viernes, 3 de septiembre de 2010

USAC: Carta abierta de las y los compañeros en huelga de hambre.

Guatemala 3 de septiembre de 2010

A todos los que velan por la autonomía


Más que pasión, más que ideales nos movió la pasividad de todas nuestras autoridades a no responder a quienes debía defender primero: a los estudiantes. Cansados de esa inacción nosotros, 5 estudiantes de diversas facultades tomamos como medida de resistencia pacífica la huelga de hambre.

Este es ya el octavo día y comenzamos a notar el deterioro físico: hace 3 días uno de nuestros compañeros tuvo un desmayo y al día siguiente dos de nuestras compañeras también. El día de ayer nos canalizaron por segunda vez debido a la presión baja que manejamos.

Pero más que todo el estrés que tenemos al ver las acciones represivas y violentas que toma el Consejo Superior Universitario contra las y los que luchamos por la restitución de los derechos estudiantiles debilita nuestro espíritu, nos golpea e indigna profundamente, pero les queremos decir ¡Estamos de pie, en lucha!

Debilitada sí, mas no quebrantada. El Consejo no quiere recibir nuestra carta de peticiones como medida para desistir a la huelga de hambre; es una muestra clara de la poca importancia que le dan a nuestras vidas cuando sus intereses están en riesgo.

Sin embargo aquí estamos, en resistencia, aún con fuerzas, esperando sus respuestas o la respuesta de nuestro pueblo al ver nuestra salud desvanecerse con el paso de los días. Pero aclaramos; solamente nuestra salud, nuestras fuerzas y hasta nuestra vida desaparecerá, pero nunca disiparán el ideal de ver nuestra Universidad restaurada, como el máximo emblema de la educación popular en Guatemala porque después de todo. ¡Vale la pena seguir! ¡Vale la pena luchar!

USAC: Vale la pena seguir, vale la pena luchar

Ha quedado evidenciado que lo que en un principio fue denominado por las autoridades del Consejo Superior Universitario (CSU) como un acto vandálico llevado a cabo por un pequeño grupo de antisociales, es en realidad un movimiento estudiantil que día tras día ha cobrado fuerzas gracias al apoyo tanto del estudiantado, como de las organizaciones sociales.

La toma pacífica de la Universidad de San Carlos de Guatemala (USAC) por los Estudiantes por la Autonomía EPA representa un hecho histórico con el que mucha gente se siente identificada y por ende se ha involucrado contribuyendo con víveres y palabras de aliento, con la presencia y el apoyo que nos dan el impulso necesario para continuar, se cumple el refrán “la unión sí hace la fuerza”.

Mientras tanto la falsedad de la serie de aseveraciones realizadas por el actual rector de la USAC, Estuardo Gálvez, a través de los Medios de Comunicación Masiva ha quedado demostrada a lo largo de su decrepito discurso, ya que afirma que las y los protagonistas de la toma de esta tricentenaria casa de estudios no somos estudiantes, pero por otro lado amenaza con quitarnos la matrícula estudiantil, lo cual pone de manifiesto la incoherencia de este individuo.

Señalamientos infundados han intentado desacreditar las acciones llevadas a cabo por EPA, pero el pueblo de Guatemala no se ha tragado las tretas manipuladoras que buscan criminalizar nuestra lucha, las autoridades universitarias han intentado desgastar este movimiento, pero el tiro les ha salido por la culata, ya que hora tras hora y día tras día somos más, los lazos de fraternidad son más sólidos y por ende nuestras voces y nuestros actos son y serán más contundentes.

Resistencia pacífica

Nuestras exigencias van encaminadas a la materialización de una educación a la que todas y todos puedan acceder, para que la niñez y la juventud que ahora sueñan con un futuro mejor hagan realidad a corto plazo sus aspiraciones, esto se evidencia en las palabras de una de las compañeras que lleva ya nueve días en huelga de hambre “Nuestra salud se desvanece, pero nunca disiparán el ideal de ver a nuestra universidad restaurada y como el máximo emblema de la educación popular en Guatemala”.

