2 La jornada. “Anticipa Wal-Mart costos por escándalo de corrupción”. Mayo, 2012. http://www.jornada.unam.mx/2012/05/19/economia/027n4eco






3 FLACSO. Mapa de pobreza urbana y exclusión social. FLACSO-MINED. 2008.






4 UNDAC, 2010. http://www.opinandoenelsalvador.com/wp-content/uploads/2010/10/informenacionalcapacidadrespuestadesastres2010.pdf










5 LPG, “Walmart beneficia a grupo de mujeres”, 22 de mayo de 2012, en: http://www.laprensagrafica.com/economia/nacional/264266-walmart-beneficia-a-grupo-de-mujeres.html



Las izquierdas en Latinoamérica: necesidad de repensarlas








Marcelo Coussi


mmcolussi@gmail.com






La región latinoamericana tiene características bastante peculiares en tanto bloque. Si bien hay diferencias, marcadas incluso, entre algunas zonas -el Cono Sur con Argentina, Chile y Uruguay es muy distinto a Centroamérica, por ejemplo; o sus países más industrializados, Brasil y México, difieren grandemente de las islas caribeñas-, en su composición hay más elementos estructurales en común que dispares.






Los rasgos comunes que unifican a toda la región son, al menos, dos: a) todos los países que la componen nacieron como Estado-nación modernos luego de tres siglos de dominación colonial europea; y b) todos se construyeron intengrando a los pueblos originarios en forma forzosa a esos nuevos Estados por parte de las elites criollas. Estas características marcan a fuego la historia y la dinámica actual del área.






En un sentido, toda la historia de Latinoamérica en sus ya más de cinco siglos como unidad político-social y cultural, es una historia de violencia, de profundas injusticias, de reacción y luchas populares. De las rebeliones indígenas a la actual propuesta del ALBA (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América) como proyecto de integración no salvajemente capitalista, las fuerzas progresistas han jugado siempre un importante papel. Las izquierdas políticas en sentido moderno (con un talante socialista podríamos decir, marxistas incluso) han estado siempre presentes en los movimientos del pasado siglo. De hecho, con diferencias en sus planteamientos pero con un mismo norte, en casi todas las sociedades latinoamericanas se dieron procesos populares de construcción de alternativas socialistas, o nacionalistas antiimperialistas, en búsqueda de mayores niveles de justicia. En algunas llegando a ocupar aparatos de Estado, con experiencias disímiles, pero siempre con un talante popular: Chile con el procso de Salvador Allende a la cabeza, Cuba y Nicaragua con sus revoluciones vía armada, Bolivia con un proceso particular de nacionalización y reforma agraria; Guatemala con una perspectiva similar de corte antiimperialista; Venezuela, Bolivia o Ecuador en la actualidad, con proyectos nacionales con matices de izquierda; en otras experiencias, peleando desde el llano: movimientos sindicales, reivindicaciones campesinas, insurgencias armadas.






Sin ánimo de hacer un balance de esta historia, lo que vemos entrado ya el siglo XXI es que la izquierda no está en franco ascenso, pero tampoco ha muerto como el omnímodo discurso neoliberal actual pretende presentar. Es más: luego de la furiosa y sangrienta represión de los proyectos progresistas de las décadas de los 70/80 y de la instauración de antipopulares políticas privatistas en los 90 del siglo pasado, después del derrumbe del campo socialista y un período donde las luchas por mayores cuotas de justicia parecían totalmente dormidas, en estos últimos años asistimos a un renacer de la reacción popular.






¿Estamos entonces realmente ante un resurgir de las izquierdas, de nuevos, viables y robustos proyectos de cambio social?






Hoy día suele hacerse la diferencia entre izquierdas políticas e izquierdas sociales. Hay, sin dudas, un cierto retraso de las primeras en relación a las segundas. Para decirlo de otro modo: los planteos políticos de fuerzas partidarias a veces han quedado cortos en relación a la dinámica que van adquiriendo movimientos sociales. Muchas veces las reacciones, protestas, o simplemente la modalidad que, en forma espontánea, han tomado las mayorías, no siempre se ven correspondidas por proyectos políticos articulados provenientes de las agrupaciones de izquierda. Con variaciones, con tiempos distintos, pero sin dudas como efecto generalizado apreciable en toda Latinoamérica, hay un desfase entre masas y vanguardias. Lo cierto es que desde hace algunos años la reacción de distintos movimientos sociales ha abierto frentes contra el neoliberalismo rampante que se extiende sin límites por toda la región.