Es por ello que han emprendido esta resistencia pacífica y señala con toda sinceridad que el estrés que tienen es a causa de las acciones represivas y violentas que el CSU ha llevado a cabo en contra de los que luchamos por la restitución de los derechos estudiantiles.

¡Estamos en resistencia! afirma con una enorme convicción esta amable estudiante, quien escribe en su cuaderno que ¡Vale la pena seguir!, sus palabras y sus actos rebosan amor por este pueblo, sus ojos evidencian inagotable honestidad, nos trae a la memoria la lucha pacífica emprendida por Gandhi y por otros tantos seres humanos que llevan en su ser la luz que ilumina nuestros caminos, seres humanos que convierten sus promesas en actos y por consiguiente predican con el ejemplo.

¡Que se levante aquel que está abatido!

¡Aquel que está perdido, que combata!

Bertolt Brecht


¡La autonomía no se vende, se defiende¡

USAC: Festival Universitario por la Autonomìa, FARO, COMUNICARTE

jueves, 2 de septiembre de 2010

San Salvador: Segunda Semana de Septiembre en Nuestra América

Escribir y hablar desde la indignación

Ética y Política
Escribir y hablar desde la indignación
José M. Tojeira








El asesinato de los 72 migrantes latinoamericanos nos ha dejado a todos desconcertados, golpeados, heridos. ¿Cómo puede ser que esto pase? ¿Cómo es posible que haya personas que puedan suponer que un acto de barbarie como éste pueda quedar en la impunidad? Sin embargo, las redes de corrupción criminal que abundan en nuestros países mesoamericanos no son nuevas. Los salvadoreños hemos experimentado recientemente cómo en Guatemala las más altas autoridades de la policía y del gobierno en el ámbito de la seguridad, entorpecían y encubrían el asesinato de diputados de nuestro país. En El Salvador todavía no hemos adquirido la suficiente conciencia como para oponernos masivamente a que una brigada militar lleve el nombre del comandante del batallón de reacción inmediata que protagonizó varias masacres y ejecutó a miles de salvadoreños.


Hay algo en nuestra cultura, o simplemente en nuestros miedos, que nos impide salir de las condenas altisonantes, de breve duración y efecto en el tiempo, y condenadas al olvido. Exigimos mucho desde la oposición y transigimos después demasiado desde el poder. Podemos estar atacando la partida secreta de la oposición como si fuera una peste, y defenderla después desde el gobierno cuando nos toque. Y eso acaba desprestigiando la crítica, especialmente la política. Estamos tan acostumbrados a sospechar segundas intenciones que tratamos de verlas en todo aquel que haga una crítica. ¿Por qué no la hizo antes? ¿Por qué no corrige previamente sus errores? Y seguir con un largo cuestionamiento de las razones ocultas o las inconsistencias de quien critica.


Sin embargo escribir y hablar desde la indignación sigue siendo necesario. Porque la política desarrolla cuero de lagarto y sólo las palabras duras logran despertar y sacudir el interesado letargo que para algunos temas tienen los personajes públicos. Si no se dice que el modo de constituir fondos de disposición libre de la presidencia de la república es un modo que promueve la corrupción, la tendencia es a no escuchar los reclamos de la sociedad civil. Y aun así, ahí sale el Ministro de Hacienda tratando de defender un sistema de contribución de fondos que tiene muy poco que ver con la transparencia y la honesta rendición de cuentas. Probablemente el Ministro de Hacienda sepa cómo hacer su trabajo. Pero cuando defiende el modo de traspasar fondos de los ministerios hacia la Presidencia, sin control de la Asamblea, demuestra que sabe muy poco sobre democracia. Triste que se exhiba de esa manera.