Toda esta izquierda social ha tenido impactos diversos, con agendas igualmente diversas, o a veces sin agenda específica: frenar privatizaciones de empresas públicas, organización y movilización de campesinos sin tierra o de habitantes de asentamientos urbanos precarios, derrocamiento de presidentes como en Argentina, en Bolivia o en Ecuador, oposición a políticas dañinas a los intereses populares. Por ejemplo, la suma de todas estas movilizaciones impidió la entrada en vigencia del Area de Libre Comercio para las Américas -ALCA- tal como lo tenía previsto Washington para enero del 2005, o frenó la instalación de empresas multinacionales extractivas (mineras o petroleras) en más de una ocasión. Eso, por cierto, no es la revolución socialista, pero constituye momentos importantes de una larga lucha de resistencia popular.






El abanico de protestas es amplio, y a veces, por tan amplio, difícil de vertebrar. Los piqueteros en Argentina o los movimientos campesinos con un fuerte componente étnico en Bolivia, Ecuador, Perú o Guatemala, el zapatismo en el Sur de México o la movilización de los sem terra en Brasil, son formas de reacción a un sistema injusto que, aunque haya proclamado que "la historia terminó", sigue sin dar respuesta efectiva a las grandes masas postergadas. ¿Hay un hilo conductor, algún elemento común entre todas estas expresiones?






Hoy por hoy, diversas expresiones de la izquierda política, o al menos, expresiones que caen bajo el excesivamente amplio y difuso paraguas del denominado "progresismo" -la izquierda que en estos momentos es posible: moderada y de saco y corbata- tienen en sus manos el aparato del Estado en varios países: Brasil, El Salvador, Uruguay, Argentina. Habrá quien ni siquiera esté de acuerdo con considerar a estos gobiernos como expresiones de la izquierda. Tal vez no se equivoque quien así lo vea, pero para la derecha (nacionales, o para el discurso hegemónico de Washington, ese difuso abanico no deja de tener valor de "desafío". Con esos proyectos populares, con cierta preocupación social (más, al menos, que los gobiernos neoliberales abiertos), las posibilidades de transformaciones profundas, tal como están las cosas y dada la coyuntura con que arribaron a las administraciones estatales, son limitadas, o quizá imposibles. Más aún: son "izquierdas" que, en todo caso, pueden administrar con un rostro más humano situaciones de empobrecimiento y endeudamiento sin salida en el corto tiempo. En modo alguno podría decirse que son "traidores", "vendidos al capitalismo", "tibios gatopardistas". La izquierda constitucional hace lo que puede; y hoy, en los marcos de la post Guerra Fría, con el triunfo de la gran empresa y el unipolarismo vigente -más aún en la región latinoamericana, botín histórico del imperio estadounidense, cada vez más inundada de bases militares lideradas desde el Norte- es poco lo que tiene por delante: si deja de pagar la ominosa deuda externa, si piensa en plataformas de expropiaciones y poder popular y si se atreve a armar a sus pueblos, sus días están contados. Es más: ni siquiera es necesario pensar en tales extremos de radicalización: coquetear con propuestas con sabor a popular ya puede ser motivo de reacción, y en algunos países pequeños, como Honduras, Haití, Guatemala, puede llevar a golpes de Estado, disfrazados hoy por hoy, pero golpes al fin (Manuel Zelaya en Honduras o Jean-Bertrand Aristide en Haití fueron movidos de sus presidencias, y casi se logra lo mismo en un momento determinado con Álvaro Colom en Guatemala).