Pero no basta con criticar duramente a los charlatanes. Es indispensable que las palabras generen acción. No podemos conformarnos con una crítica casera fuerte al Gobierno Norteamericano o Mexicano por su ineficacia y, en cierto modo, por su complicidad con el mal trato a los migrantes. Es indispensable presionar a nuestros dirigentes políticos para que también ellos se comprometan a usar un lenguaje que sea claramente incómodo para rl presidente Obama o para el presidente Calderón de México. De lo contrario no nos quedará más remedio que decir que nuestros dirigentes políticos, cualquiera que sea el cargo que tengan, diputados, ministros o presidentes, prefieren lo fácil a los difícil. Porque siempre es difícil defender a los pobres y siempre es fácil tratar de quedar bien con los poderosos. Los migrantes son pobres, y Obama y Calderón tienen poder. Y lo correctamente político, se suele decir, es llevarse bien con los dirigentes de los estados. Si en sus territorios sólo se matan pobres, aunque sen nuestros conciudadanos, siempre se puede tener una crítica obsequiosa y quedar al final todos contentos brindando con whisky en las reuniones oficiales.


El asesinato masivo de 72 latinoamericanos, sin importar si son nuestros o son de otros países, es un escándalo anunciado. No hay un sector de población más despreciado, hostigado y maltratado que el emigrante mientras va de camino. Y son, como lo demuestra la mayoría, enviando remesas a sus propios países, lo mejor de cada país. Emigrantes que practican realmente el mensaje cristiano de perdón al enemigo. Porque envían dinero al propio país que les expulsó de su territorio a base de negarles trabajo, salarios decentes, o simplemente de no brindarles seguridad ante la delincuencia. Los mejores hijos olvidados por no tener papeles y por ser pobres. Los mejores hijos no defendidos adecuadamente por el miedo a quedar mal con los presidentes de países más fuertes.


Es evidente que los presidentes que mencionamos no son los que tienen la mayor responsabilidad de lo sucedido. Pero también es evidente que son los que tienen que moverse para que las responsabilidades se establezcan. Y sobre todo para que la indiferencia, el mal trato, la brutalidad y el crimen contra los emigrantes se corrija y sea, en todo caso, perseguido con la misma fuerza que se persigue cualquier crimen sistemático y gravísimo. Y los responsables también de que las expresiones de desprecio, las legislaciones absurdas o los comportamientos burocráticos indignos, sean adecuadamente corregidos. Si no se habla realmente con indignación, estaremos olvidando demasiado fácilmente a las mejores personas de nuestros países, simplemente por se parte de los más pobres.
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"Cuando la situación histórica se define en términos de injusticia y opresión, no hay amor cristiano sin lucha por la justicia" (I. Ellacuría, 1977)

16 de noviembre de 2010, XXI aniversario de los mártires de la UCA

Brutalidad y ciudadanía

Editorial YSUCA


Brutalidad y ciudadanía




Si con algo no puede convivir la democracia, la ciudadanía, los valores cívicos y todo lo que se llama estado de derecho, es con la brutalidad. Y en nuestras tierras la estamos respirando, palpando y sufriendo día tras día. En ocasiones dentro de nuestras fronteras. Y ahora en México, con esta terrible masacre de setenta y dos personas, más propia de las brutales guerras civiles que nos tocó padecer, que de una época de supuesta paz.


Y lo grave es que esta historia no aparece ni surge de la nada. Es parte de una terrible historia de dolor en la que la indiferencia juega un papel casi igual de fuerte que la injusticia de disparar a mansalva contra personas desarmadas. Personas cuyo único delito fue buscar aventuradamente una oportunidad para salir de la pobreza. Si los estados, los ciudadanos, las personas de buena voluntad, tuviéramos una solidaridad y una preocupación más masiva y activa con los emigrantes, este tragedia hubiera sido más difícil. Pero la fiera indiferencia ante el dolor del migrante, la impunidad sistemática en la que van quedando secuestros, asesinatos y violaciones de mujeres, se convierten, junto con la indiferencia de tantos, en los primeros capítulos de esta tragedia. De una tragedia que aún no ha llegado a su fin. Por eso es también importante mostrar la cara de la indiferencia, ademas de condenar los hechos.


Indiferencia en Estados Unidos, que permiten el modo nazi de actuar del Sherif de Maricopa, un tal Arpaio, que trata y se refiere a los migrantes como si fueran bestias. Y que se multiplica con las leyes antimigrantes de Arizona y su Gobernadora, cómplice al final de demasiada muerte y dolor. Indiferencia en México, que desde hace años sabe que los emigrantes centroamericanos y de otros países de nuestra América, son ultrajados, robados, asesinados y violadas nuestras mujeres, sin que las autoridades hagan nada sustantivo para evitarlo. Indiferencia en nuestros propios países centroamericanos, cuando vemos a los migrantes como personas que sólo merecen respeto al tener éxito en Estados Unidos o en cualquier otra parte del mundo, y olvidamos el dolor, sacrificio, valores, dignidad y bondad de los que fracasan en el camino. Nuestro egoísmo frente a los migrantes, incluido el mal trato que dan nuestras autoridades a los migrantes que pasan por El Salvador, sin que apenas se levanten voces de protesta, es demasiado grande. Hace algunos años tuvimos más de diez meses presos en las bartolinas a un grupo de chinos no adecuadamente documentados, sin que casi nadie se preocupara de ellos, a pesar de ser inconstitucional tenerlos así por algo que no era delito. Y no es el único caso, sino que conocemos otros más graves, como el de la mujer camerunesa que estuvo tres meses encerrada en una celda donde ella era la única mujer entre un promedio de veinticinco hombres.


Es evidente que quien asesina merece, por hablar en términos bíblicos, la cólera de Dios. El crimen de nuestros 72 hermanos migrantes no tiene nombre. Pero a muchos de nosotros y de nuestros gobiernos debería ardernos el alma ante nuestra propia indiferencia, y simultáneamente caérsenos la cara de vergüenza porque no hemos acertado a denunciar, con la suficiente valentía y constancia, la brutalidad a la que son sometidos nuestros migrantes. Pasar a la acción es urgente. Salir de la indiferencia significa protestar, significa acompañar más de cerca a nuestros migrantes, significa exigir soluciones racionales al movimiento de personas.


Migraciones las ha habido siempre en la historia. Muchos de nuestros países son países de migrantes. Migrantes además que fueron muy crueles. No como los pobres e inocentes migrantes de hoy,. Migrantes europeos que mataron indios, que robaron tierras a sus dueños originales, que destruyeron culturas, que impusieron sus gobiernos. Muchos de nuestros gobernantes tienen apellidos de migrantes relativamente recientes. No del tiempo de la conquista, sino de los dos últimos siglos. No tenemos hoy excusa para ser indiferentes ante nuestros migrantes. Que el pueblo haga oír su voz, solía decir el P. Ellacuría. Este es uno de los momentos en que nuestro pueblo debe hacer oír su voz, salvadoreña y centroamericanamente. Y nuestros gobiernos, más allá de las fórmulas equilibradas y elegantes, deben tomar posiciones que resulten claramente incómodas a los países donde se violan con tanta brutalidad los Derechos Humanos de los migrantes. Lo demás no es más que hipocresía y traición a la democracia. Los asesinos tienen la culpa, pero también el Estado Mexicano tiene su parte de culpa. Y también nuestra indiferencia, ciudadana y gubernamental, tiene su participación en la responsabilidad de estos crímenes incesantes, hoy coronados por la brutalidad de criminales en su máxima expresión.
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"Cuando la situación histórica se define en términos de injusticia y opresión, no hay amor cristiano sin lucha por la justicia" (I. Ellacuría, 1977)

16 de noviembre de 2010, XXI aniversario de los mártires de la UCA

Brutalidad y ciudadanía

Editorial YSUCA


Brutalidad y ciudadanía




Si con algo no puede convivir la democracia, la ciudadanía, los valores cívicos y todo lo que se llama estado de derecho, es con la brutalidad. Y en nuestras tierras la estamos respirando, palpando y sufriendo día tras día. En ocasiones dentro de nuestras fronteras. Y ahora en México, con esta terrible masacre de setenta y dos personas, más propia de las brutales guerras civiles que nos tocó padecer, que de una época de supuesta paz.