¿Es mejor, entonces, desechar de una vez la lucha en los espacios de las democracias constitucionales? Es un espacio más, uno de tantos; pero no más que eso, y deberíamos ser muy precavidos respecto a los resultados finales de esas luchas. La experiencia ya ha demostrado con innegable contundencia que cambiar el sistema desde dentro es imposible (los casos de Venezuela, Bolivia o Ecuador son una pregunta abierta al respecto: ¿hasta dónde pueden llegar sus transformaciones reales en tanto se mueven en la lógica delas democracias representativas clásicas?) Los movimientos insurgentes que, desmovilizados, pasaron a la arena partidista, no han logrado grandes transformaciones de base en las estructuras de poder contra las que luchaban con las armas en la mano (piénsese en las guerrillas salvadoreñas o guatemaltecas, por ejemplo, o el M-19 en Colombia). Todo lo cual no debe llevar a desechar de una vez el ámbito de la democracia representativa; debe abrir, en todo caso, la pregunta en torno a los caminos efectivos de las izquierdas. Algo así como la pregunta que se hacía Lenin hace más de un siglo en Rusia zarista: ¿qué hacer?






Las izquierdas que hacen gobierno desde otra perspectiva (Cuba, o Venezuela con su Revolución Bolivariana, una izquierda bastante sui generis po cierto, o procesos como los de Bolivia o Ecuador, interesantes semillas de fermento popular sin dudas) son el blanco de ataque del gran capital privado, expresado fundamentalmente en la actitud belicosa y prepotente de la administración de Washington.






Lo que está claro es que en esta post Guerra Fría, con el papel hegemónico unipolar que ha ido cobrando Estados Unidos y su plan de profundización de poderío global, Latinoamérica es ratificada en su papel de reserva estratégica (léase: patio trasero). Ante la desaceleración de su empuje económico (el imperio no está muriéndose, pero comienza a ver amenazado su lugar de intocable a partir de nuevos actores como China o la Unión Europea), el área latinoamericana es una vez más un reaseguro para la potencia del Norte, apareciendo ahora como obligado mercado integrado donde generar negocios, proveer mano de obra barata y asegurar recursos naturales a buen precio, por supuesto bajo la absoluta supremacía y para conveniencia de Washington. De esa lógica se deriva la nueva estrategia de recolonización dada a través de la firma de los diversos Tratados de Libre Comercio -que, por supuesto, de "libres" no tienen nada-, acompañada por la ultra militarización de la zona, con una cantidad de bases como nunca había tenido durante el siglo XX.






La situación actual puede abrir la interrogante sobre cómo enfrentarse a ese poder hegemónico: ¿unirse como bloque regional quizá? Como dijera Angel Guerra Cabrera: "La victoria no concluye hasta conseguir la integración económica y política de América Latina y el Caribe. Y es que la concreción en los hechos del ideal bolivariano -como lo vienen haciendo Venezuela y Cuba en sus relaciones- es lo único que puede evitar la anexión de nuestra región por Estados Unidos y propiciar que se desenvuelva con independencia y dignidad plena en el ámbito internacional. Lograrlo exige la definición de un programa mínimo que agrupe en cada país a las diferentes luchas sociales en un gran movimiento nacional capaz de impulsar transformaciones antiimperialistas y socialistas". Seguramente ahí hay una agenda que las fuerzas progresistas no pueden descuidar: una integración real y basada en intereses populares, una posición clara contra mecanismos de ataque a la integridad latinoamericana como el Plan Patriota (ex Plan Colombia) o el Plan Mérida (para México y Centroamérica) y los nuevos demonios que circulan y pueden permitir el desembarco de más tropas: la lucha contra el narcotráfico y contra el terrorismo internacional, coartada perfecta para la geoestrategia del gobierno de Estados Unidos.






Esto nos lleva, entonces, a la reconsideración de las nuevas izquierdas en Latinoamérica, tarea impostergable y vital. La izquierda necesita hacerse un replanteamiento en tanto expresión de un pensamiento alternativo al capitalismo, a la lógica del libre mercado, a la sociedad de clases -crítica que no significa el desechar los ideales de cambio luego del derrumbe del socialismo europeo sino su profundización a partir de las lecciones aprendidas-. Preguntas, en definitiva, que podrán servir para reenfocar las luchas.






Si esa reformulación se hace genuinamente, deberá preguntarse qué es lo que está en juego en una revolución: ¿se trata de mejores condiciones de vida para la población, como se está dando en estos momentos en Venezuela con un reparto más equitativo de la renta petrolera, o hay que profundizar el poder popular y la construcción de una nueva ética? (en el país caribeño, por ejemplo, sigue siendo dominante la idea de los certámenes de belleza femenina, y el gobierno central destina 300 millones de dólares para apoyar a "su" piloto de Fórmula 1. ¿Eso es el socialismo del siglo XXI?) De tal forma, abriendo esos debates, deberá atreverse a buscar a tiempo los antídotos del caso contra los errores que nos enseña la historia; preguntarse qué, cómo y en qué manera puede cambiar lo que se intenta cambiar; hacer efectiva la máxima de "la imaginación al poder" del mítico Mayo Francés de 1968, hoy ya tan lejano y olvidado, como una garantía, quizá la única, de poder lograr cambios sostenibles.






En esa reconceptualización, sabiendo que nos referimos a Latinoamérica, es necesario retomar agendas olvidadas, o poco valorizadas por la izquierda tradicional. Heredera de una tradición intelectual europea (ahí surgió lo que entendemos por izquierda), los movimientos contestatarios del siglo XX ocurridos en Latinoamérica no terminaron de adecuarse enteramente a la realidad regional. La idea marxista misma de proletariado urbano y desarrollo ligado al triunfo de la industria moderna en cierta forma obnubiló la lectura de la peculiar situación de nuestras tierras. Cuando décadas atrás José Mariátegui, en Perú, o Carlos Guzmán Böckler, en Guatemala, traían la cuestión indígena como un elemento de vital importancia en las dinámicas latinoamericanas, no fueron exactamente comprendidos. Sin caer en infantilismos y visiones románticas de "los pobres pueblos indios" ("Al racismo de los que desprecian al indio porque creen en la superioridad absoluta y permanente de la raza blanca, sería insensato y peligroso oponer el racismo de los que superestiman al indio, con fe mesiánica en su misión como raza en el renacimiento americano", nos alertaba Mariátegui en 1929), hoy día la izquierda debe revisar sus presupuestos en relación a estos temas.






De hecho, entrado el tercer milenio, vemos que las reivindicaciones indígenas no son "rémoras de un atrasado pasado semifeudal y colonial" sino un factor de la más grande importancia en la lucha que actualmente libran grandes masas latinoamericanas (Bolivia, Perú, Ecuador, México, Guatemala). Sin olvidar que Latinoamérica es una suma de problemas donde el tema del campesinado indígena es un elemento entre otros, pero sin dudas de gran importancia, la actitud de autocrítica es lo que puede iluminar una nueva izquierda.






Pensar que las izquierdas están renaciendo con fuerza imparable, además de erróneo, puede ser irresponsable. Si el "progresimo" actual puede llevar a plantear un "capitalismo serio", eso no es más que un camino muerto, o sumamente peligro incluso para las grandes mayorías populares. Pero creer que todo está perdido, es más irresponsable aún. En ese sentido, entonces, la utopía de un mundo nuevo no ha muerto porque ni siquiera ha terminado de nacer.










Bibliografía






• Betto, Frei. "Desafíos a la nueva izquierda". Rebelión, 02-02-2005 www.rebelion.org


• Borón, Atilio. "La izquierda latinoamericana a comienzos del siglo XXI: nuevas realidades y urgentes desafíos". Rebelión, 11-08-2004 www.rebelion.org


• -------- "Actualidad del '¿Qué hacer?'". Rebelión, 27-12-2004 www.rebelion.org


• Caballero, Manuel. "La Internacional Comunista y la revolución latinoamericana". Editorial Nueva Sociedad. Caracas, 1988.


• Diercksens, Wim. "Los límites de un capitalismo sin ciudadanía". Editorial Universidad de Costa Rica. San José, 1997.


• Dussel, Enrique. "Praxis latinoamericana y filosofía de la liberación". Editorial Nueva América. Bogotá, 1994.


• Figueroa Ibarra, Carlos. "Notas para una reflexión sobre la izquierda guatemalteca". Ponencia presentada en el Encuentro Nacional por la Paz y la Democracia. Quetzaltenango, Guatemala, octubre de 2004.


• Galeano, Eduardo. "Las venas abiertas de América Latina". Siglo Veintiuno Editores. México, 1973.


• Guzmán Böckler, Carlos. "Donde enmudecen las conciencias. Crepúsculo y aurora en Guatemala". GSPI. Guatemala, 1991.


• Katz, Claudio. "El porvenir del socialismo". Monte Ávila Editores. Caracas, 2006.


• Mariátegui, José. "Siete Ensayos sobre la realidad peruana”. Fundación Biblioteca Ayacucho. Caracas, 2007.