Y lo grave es que esta historia no aparece ni surge de la nada. Es parte de una terrible historia de dolor en la que la indiferencia juega un papel casi igual de fuerte que la injusticia de disparar a mansalva contra personas desarmadas. Personas cuyo único delito fue buscar aventuradamente una oportunidad para salir de la pobreza. Si los estados, los ciudadanos, las personas de buena voluntad, tuviéramos una solidaridad y una preocupación más masiva y activa con los emigrantes, este tragedia hubiera sido más difícil. Pero la fiera indiferencia ante el dolor del migrante, la impunidad sistemática en la que van quedando secuestros, asesinatos y violaciones de mujeres, se convierten, junto con la indiferencia de tantos, en los primeros capítulos de esta tragedia. De una tragedia que aún no ha llegado a su fin. Por eso es también importante mostrar la cara de la indiferencia, ademas de condenar los hechos.


Indiferencia en Estados Unidos, que permiten el modo nazi de actuar del Sherif de Maricopa, un tal Arpaio, que trata y se refiere a los migrantes como si fueran bestias. Y que se multiplica con las leyes antimigrantes de Arizona y su Gobernadora, cómplice al final de demasiada muerte y dolor. Indiferencia en México, que desde hace años sabe que los emigrantes centroamericanos y de otros países de nuestra América, son ultrajados, robados, asesinados y violadas nuestras mujeres, sin que las autoridades hagan nada sustantivo para evitarlo. Indiferencia en nuestros propios países centroamericanos, cuando vemos a los migrantes como personas que sólo merecen respeto al tener éxito en Estados Unidos o en cualquier otra parte del mundo, y olvidamos el dolor, sacrificio, valores, dignidad y bondad de los que fracasan en el camino. Nuestro egoísmo frente a los migrantes, incluido el mal trato que dan nuestras autoridades a los migrantes que pasan por El Salvador, sin que apenas se levanten voces de protesta, es demasiado grande. Hace algunos años tuvimos más de diez meses presos en las bartolinas a un grupo de chinos no adecuadamente documentados, sin que casi nadie se preocupara de ellos, a pesar de ser inconstitucional tenerlos así por algo que no era delito. Y no es el único caso, sino que conocemos otros más graves, como el de la mujer camerunesa que estuvo tres meses encerrada en una celda donde ella era la única mujer entre un promedio de veinticinco hombres.


Es evidente que quien asesina merece, por hablar en términos bíblicos, la cólera de Dios. El crimen de nuestros 72 hermanos migrantes no tiene nombre. Pero a muchos de nosotros y de nuestros gobiernos debería ardernos el alma ante nuestra propia indiferencia, y simultáneamente caérsenos la cara de vergüenza porque no hemos acertado a denunciar, con la suficiente valentía y constancia, la brutalidad a la que son sometidos nuestros migrantes. Pasar a la acción es urgente. Salir de la indiferencia significa protestar, significa acompañar más de cerca a nuestros migrantes, significa exigir soluciones racionales al movimiento de personas.


Migraciones las ha habido siempre en la historia. Muchos de nuestros países son países de migrantes. Migrantes además que fueron muy crueles. No como los pobres e inocentes migrantes de hoy,. Migrantes europeos que mataron indios, que robaron tierras a sus dueños originales, que destruyeron culturas, que impusieron sus gobiernos. Muchos de nuestros gobernantes tienen apellidos de migrantes relativamente recientes. No del tiempo de la conquista, sino de los dos últimos siglos. No tenemos hoy excusa para ser indiferentes ante nuestros migrantes. Que el pueblo haga oír su voz, solía decir el P. Ellacuría. Este es uno de los momentos en que nuestro pueblo debe hacer oír su voz, salvadoreña y centroamericanamente. Y nuestros gobiernos, más allá de las fórmulas equilibradas y elegantes, deben tomar posiciones que resulten claramente incómodas a los países donde se violan con tanta brutalidad los Derechos Humanos de los migrantes. Lo demás no es más que hipocresía y traición a la democracia. Los asesinos tienen la culpa, pero también el Estado Mexicano tiene su parte de culpa. Y también nuestra indiferencia, ciudadana y gubernamental, tiene su participación en la responsabilidad de estos crímenes incesantes, hoy coronados por la brutalidad de criminales en su máxima expresión.
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"Cuando la situación histórica se define en términos de injusticia y opresión, no hay amor cristiano sin lucha por la justicia" (I. Ellacuría, 1977)

16 de noviembre de 2010, XXI aniversario de los mártires de la UCA