• Rodríguez Elizondo, José. "La crisis de las izquierdas en América Latina". Editorial Nueva Sociedad. Caracas, 1990.


• Sánchez Vásquez, Adolfo. "Entre la realidad y la utopía. Ensayo sobre política, moral y socialismo". UNAM / FCE. México, 1999.


• Varios autores. "Fin del capitalismo global. El nuevo proyecto histórico". Editorial Txalaparta. México, 1999.


jueves, 14 de junio de 2012

MADRE SELVA REPUDIO ATENTADO CONTRA YOLANDA OQUELÍ


Yolanda  Oquelí lidereza de la resistencia contra la minería de oro en San José el Golfo y San Pedro Ayampuc fue víctima de un vil atentado con arma de fuego

La tarde del miércoles 13 de junio de 2012 fue atacada a tiros la lidereza de la resistencia contra la minería de oro en San Pedro Ayampuc y San José del Golfo, Yolanda Oquelí, cuando se dirigía en su vehículo desde el plantón de La Puya hacia  su casa en San José del Golfo.
Yolanda, junto a otros líderes del movimiento antiminero de la zona norte metropolitana había venido sufriendo intimidaciones y  amenazas por parte de funcionarios de la empresa Servicios Mineros de Centro América S.A. que funciona en San Jose del Golfo bajo la dirección del Coronel Luis Aguirre y los también Coroneles Mario Figueroa Archila y Arias Mendez. Esta empresa se dedica a dividir y a amenazar a la población de estos dos municipios donde se ha planteado una fuerte resistencia a la instalación de proyectos mineros de oro como el llamado Progreso VII Derivada (la Puya) localizado en el municipio de San Pedro Ayampuc, cuyo representante legal es Selvin Antonio Morales Valdez, ex-Director de Minería del Ministerio de Energía y Minas.  
Yolanda Oquelí fue atacada a balazos cuando desconocidos le atravezaron una motocicleta en las inmediaciones del cementerio de San José del Golfo.  Diás antes Yolanda y otros líderes antimineros, presentaron una serie de denuncias ante el Ministerio Publico por intimidaciones, amenazas y criminalización por ejercer su derecho de resistencia pacífica.

Ante este repudiable crimen MANIFESTAMOS

·      Es inaceptable que el gobierno apoye y tolere a compañías mineras que pretenden imponer sus proyectos por medio de amenazas, intimidación y violencia contra mujeres y hombres que ejercen su legítimo derecho a la resistencia resistencia pacífica y legal contra actividades extractivas que atentan contra la vida, la, integridad física y moral, el derecho a un ambiente sano y seguro y el derecho humano al agua.

·      Exigimos a las instancias del sistema de justicia su inmediata intervención para que investiguen este vil ataque a Yolanda Oquelí e identifiquen a los autores intelectuales y materiales de este hecho los hechos y para que sean sancionados de acuerdo a su responsabilidad por este acto criminal.

·      Demandamos al poder ejecutivo que ponga un alto a su política de entregar a empresas mineras nuestro territorio y bienes naturales sin llevar a cabo la debida consulta previa, libre e informada a las poblaciones afectadas sobre las consecuencias que conllevan este tipo  de proyectos, tal como lo exigen el Código Municipal y el Convenio 169 de la OIT. La persistencia del gobierno de la mano dura en imponer autoritariamente estos proyectos extractivos esta llevando a nuestro país a una situación de violencia represiva que resulta absolutamente inaceptable.

·      Exigimos a los organismos responsables de velar por el respeto a los derechos humanos que se tomen medidas inmediatas de protección efectiva para garantizar la vida de la lidereza y defensora de derechos humanos: Yolanda Oquelí.

·      Que se emitan medidas de protección a las comunidades del municipio de San Jose el Golfo y San Pedro Ayampuc que permanecen a inmediaciones de las instalaciones del proyecto Minero Progreso VII Derivada (la Puya), pues ellas y ellos están ejerciendo su derecho constitucional enunciado en el ARTICULO 45 de la Constitución Política de la República de Guatemala.

o    “Es legítima la resistencia del pueblo para la protección y defensa de los derechos y garantías consignados en la Constitución.
Esta resistencia pacífica está siendo ejercida por hombres, mujeres niños y niñas, católicos, evangélicos, laicos, población indígena y campesina, comerciantes, agricultores e intelectuales que en ningún momento han sido consultados sobre la instalación de proyectos mineros. Las personas que resisten ante este tipo de proyectos identifican con claridad  los riesgos que la actividad minera representa para sostener una vida digna.
·      Repudiamos la violencia contra Yoli y las comunidades en resistencia que se han destacado por su valor y decisión en defensa de la vida, el agua y su territorio. Nos solidarizamos con la familia de Yoli y con el valeroso pueblo de San José del Golfo y San Pedro Ayampuc que están dando un ejemplo de dignidad con su lucha pacífica y legal contra la imposición autoritaria del gobierno y las empresas mineras. 
¡Todos somos Santa Cruz Barillas!
¡Todos somos La Puya!
¡Todos somos Yolanda!

Guatemala, martes 13 de junio de 2012.

        Colectivo Ecologista MadreSelva
Luchamos por la paz y una vida digna para las futuras generaciones.

¡Cultura para todos! Nace Libros Digitales Armonía




Marcelo Colussi

Pese a nuestra actual y omnipresente cultura iconográfica, que se expande cada vez más por todo el planeta con fuerza incontenible, la lectura continúa siendo la más eficaz via regia para promover el pensamiento crítico, profundo, integral.

Si bien es cierto que hoy por hoy la actitud humanística no abunda y, por el contrario, pareciera en vías de extinción, el placer de leer un libro por el gusto de leerlo, la reflexión serena, el análisis implacable, todo ello encuentra en la práctica de la lectura su mejor aliado. Tal vez, incluso, su único y verdadero aliado. La cultura de la imagen llegó para quedarse, sin dudas; los medios audiovisuales marcan el ritmo actual. Pero los libros aún viven.

Y el desafío es… ¡que sigan viviendo! Por eso surge la propuesta de Libros Digitales Armonía.

La misma trata de mantener la pasión por los libros, usando formato digital.

Y con un agregado más aún: ¡no es una propuesta comercial! Se trata de una iniciativa de corte popular, en el más cabal sentido de la palabra: para que la cultura llegue al pueblo, sea apropiada por la mayor cantidad de personas posibles, se difunda, se expanda.

Con precios bajos (entre dos y tres euros), se ofrecen libros digitales que podrán comprarse por medio de procedimientos electrónicos, abarcando una amplia gama de temáticas vinculadas a las humanidades: antropología, arte, biografías, cuentos, derechos humanos, ensayos políticos, geopolítica, historia, novelas, psicología social, poesía, sociología.

No es una iniciativa comercial por cuanto la “editorial” –con sede en Estocolmo, Suecia– no lucrará con estas ventas. Sólo mantendrá un mínimo porcentaje para gastos operativos, quedando la casi totalidad de lo vendido para cada uno de los autores. Contrariamente a otras iniciativas en la red de redes donde se propone a los trabajadores de la cultura, siempre desde una óptica empresarial, vender sus obras, en muchos casos teniendo que pagar por anticipado como cuota de inscripción o algún subterfugio por el estilo, para luego entregar sólo un mínima parte de lo recaudado en calidad de “salario” a los escritores, en este proyecto la página web oficia sólo de plataforma, de intermediaria entre autor y lector. La ganancia, en todo caso, es sólo para quien escribió (“de cada quien según su capacidad, a cada quien según su necesidad”. Crítica del Programa de Gotha, 1875, ¿recuerdan el autor?).

No es, en sentido estricto, una cooperativa. Pero definitivamente no es una empresa privada con carácter lucrativo. Distinto a lo que suele hacerse en muchas iniciativas “progresistas” donde se pide el aporte voluntario de los trabajadores (sin decir quién se queda luego con la plusvalía), aquí claramente se pone en venta un producto, pero con carácter social, popular, colectivo. ¿O acaso los escritores no comen?

De momento hay unos pocos títulos. La perspectiva es ir aumentando rápidamente el número de autores y de libros. Ello dependerá de la cantidad de visitas y de compras que se vayan teniendo.

Invitamos a conocer este interesante proyecto: http://www.armonialibros.com/  http://www.armonialibros.com/

lunes, 4 de junio de 2012

La historia no había terminado…








Marcelo Colussi


mmcolussi@gmail.com






"Defiendo la construcción del Estado como uno de los asuntos de mayor importancia para la comunidad mundial, dado que los Estados débiles o fracasados causan buena parte de los problemas más graves a los que se enfrenta el mundo: la pobreza, el sida, las drogas o el terrorismo". Esta idea jamás podríamos asociarla al pensamiento neoliberal (o "capitalismo salvaje", para decirlo sin atenuantes), el cual se caracteriza por una apología fanática de la libre empresa y del achicamiento/desaparición del Estado.






Pero curiosamente es lo que nos dice Francis Fukuyama en su libro "State-Building: Governance and World Order in the 21st. Century", publicado en el año 2004 y llevado al español como "Construcción del Estado: gobierno y orden mundial en el siglo XXI".






Fukuyama se hizo famoso la década pasada cuando en 1992 (año del centenario del inicio de la conquista de América, casualmente) pronunció el grito triunfal en su libro El fin de la historia y el último hombre: "la historia ha terminado". Pero en realidad lo dicho por este pseudo-intelectual ni es pensamiento profundo ni encierra ninguna verdad científica. La historia ¡no había terminado! Años después de pronunciar esa frase de victoria (ideológica, visceral), se atempera y reconsidera el papel del Estado.






A inicios de la década pasada, caído el muro de Berlín y derrumbado el campo socialista de Europa del Este, el capitalismo se sintió exultante, triunfal. Todo parecía indicar que la economía planificada no llevaba a ningún lado, y que el mercado se imponía como modelo único e inevitable. Coadyuvaba a esta visión la idea de democracias parlamentarias como más "civilizadas" y dando más respuestas a los problemas sociales que las "dictaduras" del proletariado de partido único.






Fue tan grande el golpe –y en buena medida, el golpe mediático que el capital supo implementar al respecto– que el discurso dominante inundó toda la discusión. La izquierda misma quedó perpleja, sin argumentos. Parecía cierto que la historia nos dejaba sin respuesta. Pero la historia no había terminado (¿habían terminado acaso las causas que ponen en marcha la protesta social?, ¿habían terminado las asimetrías sociales basadas en la explotación y las injusticias?)






El término "globalización" se adueñó de los espacios mediáticos y del ámbito académico, pasando a ser sinónimo de progreso, de proceso irreversible, de triunfo del capital sobre el "anticuado" comunismo que moría, representado en autoritarios jerarcas de Comités Centrales que, sin duda, de comunistas no tenían más que el nombre. Y de verdad que nos lo hicieron creer. La siempre mal definida globalización pasó a ser el nuevo dios; según se nos dijo –siendo Fukuyama uno de sus principales difusores– la misma traería desarrollo y prosperidad para todo el planeta. La historia había terminado (mejor dicho: el socialismo había terminado), y el término que lo expresaba con elegancia, por no decir con refinado sadismo, era globalización. No se podía estar contra ella.






Por ese entonces el optimismo triunfalista del neoliberalismo en boga campeaba sobre el mundo. Después de las fracasadas experiencias socialistas (aunque habría que discutir más eso del "fracaso". ¿Cuba fracasó?, el sistema capitalista ¿triunfó y eliminó más pobreza?), o mejor dicho: después de la presentación mediática que hacía el capitalismo victorioso de los acontecimientos que marcan estos años, no quedaba mayor espacio para las alternativas. Con fuerza de moda, las políticas neoliberales barrieron el planeta. Según nos aseguraban sus mentores con convicción mesiánica, por fuerza traerían la paz y la felicidad.






Hoy, casi dos décadas después de este grito de guerra, la realidad nos muestra algo bastante distinto a paz y felicidad planetarias: buena parte de la población global pasa hambre, la miseria golpea con fuerza y la prosperidad es una palabra desconocida para la mayoría de los pueblos del mundo. El capitalismo creció, sin dudas, pero a condición de seguir generando más pobreza. La riqueza se reparte cada vez en forma más desigual, con lo que puede decirse que si algo creció, es la injusticia. Y las guerras no sólo no han desaparecido sino que pasaron a ser un elemento vital en la economía global; de hecho, en la dinámica de la principal potencia a escala planetari, los Estados Unidos, es su verdadero motor, ocupando alrededor de un cuarto de todo su potencial y definiendo su estrategia política tanto interna como internacional. Por lo que se ve, la historia no había terminado. La protesta social, aunque silenciada con nuevas y refinadas técnicas de control (¿medios de comunicación?, ¿nuevos fundamentalismos religiosos?), sigue estando.






Después de unos primeros años de impactante conmoción, tanto el campo popular como el análisis objetivo de los hechos fue saliendo del estado de shock, haciéndose evidente que este momento de euforia de los grandes capitales era un triunfo, enorme sin dudas, pero no más que eso: un triunfo puntual (una batalla) en una larga historia que sigue su curso. ¿Por qué iba a terminar la historia?






"Siéntate al lado del río a ver pasar el cadáver de tu enemigo", enseñó hace dos mil quinientos años el sabio chino Sun Tzu en el Arte de la Guerra. Parece que este asiático entendió mejor el sentido de la historia que este moderno oriental americanizado, Fukuyama. La historia no termina.






Después de observar los desastres que ocasionó el retiro del Estado en la dinámica económico-social de tantos países siguiendo las recetas (impuestas, por supuesto) de los organismos financieros internacionales en esta ola neoliberal absoluta, también hay gente pensante que reacciona. Este desastre –con éxodos imparables de inmigrantes desde el Sur hacia el Norte, con brotes desesperados de violencia tendenciosamente llamados "terrorismo", con un desastre medioambiental que pareciera ya irreversible de no cambiarse el curso de las cosas– torna al mundo cada vez más problemático, más invivible. Invivible, al menos, para las grandes mayorías. Y ahí aparece nuevamente Francis Fukuyama.






En realidad, en este otro libro al que nos referimos no se desdice radicalmente de lo dicho años atrás, pero lo matiza. Lo cual, en otros términos, no es sino expresión de una inconsistencia intelectual enorme. Un grito de guerra no es teoría. Y lo que 20 años atrás se nos presentó como formulación seria y sesuda –que la historia había terminado– no pasa del nivel de pasquín barato con visos de amarillismo. No hay en juego ningún concepto riguroso: sólo hay fanfarronería ideológica, pirotecnia verbal. Si algunos años después Fukuyama debe apelar a esta revalorización del papel del Estado, ello es lisa y llanamente porque la historia le demostró la inconsistencia del show propagandístico que nos lanzó años atrás. Además, pone el acento en el Estado y no en las relaciones estructurales que el mismo expresa. El problema no está en el Estado, si debe ser fuerte o débil: el problema siguen siendo las luchas de clases, la estructura real de la sociedad. Cuando el Estado debe salvar a los grandes capitales en bancarrota, como lo vimos recientemente ante la fenomenal crisis de las sub-primes en el 2008, crisis de la que aún las grandes masas no terminan de salir, ahí está inyectado millones y millones de dólares para rescatar a las empresas en dificultades (Glodman Sachs, Citigroup, General Motors, Wells Fargo, Bank of America), pero no así al pequeño ahorrista, al trabajador desamparado, al indigente. Y cuando tienen que reprimir la protesta social, aún en los maliciosamente llamados Estados "fallidos", no fallan, cumpliendo su cometido a la perfección.






La historia sigue su curso. En todo caso, no sabemos bien cuál es ese curso. Pero sigue, inexorable. La historia no es otra cosa que movimiento, cambios, revoluciones, violencia para cambiar lo que se resiste a morir ("la violencia es la partera de la historia"), avances y retrocesos, un meneo perpetuo. Pero de quietud, de fase final: nada.






Como atinadamente dijo Jorge Gómez Barata: "Lo que demonizó a Carlos Marx e hizo de él un adversario formidable, no fue haber predicado la revolución, sino haber demostrado su inevitabilidad, aunque tal vez ocurra de manera diferente a como lo soñó."






Para expresarlo en clave hegeliana: el amo tiembla aterrorizado delante del esclavo porque sabe que inexorablemente tiene sus días contados. Por más que el amo lo reprima, lo llene de "opios" varios –televisión, religiones fundamentalistas, Hollywood, guerra de cuarta generación mediático-psicológica–, por más que lo trate de anular y le muestre los dientes con arsenales de la más mortífera y sofisticada tecnología, sabe que en algún momento el esclavo puede abrir los ojos. ¿Qué otra cosa, si no esa guerra formidable, es la historia de las sociedades de clase?